"La tierra para quienes la cuidan y la habitan": Mensaje global por la tierra de los obispos de África, Asia y América Latina
"No puede haber paz con la naturaleza sin resolver el pecado estructural del despojo territorial y la negación de derechos": los obispos lanzan un mensaje en torno a la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural
(Micaela Alejandra Díaz/ADN Celam).- “No puede haber paz con la naturaleza sin resolver el pecado estructural del despojo territorial y la negación de derechos”, con estas palabras, las Conferencias y Consejos Episcopales Católicos de África, Asia, América Latina y El Caribe lanzan un mensaje en torno a la Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20), bajo el lema: “Tierra para la vida, tierra para la paz. Un clamor del Sur Global por una reforma agraria integral”.
La Iglesia Católica advierte que esta Segunda Conferencia, celebrada veinte años después de la primera, realizada en 2006, no puede reducirse a un evento protocolar: “Para la Iglesia Católica, esta conferencia (CIRADR+20) no es un evento aislado. En Cali (COP16), las iglesias del Sur Global alzamos nuestra voz por la biodiversidad amenazada; en Belém (COP30), exigimos justicia climática frente a la deuda ecológica. Hoy afirmamos que ambas luchas son infructuosas si no abordamos su raíz común: el acceso justo a la tierra y los derechos de la población rural”.
“Estamos aquí para completar el círculo porque no puede haber paz con la naturaleza sin resolver el pecado estructural del despojo territorial y la negación de derechos”, señala el mensaje, dejando en claro que la crisis ecológica y la crisis agraria comparten una misma raíz. A su vez, asegura que esta propuesta nace del caminar conjunto con los pueblos: “No hemos construido esta hoja de ruta en soledad”. En ese sentido, se reconoce “la legítima resistencia activa contra el despojo” y sostienen que la gobernanza de la tierra “no puede diseñarse a puertas cerradas”, sino desde una “escucha sinodal”.
"La tierra para quienes la cuidan y la habitan"
El mensaje actualiza el histórico reclamo agrario. Si antes se exigía “la tierra para quien la trabaja”, hoy, ante la crisis planetaria, se reclama “la tierra para quienes la cuidan y la habitan”. Señala que la productividad ya no puede medirse solo por extracción, sino por su capacidad de “enfriar el planeta y regenerar la vida”.
Hemos cambiado familias por mercancías, algo que ha producido cinturones de miseria en las ciudades y desiertos verdes en el campo
Al hacer un balance histórico, se recuerda las conferencias de 1979 y 2006, pero se reconoce que “hoy el balance es desolador”. El mensaje denuncia “hemos cambiado familias por mercancías, algo que ha producido cinturones de miseria en las ciudades y desiertos verdes en el campo”.
También alertan sobre “una nueva forma de colonialismo ‘verde’”: “Denunciamos la hipocresía de un sistema que expulsa comunidades para crear áreas protegidas o plantaciones de compensación de carbono”. A esto se suma la preocupación por la brecha entre compromisos internacionales y realidad territorial: “Muchos gobiernos presentan informes impecables para satisfacer el protocolo internacional, mientras desmantelan la economía campesina y socavan repetidamente los derechos sobre la tierra”.
Denunciamos la hipocresía de un sistema que expulsa comunidades para crear áreas protegidas o plantaciones de compensación de carbono
Contra la financiarización y la digitalización del despojo
“Denunciamos la financiarización de la creación”, dicen los obispos ante un modelo dominante. La tierra, dicen, ha sido reducida a una “clase de activo”, y el land banking constituye “un pecado estructural y una violación flagrante del destino universal de los bienes”. En consecuencia, el mensaje recuerda que “la Tierra es para que florezcan la vida y la dignidad humana, no para casino financiero global”.
Asimismo, las Conferencias y Consejos Episcopales alertan contra “la digitalización del despojo”, cuando los catastros digitales desconocen formas tradicionales de tenencia. En esa línea, remarcan que la reforma agraria “no es simplemente una nueva distribución de la tierra”, sino que debe incluir titulación justa, crédito, infraestructura y sostenibilidad ambiental.
Desde una perspectiva bíblica, recuerdan que el mandato del Génesis es “labrar y cuidar”. Por eso, sostienen que las leyes del Jubileo son “mecanismos obligatorios de corrección económica” y que la reforma agraria es “el nombre moderno de ese Jubileo necesario: un acto de restitución para sanar el tejido social y ecológico roto”.
La tierra ha sido reducida a una 'clase de activo', y el land banking constituye 'un pecado estructural y una violación flagrante del destino universal de los bienes'
Cinco cambios estructurales urgentes
A la luz de la fe cristiana, afirman que “el clamor de la creación y el clamor de los que sufren convergen en la esperanza de un mundo nuevo animado por el Espíritu que transforma las relaciones de la humanidad con la creación y de los seres humanos entre sí”.
En la parte propositiva, los obispos exigen políticas públicas vinculantes. Primero, que las políticas agrarias “deben ser diseñadas por el campesinado” y pueblos indígenas, garantizando poder real. Segundo, que las empresas respondan por el “bienestar integral del territorio”.
Tercero, reclaman métricas concretas: “Se requiere una auditoría de la tierra, no de las intenciones, para dar prioridad a los más necesitados en los procesos de redistribución”. Cuarto, insta a los gobiernos a asumir la reforma agraria como herramienta climática eficaz. Y quinto, demanda que “los fondos para el clima y la biodiversidad deben llegar a quienes cuidan la tierra sin intermediarios”.
Esperanza que se siembra hoy
Lejos del desaliento, el mensaje concluye con una proclamación de esperanza: “No cerramos este mensaje con el pesimismo de quienes ven pasar la historia, sino con la esperanza obstinada de quienes habitan, labran y cuidan el suelo”.
En un llamado a la juventud rural, se advierte que es necesario “romper el candado que hoy aleja a nuestra juventud de la tierra” y proclaman: “No hay futuro sin ellos”.
El mensaje anima a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes recordando: “Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia” y que “la Iglesia camina con ustedes, no adelante ni atrás, sino a su lado: embarrando nuestros pies en el mismo surco. Salgamos de Cartagena con la certeza de que cada hectárea redistribuida es una victoria sobre la muerte, y cada semilla protegida es un voto por el futuro. La cosecha de la justicia no da espera, el tiempo de sembrarla es ahora”.
