Miguel Hernández y la sexualidad (1). ¿Por qué en Religión Digital?

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
29 jun 2010 - 20:19

A medida que iba escribiendo páginas sobre el tema "Poeta en la cárcel", me fueron animando varios amigos a seguir investigando y dando a conocer otras peripecias biográficas de Miguel Hernández, y su humanísima, y apenas conocida, expresión literaria (se conservan más de 600 poemas que irá escribiendo a lo largo de su corta vida -murió a los 32 años-).

El niño que véis en esta fotografía es Miguel, con unos doce años. Está a punto de pasar al Colegio de jesuitas de Santo Domingo, en Orihuela. Es un jovencito muy inteligente y trabajador. Le gusta jugar en el patio a misas y procesiones con su hermanita Encarnación. Y ayuda como monaguillo en el templo... Cuando su padre le retira despiadadamente de los estudios de bachillerato y le envía, de quince años, al monte con las cabras, se hace muchas preguntas sobre Dios, sobre la vida... Las va escribiendo sobre papel de estraza y en una libreta escolar, donde refleja, imitando a poetas que va conociendo, su personal visión de espabilado jovencito...

Una de las preguntas, y no la menos importante, se la hace sobre la sexualidad. Observa el pastor poeta cómo se aparean los animales, y les facilita un buen parto. No rehuye cuestionarse sus propias necesidades de varón adolescente en celo. Es verdad que el olor caprino no se le va ni con el más abrasante jabón. Las chicas del pueblo le huyen. Y los curas le dicen que es pecado hasta el deseo de apareamiento.

Esta ha sido una preocupación de Miguel que desde el principio más me ha fascinado y he estudiado con cierto detenimiento. En 1995, bajo el título "El Dios de Miguel Hernández", publiqué en Verbo Divino un apasionado viaje por la vida y obra del poeta oriolano (hoy descatalogado). El presidente de la Asociación de Amigos de Miguel Hernández, Francisco Esteve, prologó amablemente mi ensayo con unas cariñosas letras. Así valoraba, por ejemplo, mi estudio de la sexualidad de Hernández:

"Respecto al planteamiento hernandiano de la sexualidad, el autor establece que Hernández, víctima de una rigurosa disciplina moralista impuesta en sus años de estudios en el colegio jesuita de Orihuela, se plantea una guerra civil personal entre su alma y su cuerpo, entre la satisfacción de sus apetitos sexuales y el miedo al castigo divino que le conduce a una atormentada juventud y que se traduce en sus primeras manifestaciones poéticas, especialmente en Perito en lunas y en sus Silbos.

Es una etapa en la que Hernández se siente plenamente identificado con la naturaleza y el entorno en el que se desenvuelve su vida. Su contacto permanente con la exuberante huerta oriolana y la sensualidad levantina le motivan bellas creaciones poéticas en las que canaliza su lucha interior en busca de un hombre nuevo. Es la etapa del canto a la naturaleza con una gran intencionalidad erótico-sexual a través de la metáfora y la metonimia..."

Veamos, de momento, un único ejemplo. Para la teología moral de Miguel, la primavera y el verano son ocasión de pecado. El invierno es bueno, invita al ascetismo, a la renuncia, al despojamiento. Así finaliza el poema Invierno puro:

¡Qué puro que no soy, ¡ay Dios!, qué puro

que ni fui ni seré, ¡ay!, ser quisiera,

y qué poco lo quiero y lo procuro!

Vendrá otra vez -¡que voy!- la Primavera

a darnos un pecado en una rosa,

y al cabo de su sol seré yo cera.

MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA SEXUALIDAD

01. ¿Por qué en Religión Digital?

02. Poesía de adolescencia

03. Romancillo de mayo

04. No ver, no oír, no oler, no gustar...

05. La masturbación

06. El Auto Sacramental

07. Sonetos iniciales

08. El rayo que no cesa

09. ¿Anarquismo erótico?

10. Que tenemos que hablar de muchas cosas...

11. Canción del esposo soldado

12. Oigo un latido de cartas

13. Síntesis final y enlaces.

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