Asomaros al índice general de mi antología en 'Nido de Poesía' para leer a Mauleón
Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Aunque compuesto muchos años antes, en fechas próximas a la edición de "Hombre y Dios" (1955), se incorpora "Gozos de la vista" en 1981 a una publicación escoba que incluye muchos títulos dispersos. Se compone "Gozos de la vista" de diez secciones que tienen por objeto cantar la excelencia de la vista, y lamentar sus limitaciones. Pero Dámaso, creador de símbolos, nos lleva más allá, hacia la caja negra del misterio y de la luz, del dolor y la alegría, de Dios y la Materia. La retina del hombre es un espejo que capta y refleja la realidad, y le permite tomar posesión de las cosas y recrearlas...
Hoy nos detendremos exclusivamente en la sección cuarta que titula "Dos oraciones", y expresa el deseo del escritor de conservar su vista y el mundo de color que la realidad le regala.
En el retrato que estás viendo aparece un Dámaso con gruesos cristales, una característica muy especial que coetáneos destacaban al describirle: "Calvo prematuro, grave gesto de mirada miope tras lentes de cristal grueso, nervioso el ademán, etc." No olvidemos la gravísima úlcera en el ojo derecho cuando era joven... La oscura montura tampoco le ayudaba mucho a disimular su "tierna miopía".
"DÉJAME: UN NIÑO ÁVIDO SOY. EN JUEGO ME EMBRIAGO..."
Después de pedir la conservación de su vista, la de los seres queridos y la de aquellos que leen sus poemas, suplica Dámaso al Señor nunca perder la visión, nunca quedarse ciego: "¡Entero, hacia tus gozos!"
Una idea muy damasiana: ahora, Señor, estás viendo el mundo a través de mis ojos... Del gozo del color me estiraré a tu cielo. Allí veré, con luz de hielo, paisajes "unánimes", y aprenderé "la gran monotonía / de la divinidad". Ante un panorama así no es de extrañar que pida seguir siendo niño aquí en la tierra, ávido niño que se bebe en color la vida.
Sólo dos observaciones respecto del estilo: el feliz encabalgamiento cuando habla de estirón: "hasta / nuestro estirón, el gran estirón hacia ti." Y detrás del heptasílabo final: "Bebo en color la vida", se queda el verso en dique seco...
ORACIÓN POR LA VISTA HUMANA
Oh Dios, guarda mis ojos, guarda estos zumos
sápidos
que me penetran misteriosos y «color» nombro.
Protege esta vidriera por la que llevo un mundo
inocente, encendido dentro de mí.
Muy cerca,
fanales semejantes me contemplan: protégelos.
Qué hermosos son: Dios mío, haz que siempre me
miren
aquellos ojos negros en que te vi más límpido
reflejar tu belleza, y los amé por eso
(finito e infinito, en un reflejo único).
Y protégeme aquellos circundados de arrugas
(tersos cuando yo niño), y diles que no lloren.
Bendice los que ahora, a través de mi verso,
reciben en chispitas tus lejanos efluvios.
Si me quieres llevar, llévame entero. Pronto
para partir estoy; pero nunca me dejes
huérfano de color, acá torpe en las salas
de las tres dimensiones lóbregas, tanteando,
triste lombriz de tierra, borrosa larva en duelo,
con el zumo, la pulpa del color, aún vibrante,
ardiendo en mi memoria. ¡Entero, hacia tus gozos!
Del gozo del color —mi cielo— iré a tu cielo
que me eriza (soy hombre), para ver con tus ojos
tus paisajes unánimes. Como hoy tú ves los míos
a través de mis ojos. Y aprenderé de súbito
—cuando esta luz variada se me cuaje en un hielo—
la delicia suprema, la gran monotonía
de la divinidad, toda luz blanca. ¡Llévame!
Mas, entre tanto, deja que beba esta hermosura,
tu inmediato reflejo, traducción de tu esencia
a nuestro idioma bajo: lo que la carne puede
columbrar, desde lejos, de tu presencia enorme,
simplísima, extrañísima para el mortal. Oh, deja,
déjame que me embriague en estas lumbraradas,
verbena de este mundo, la fiesta que a los niños
mortales —cual juguete— al lado pones, hasta
nuestro estirón, el gran estirón hacia ti.
(Oh niños en la vida, sólo adultos en muerte.)
Déjame: un niño ávido soy. En juego me embriago.
Bebo colores, forma. A borbotones, vida.
Bebo en color la vida.
"SÍ, BESARLOS, MORDERLOS, OH MUCHACHAS, OH VIDA"
“Oración por los colores” complementa la plegaria anterior por la vista humana en general. Va recorriendo inicialmente algunos colores más extendidos en la naturaleza: el verde, por ejemplo, que relaciona con el agua y, hace ya medio siglo, hijo de la ira, denuncia su escasez, pues nuestro planeta ya entonces se encontraba “calcinado y triste”.
Ve azul el mar y el cielo. Y a Dios, inocente, soñando todavía, a pesar de todo, un mundo hermoso. “Prolónganos el lento azul de tu soñar...” Y, en travelin de alejamiento, imagina iniciales galaxias amarillas rodando en espiral “hacia música y verso”. También incluye Dámaso colores como el ocre y, ser humano no ángel, reclama el matiz de la tristeza (“¡Flúyeme, dulce, dulce tristeza!”).
No falta un muestrario final, enloquecida gama de colores, de tonos, de matices... “Variegado” titula esta sección, que significa “de diversos colores”. El culto filólogo, miembro de la RAE y su director por unanimidad de 1968 a 1982, no puede reprimir su creatividad lingüística y se le escapan calificaciones como “sápidos” (con sabor), “híspidos” (esponjados), “hirsutos” (referido a cabello grueso y rígido), etc.
ORACIÓN POR LOS COLORES
Consérvame los verdes
con que el agua se expresa en tanto amor (follaje)
sobre la tierra (pradizales, choperillas,
en giro, desde el tren). Consérvale sus verdes,
su antiguo halago a este planeta en que yo vivo,
tan calcinado y triste.
Labios. La sangre, el alma,
se transparentan, rojas. Sí, besarlos, morderlos,
oh muchachas, oh vida. (Los hematíes suben
por intrincados cauces, desde el tuétano lóbrego.)
Ay, Dios de Dios, yo amo lo rojo de la sangre.
Azules que te velen, en el mar, en el cielo,
tu inocencia, extendida entre el aire y las aguas,
la siesta de ese sueño con que soñaste el mundo.
Prolónganos el lento azul de tu soñar.
Y también tu tristeza: tus enlutados ocres,
los arduos amarillos primigenios, aquella
vibración inicial, cual madeja, nostálgica
ya, hacia música y verso, nebulosa amarilla,
esencial, emanante melancolía absorta,
mientras la Creación en espiral rodaba.
Sí, también la tristeza, tristísimos colores:
en mi raíz más honda me fluye la tristeza,
venero mío, de hombre. ¡Flúyeme, dulce, dulce
tristeza!
¡Señor, quiero variación! Matices
de raso o jaspe, alegres variegados, calientes
claroscuros. Los choques, en destellos y chispas,
de diamantes y sol; o sol y muslos y agua
chapoteada: ninfas en fuga. O sombra mórbida
de anchas hojas espesas, carnales, donde brillan
fosforescencias turbias. O manchas y jirones
de los colores híspidos, como gritos hirsutos:
duras centellas verdes, los yesos heridores,
las vibraciones próximas al ultravioleta
letal: color, color, color.
NO ME RESISTO a acercaros una párrafos escritos por Andrew Debicki en su magnífico comentario a “Gozos de la vista”. Refiriéndose a esta oración de los colores escribe: “Al pedir una vista multicolor está solicitando una, dotada de todos los caracteres y matices de este mundo, más concreta que la blanca luz abstracta del cielo. Está pidiendo, sin embargo, que se le conceda una penetración superior por medio de la que pueda no sólo percibir, sino también interpretar el mundo en torno a él...”
DÁMASO ALONSO
El poeta y su poesía
1. “A un río le llamaban Carlos"
A UN RÍO LE LLAMABAN CARLOS
2. Su más famoso poema: “Mujer con alcuza”
MUJER CON ALCUZA
3. Sus mejores sonetos religiosos
EMBRIAGUEZ
Y YO EN LA CREACIÓN
CREACIÓN DELEGADA
ORACIÓN POR LA BELLEZA DE UNA MUCHACHA
4. Gozos de la vista: “oración por los colores”
ORACIÓN POR LA VISTA HUMANA
ORACIÓN POR LOS COLORES
También te puede interesar
Asomaros al índice general de mi antología en 'Nido de Poesía' para leer a Mauleón
Jesús Mauleón: "Dejamos la poesía para el cielo"
Lo último