Miguel Hernández y la sexualidad (y ¡13!). Síntesis final y enlaces




Hemos paseado de puntillas, a lo largo de doce páginas,por la vida y escritos de Miguel Hernández. Intensamente sensorial, como buen mediterráneo, su naturaleza le pedía, en el amor de pareja, intimidad y erotismo... Un cristianismo rígidamente ascético, que miraba con sospecha el placer y la comunicación amorosa, venía levantando invisibles muros de
culpabilidad
entre los amantes oriolanos y su necesidad de abrazos, caricias, besos, intimidad... En imagen, fotografía del poeta con dedicatoria para su adorada Josefina.

Cano Ballesta, refiriéndose a la vivencia amorosa de Hernández, nos explica: “El pensamiento ascético de oprimir la carne y sus impulsos se halla hondamente enraizado en la religiosidad cristiana medieval y en la española del barroco. El mundo de sus lecturas y su religiosidad sincera de entonces le imponen ese motivo, contra el cual se irá rebelando después, según el testimonio de su epistolario, hasta adoptar una actitud vitalista diametralmente opuesta a la valoración negativa del amor durante este período inicial.



No quisiera dejar de recordar, en esta síntesis final, el valor que daba Hernández a la descendencia y que desarrollamos en el post "Hijo de la luz y de la sombra"(pulsar aquí). De nuevo es Juan Cano quien bellamente nos ilustra:

“En marcado contraste con el tema amoroso en un Antonio Machado, donde la amada no existe sino en el ilusorio mundo del ensueño, para Miguel Hernández la esposa es una verdadera criatura carnal, y el poeta canta sin eufemismos la unión de los cuerpos en el espasmo del amor. Miguel, que en su vida de pastoreo ha visto realizarse ante sus puros ojos infantiles los más hondos misterios de la vida, entiende el amor en este sentido primario y esencial, sin platonismos ni romanticismos, como dice Juan Guerrero Zamora, simplemente como se da en la naturaleza.El acto de amor, ahondado en su sentido por el poeta y visionario, se convierte en un acontecimiento con raíces telúricas y trascendencia cósmica, es casi un rito mágico de religión naturalística primitiva.”

AMORES CON MARUJA MALLO

Decíamos el otro día que en el verano del 35 disfrutó intensamente Miguel la libertad sexual que nunca se había permitido. Compañera de aventuras eróticas fue Maruja Mallo. Y el poeta, viviendo intensamente una retrasada adolescencia, había anunciado ya a su chica de Orihuela, con aire autosuficiente, que las cosas estaban cambiando mucho y que era mejor que se dejasen. Medio año estuvo rota la relación. Refiere Camilo José Cela, compañero de tertulia de Hernández:

“Con algunos amigos literarios me iba a bañar los domingos a La Poveda, en el río Henares, cuando venía el buen tiempo; salíamos de la estación del Niño Jesús y al pasar por los viñedos de Coslada nos bajábamos del tren, robábamos unos racimos de uva, corríamos un poco y volvíamos a bordo de un brinco ayudados por los viajeros que iban en la última plataforma: al llegar a San Fernando el tren cambiaba de máquina, le ponían una más pequeña y que pesaba menos porque el puente no brindaba muchas garantías de seguridad.

Miguel Hernández y Maruja Mallo tenían amores e iban a meterse mano y a hacer lo que podían debajo del puente, pero los poetas los breábamos con boñigas de vaca y entonces ellos tenían que irse a la otra orilla a terminar de amarse en la dehesa que allí había ya que, a lo que parece, los toros bravos eran más acogedores y menos agresivos que los poetas líricos.


No duró mucho la pasión de ella. Y quedó Miguel con el ala rota. Recopiló afanosamente los mejores sonetos de su producción anterior, añadiendo algunos versos nuevos, y dio a conocer, ésta vez con éxito, su primer popular poemario: "El rayo que no cesa" (el desamor que no cesa), biografía lírica de aquellos meses de pasión y desencuentro, de aquellos extraordinarios años de búsqueda personal de excelencia.

Derrotado y humillado por amores sin tuétano, regresa Miguel a Orihuela y a su Josefina. Desde entonces, en la distancia de la guerra y la cárcel, viven su amor con ternura y generosidad. En las escasas fechas en que se pueden besar y entregar en alma y cuerpo, la madre naturaleza les regala dos varones, Manuel Ramón y Manuel Miguel. Podéis acompañar la bella historia de amor, vida y muerte, pulsando en los siguientes post: 2Muerte del hijo. 3Nanas de la cebolla. 4Vals de los enamorados y unidos hasta siempre. 5Hijo de la luz y de la sombra. 8Cancionero y romancero de presencias...

¿POR QUÉ NO LEER MÁS EL "CANTAR DE LOS CANTARES"?

A la vista del terrible desencuentro en la persona de Miguel entre su cuerpo y su espíritu, un cuerpo de barro y sangre, de instinto y naturaleza viva, y un alma de hombre bueno, de tierno y solidario buscador de la luz, ¿no sería provechoso acercarse con ojos muy abiertos al Cantar de los cantares y, más allá de exégesis espiritualizantes que menosprecian, amputan lo corporal, descubrir cuanto de tierno, sensual, erótico se nos revela en el amor de esta bíblica pareja?
A lo mejor es propósito de Dios, que se hizo hombre, citarnos en el cuerpo del varón y la mujer, santificar el templo del amor y su liturgia de tactos, su música de besos y susurros, su comunión de dos -este es mi cuerpo— en una sola carne.

Si al final corría vino por los labios de todos en aquella boda de Caná, también quiere el Señor que corran hoy caricias, letanías, placeres, abrazos, por la piel, por las manos, por el corazón de los que se aman.



Para acceder a las 50 páginas de mi comentario web al "Cantar de los cantares", pulsar aquí.



MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA SEXUALIDAD



01. ¿Por qué en Religión Digital?
02. Poesía de adolescencia
03. Romancillo de mayo
04. No ver, no oír, no oler, no gustar...
05. La masturbación
06. El Auto Sacramental
07. Sonetos iniciales
08. El rayo que no cesa
09. ¿Anarquismo erótico?
10. Que tenemos que hablar de muchas cosas...
11. Canción del esposo soldado
12. Oigo un latido de cartas
13. Síntesis final y enlaces.





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La más completa antología de poesía de Miguel Hernández:
Miguel Hernández. 1 POESÍA.Espasa Calpe 1992, 1172 páginas.





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