Murió CINTIO VITIER, poeta del misterio y la solidaridad



Acaba de fallecer en La Habana, a sus 88 años, el poeta cubano Cintio Vitier (septiembre 1921-octubre 2009), destacado humanista del grupo literario "Orígenes" (1944-1957) liderado por José Lezama Lima.Su adorada compañera de tantos años, Fina, también origenista, le sobrevive, en estos dolorosos momentos, con lucidez y fuerza espiritual (la presente fotografía de Fina y Cintio es reciente, fue tomada hace tan sólo un par de años). El crítico literario Blas Matamoro acaba de presentar en ABC un retrato de urgencia del poeta y su grupo literario, anterior a la revolución cubana. Transcribimos unas líneas:
"El lirismo abstracto y la religiosidad existencial del último Juan Ramón, el simbolismo muy destilado de Valery a través de Mariano Bruli, un barroquismo de exuberancia tropical pasado por Rubén Darío y la peculiaridad de un catolicismo muy ligado a las vivencias sensibles, al cuerpo, no ya como lugar del pecado y el dolorido sentir del destierro sino, al contrario, como escenario de la Encarnación, del Hijo de Dios hecho carne y de la palabra como carnal..."


EN LA CUBA DE CASTRO


En la vida literaria y existencial de Vitier podemos distinguir dos etapas: la inicial, origenista y cristiana, creativa sin interferencias políticas, que está bien representada en el poemario "Vísperas" (1938-1953) y probablemente también en "Testimonio" (1952-1968). Y su obra posterior en una Cuba Revolucionaria, donde se ha ido acomodando al régimen. Su principal dedicación ha sido el estudio y divulgación, desde el Cento de Estudios Martianos, del importante legado cultural de José Martí, expuesto en los 27 volúmenes (12.505 páginas) de sus Obras Completas, accesibles para todos en edición digital (pulsar aquí).

Describe José María Ruilópez, con sinceridad y comprensión, los últimos años del poeta y su mujer en la Cuba de Castro:
"Cintio Vitier, si como escritor y ensayista ha merecido alto reconocimiento sin discusión posible, en algunos ámbitos políticos y culturales nunca fue bien recibido debido a su implicación con el régimen de Castro. Hombre muy religioso, ha querido conciliar cristianismo con marxismo. Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional Cubana, le llamaba «Apóstol del Apóstol». «El Apóstol» era el apodo de José Martí. Para entender la trayectoria vital de Cintio Vitier hay que separar al creador indiscutible del creyente y soporte cultural del régimen de Castro.

En los últimos años, cuando yo lo conocí, vivía una ancianidad llena de recuerdos, viejas vivencias, llamativas peripecias culturales y sentido del humor. Pero un poco alejado de la realidad cubana que palpita bajo la casa en que vivía dignamente, pero casi con humildad para su estatus intelectual."



FINA, SU MUSA NECESARIA



En una estival visita por las Antillas, aterricé en la isla de Cuba y quedé prendado de su paisaje y de su gente. También de sus poetas. Descubrí en una librería popular la primera "Antología Poética" de Cintio Vitier (Editorial Letras Cubanas 1981), dedicada, cómo no, a Fina García-Marruz, que habría de ser su musa necesaria durante más de setenta años. La conoció quinceañero en 1936, cuando Juan Ramón Jiménez leía sus versos puros en salones de La Habana. Cintio asistió, ya poetilla. Y allí le echó el ojo, por vez primera, a la que, en no lejanas fechas, habría de ser su esposa, y sólo había vivido por entonces trece benditas primaveras.

Leamos, con admiración y respeto, la declaración de amor del poeta en 1963, muy similar al compromiso mutuo de los contrayentes del ritual católico. Pero con más bella lírica, con no menor peso de amor y de ternura:

A MI ESPOSA

Ahora que empieza a caer, del cielo
de nuestra vida, que sólo nosotros podemos ver,
profundo, estrellado, carne y alma nuestra,
ese polvillo sagaz en tu nocturno pelo,
ahora que el lápiz finísimo, grabando
una medida sagrada, una cantidad misteriosa
del vino que sube en la jarra de la ofrenda,
empieza a trazar, junto a tus ojos, vivos
como ciervos bebiendo en el agua extasiada,
junto a tus labios que han dicho todas las palabras
que adoro,
las huellas del tránsito de nuestra juventud,
ahora, lleno de un fuego y de un peso de amor que desconocía
porque estábamos engendrándolo secretamente en nuestro corazón
y es algo mucho más terrible y precioso que el amor
que diariamente conocíamos,
ahora, mujer, ahora, destinada mía,
es cuando quiero hacerte un canto de amor, un homenaje,
que dice únicamente así:
                                          TE AMO, lo mismo
en el día de hoy que en la eternidad,
en el cuerpo que en el alma, y en el alma del cuerpo
y en el cuerpo del alma,
lo mismo en el dolor que en la bienaventuranza,
para siempre.



SON LOS HIJOS REGALO DEL SEÑOR



No ha quedado sola la viuda de Vitier. Hijos y nietos mantienen encendido el brasero de su corazón. Sergio y José María, excelentes músicos y excelentes personas, no le faltarán a la cita de los besos y la esperanza. Repetía el padre y abuelo a todos las cualidades artísticas y humanas de sus descendientes...

Meditando el Salmo 127, Cintio quedó fascinado por el espíritu y la letra de algunos versículos: "Son los hijos regalo del Señor / y el fruto del vientre, premio suyo. / Como flechas en manos del guerrero / son los hijos tenidos cuando joven. / Feliz el hombre que con tales flechas / ha llenado su caja..." Y se puso a transcribir líricamente, casi, casi a copiar, versos del Salmo, que le hablaban, claro, de sus propios hijos, saetas de luz que lanzar al infinito, disparos de amor al corazón de la Vida... En mi web "Nido de Poesía" presento en PPS el poema de Khalil Gibran "Los hijos", otra versión fascinante del Salmo 127 (pulsar aquí).


HIJOS MÍOS, SAETAS

¡Hijos míos, saetas
de rectitud,
cuando mi flor la siegue
la honda segur,

sed en mis manos vivas
armas de luz,
lanzadas de Dios al eterno
abismo azul,

y por sobre el despojo
de oscuro augur,
clavad en lo infinito
mi juventud!



LOS NIÑOS SON EL SOL MÁS JUSTICIERO



Finalizamos por hoy proyectando al mentón, con guantes de seda, un duro poema. Los ojos de los niños saben mucho porque mucho han contemplado desde su mirada limpia, claraboyas por donde se nos descuelga la mágica ternura del Todo Bondad. La mirada inocente y sabia de los pequeños, si a veces endulza nuestros ojos como un terrón de azúcar, nos hiere otras con relámpagos de fuego. Tantos y tantos niños, víctimas de injusticia y desamparo, sobre todo en el tercer o cuarto mundo, habrían de ser, para nosotros, poetas/profetas del Justiciero. El mejor Vitier nos hiere en lo más profundo:

UN NIÑO NO ES UN IRIS LEVE

Un niño no es un iris leve
sino un estandarte de fuego,
un niño no es un blando copo
sino un desplegado ejército.

Un niño no es un rumor suave
sino de cruel música trueno,
un niño no es la flor pequeña
sino la ola del misterio.

Un niño no es la vaga aurora
porque es el hondo día abierto,
y no es la esperanza adorable
porque es el sol más justiciero.

Un niño no está en nuestras manos
suplicando abrigo o consuelo:
es nuestra culpa la que duerme
en su fuerte y radiante pecho.



NOTA. Para acceder a una segunda parte de este homenaje a Cintio Vitier, pulsar aquí.

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