Vesco: "Hoy, en la mente de los argelinos, la Iglesia ya no es Europa, ni Francia, ni un residuo de la colonización"

"El Papa no tiene nada que vender ni que defender y creo que es precisamente esta gratuidad la que puede abrir los corazones. Viene como «hijo de san Agustín», como él mismo dice, para encontrarse con el pueblo argelino en su conjunto, un pueblo musulmán al que misteriosamente la Iglesia se siente enviada"

Cardenal Jean-Paul Vesco
Cardenal Jean-Paul Vesco
Giani Valente
25 mar 2026 - 16:29

(Agencia Fides).– El Obispo de Roma que se dispone a visitar Argelia «no tiene nada que vender ni que defender». Llega en el signo de la gratuidad, como «hijo de san Agustín», para encontrarse con «un pueblo musulmán al que misteriosamente la Iglesia se siente enviada». Por eso, «en cierto sentido, su visita es una “visitación”».

Para sugerir qué cabe esperar de la próxima visita de León XIV a tierras argelinas, el cardenal dominico Jean-Paul Vesco, arzobispo de Argel, recurre a la imagen de María, la Madre de Jesús, que tras el anuncio del ángel se dirige «con prontitud» a visitar a su prima Isabel, para asistirla en los últimos meses de embarazo. Ninguna «estrategia», ningún cálculo. Solo la espera de lo que de sorprendente pueda brotar de un encuentro gratuito. En un tiempo pascual en el que precisamente los mártires de Argelia ofrecen el testimonio luminoso de una «paz desarmada y desarmante», en un mundo desgarrado por las guerras. En un país donde, también gracias a esos mártires, la Iglesia católica ya no es percibida como «un residuo de la colonización».

Pregunta. La Iglesia católica en Argelia está a punto de entrar en la Semana Santa. ¿Qué significa celebrar la Pascua en el norte de África mientras Oriente Medio y el mundo entero están desgarrados por guerras y múltiples crisis?

Respuesta. Celebrar la Pascua significa celebrar un misterio de muerte y resurrección. Sabemos que la cruz existe, cada uno vive sus propias cruces, nadie se libra de ellas, más aún -como usted subraya- en este contexto de guerras múltiples. Pero nosotros somos testigos de que en la cruz madura la fuerza de resurrección, y esta victoria de la vida sobre la muerte es un tiempo que podemos vivir y compartir con los demás.

Frente a la violencia creciente, la tentación es armarse; el aspecto profético de los beatos, en este contexto, es mostrar que es más necesario que nunca un corazón desarmado. La fuerza de una paz desarmante. Los mártires y las personas con discapacidad nos muestran esta fuerza de la paz desarmada

P. En este delirio de guerras, sangre y lágrimas que sacude Oriente Medio, ¿qué luz proyectan sobre el presente los mártires de Argelia?

R. La luz de los mártires de Argelia es esa «paz desarmada y desarmante» de la que habla el papa León XIV. En la difícil situación que atravesó el país en aquellos años, todos los que fueron asesinados eran personas desarmadas: religiosas que iban a misa, personas que se encontraban en una biblioteca infantil en la Casbah… Pienso en un hermoso texto de Pierre Claverie que escribe: «Bravo, Messieurs, habéis matado a personas desarmadas». Pienso también en aquel texto del padre Christian de Chergé, prior del monasterio de Tibhirine, en el que evoca su encuentro con los hombres armados que lo habían amenazado: «Después me dije: esta gente, este hombre con el que he tenido un diálogo tan tenso, ¿qué oración puedo hacer por él? No puedo pedirle al buen Dios: “Mátalo”. Pero sí puedo pedir: “Desármalo”. Luego me pregunte: ¿tengo derecho a pedir “desármalo” si no empiezo por pedir “desármanos a mí y a nosotros como comunidad”?». El eco de estas palabras resuena en las del Papa, que ha deplorado a quienes bendicen las guerras. El cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, por su parte, ha lamentado que la «ley de la fuerza» haya sustituido a la «fuerza de la ley». Frente a la violencia creciente, la tentación es armarse; el aspecto profético de los beatos, en este contexto, es mostrar que es más necesario que nunca un corazón desarmado. La fuerza de una paz desarmante. Los mártires y las personas con discapacidad nos muestran esta fuerza de la paz desarmada.

Vesco, de blanco, detrás de Radcliffe, también como el hábito dominico
Vesco, de blanco, detrás de Radcliffe, también como el hábito dominico | RD/Captura

P. En el contexto de un Oriente Medio en llamas, ¿cree que todos los cristianos de Oriente Medio y del norte de África corren el riesgo de pagar el precio de la guerra en Irán?

R. Respondo desde la realidad en la que vivo, la de Argelia. Hoy, en la mente de las autoridades y de los argelinos, la Iglesia ya no es Europa, ni Francia, ni un residuo de la colonización. La Iglesia y los cristianos ya no se asocian al bloque occidental como antes y, en ese sentido, no creo que los cristianos en Argelia deban sufrir las consecuencias de una guerra entre Irán e Israel. De hecho, sociológicamente, los fieles incluyen una parte significativa de estudiantes subsaharianos y, en algunos lugares, de migrantes; también hay argelinos. Hay unos sesenta sacerdotes y más de un centenar de religiosos y religiosas, y quienes se incorporan hoy a la Iglesia son sobre todo subsaharianos o procedentes del Sur global. Hay muy pocos europeos. En treinta años, la Iglesia en Argelia se ha vuelto más africana -en el sentido de que Argelia es un país del continente africano-, pero también más católica, en el sentido de una realidad marcada por la multiplicidad de nacionalidades. En cuanto a las guerras en Oriente Medio, no hay diferencia de sensibilidad entre los argelinos cristianos y los no cristianos. Si ampliamos la perspectiva a Oriente Medio, evidentemente, los cristianos son víctimas junto a los demás.

La Iglesia y los cristianos ya no se asocian al bloque occidental como antes y, en ese sentido, no creo que los cristianos en Argelia deban sufrir las consecuencias de una guerra entre Irán e Israel

P. Hoy los intereses petroleros se mezclan con la sangre. ¿Qué papel juega el impulso mesiánico milenarista que se percibe en ciertas justificaciones de la guerra?

R. La explicación de la guerra en Irán o de la desestabilización de Oriente Medio por razones puramente petroleras me parece efectivamente insuficiente. Si hay mesianismo, es sobre todo en el sentido de que un hombre se cree el Mesías o el «rey del mundo» y lo trastoca todo. Pero es una opinión, y no he profundizado lo suficiente en el tema como para ir más allá en el análisis. Lo que constato sobre todo es la explosión de los individualismos, de los nacionalismos y la ley del «primero yo».

Francisco ha sido amado por las poblaciones árabes precisamente porque ha aparecido como un Papa del «Sur global» que comprendía las urgencias de las distintas regiones del Sur del planeta. Ha sido inmediatamente querido en el mundo musulmán porque hablaba a su corazón, más allá de las disputas doctrinales y formales. Los musulmanes se han sentido amados por él

P. Los obispos de Roma nunca han bendecido las guerras en Oriente Medio. ¿Cuáles han sido los momentos clave de este magisterio en la historia reciente y cómo es percibido por las poblaciones musulmanas?

R. Lo que puedo decir es que el papa Francisco ha sido amado por las poblaciones árabes precisamente porque ha aparecido como un Papa del «Sur global» que comprendía las urgencias de las distintas regiones del Sur del planeta. Ha sido inmediatamente querido en el mundo musulmán porque hablaba a su corazón, más allá de las disputas doctrinales y formales. Los musulmanes se han sentido amados por él. Quizá es precisamente en estas regiones donde su pontificado y su visión han sido mejor comprendidos. Hoy el Papa ya no es identificado como el jefe de una cristiandad occidental, aunque los Papas sigan siendo occidentales, con la excepción de Francisco. El papa León XIV presenta un perfil interesante: ha pasado casi un tercio de su vida en Estados Unidos, otro en Perú y otro en Roma. Tiene una visión global que parte de la base y de la santidad del vecino de la puerta de al lado.

P. Precisamente, ¿qué espera y qué desea de la visita de León XIV a Argelia?

R. Un encuentro con el pueblo argelino. Un encuentro verdadero, es decir, un momento gratuito y auténtico del que cada uno pueda salir un poco transformado. El Papa no tiene nada que vender ni que defender y creo que es precisamente esta gratuidad la que puede abrir los corazones. Viene como «hijo de san Agustín», como él mismo dice, para encontrarse con el pueblo argelino en su conjunto, un pueblo musulmán al que misteriosamente la Iglesia se siente enviada… Viene a encontrarse con un pueblo y con una Iglesia, gratuitamente. Me gusta decir que, en cierto sentido, su visita es una «visitación».

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