Cuatro sonetos inéditos de J. M. Fernández Nieto sobre Miguel Hernández

Nido de poesía: Nicolás de la Carrera
06 nov 2016 - 13:47
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Hace pocos días ha celebrado mi amigo, poeta mayor, José María Fernández Nieto su envidiable 90 cumpleaños (nació el 7 de diciembre de 1920). Todavía en el Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, me ha enviado el poeta palentino, farmacéutico como León Felipe, un folleto de excelente presentación, dondo nos regala once inéditos, aunque premiados, sonetos. En la dedicatoria del librito, de su puño y letra para demostrar que, a pesar de los achaques ("cegato, sordo y patizambo como mis palabras"), conserva el humor y la inteligencia, me informa del envío de esta humilde edición.

¿QUÉ ES UN SONETO?

Escribe el Prólogo su hija Sari Fernández Perandones. Como es interesante su definición de soneto, os invito a escucharla y reflexionar:

"La grandeza que tiene un soneto es la de hacer posible esenciar una idea desplegada en catorce versos, que consigan la justeza de un sentimiento. No más ni menos. En ello reside su valor, desde que Italia descubriese esa elegante forma métrica en la que todos los grandes poetas dejaron su firma de oro."

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Más adelante se refiere al gran poeta de la casa, y a los sonetos que acompañan esta edición. De ellos escribe:

"Versos hechos con amor, como resucitando la palabra y el querer de Miguel Hernández. Su belleza, su musicalidad y su sabiduría al acercársele, así como su perfección, hacen de su lectura, un placer, una oración, una especie de testamento de toda la poesía del siglo al que pertenece mi padre que con los presentes sonetos, nos deja también su firma dorada, como los grandes.

Conversación lírica entre la intimidad de dos hombres que, superando las barreras del tiempo, hacen del dolor, el amor, y la muerte, sentimientos que nutren nuestro pulso vital y signos imperecederos de la poesía universal."

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"Y MIGUEL SUS REBAÑOS PASTOREA..."

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Pero vamos a conocer ya, en el reducido mostrador de un blog, cuatro de ellos. Hay mucho sentimiento, mucha devoción, mucho oficio en cada uno de los sonetos. Vayamos ya al primer poema, "Inquietud campesina", donde se nos habla de un jovencito Miguel que cuida cabras y sueña en una redención de su duro oficio, alcanzando una vida más cómoda como poeta, o como oficinista...

En el soneto "Por una senda van los hortelanos...", de El rayo que no cesa, escribirá, refiriéndose a los campesinos que regresan de su trabajo: "Vienen de los esfuerzos sobrehumanos / y van a la canción, y van al beso, / y van dejando por el aire impreso / un olor de herramientas y de manos..." Fijaos bien en el texto: vienen de una dura jornada, y van al amor, al cariño del hogar, poblando el camino de "un olor de herramientas y de manos". Hablando de olor: al pobre Miguel le sería difícil acercarse a las chicas por el fuerte aroma a ganado caprino que transportaba en sus vestidos, en su piel, en sus manos (tenía que ordeñar todos los días).

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INQUIETUD CAMPESINA

He aquí, rumor de espuma adolescente,

abril enamorando ruiseñores,

Miguel zagal pastoreando amores,

anidando futuros en su frente.

Su corazón es un pardal ausente

que gorjea y dialoga con las flores

y le brota la sangre en surtidores

que riegan su pasión calladamente.

Orihuela, a lo lejos, se recrea

bajo la luz en llamas de Levante

ignorando sus sueños más tempranos.

Y Miguel, sus rebaños pastorea

y acaricia su piel apasionante

un olor de herramientas y de manos.

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En "Amor y rebeldía" encontramos la hermosa descripción de un adolescente ébrio de pasión lírica. Aunque pudiera no ser muy exacto afirmar que "en Orihuela / nadie sabía el nombre de tu aroma...", porque pronto la prensa local iría publicando y elogiando versos suyos, hasta llegar a realizar una colecta para que, con 21 años, pudiera acercarse a Madrid a demostrar su valía...

Los versos finales nos hablan de un jovencito Miguel que siente la llamada del deber y acude a alistarse como voluntario los primeros días de la Guerra Civil, para defender la República amenazada... En esa rebeldía política se había ido transformando su rebeldía literaria...

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AMOR Y REBELDÍA

Eras un beso aún y en Orihuela

nadie sabía el nombre de tu aroma

y era tu corazón una paloma,

una pasión con prisa de gacela.

Y como un huracán que se rebela

contra la dictadura del idioma,

no había en ti ni un punto ni una coma

que no ardiesen en lírica candela.

Pastoreaste sueños juveniles

zagaleando versos y rebaños

que aún España, Miguel, no te dolía.

Y cuando despertaron los fusiles

se puso en pie la furia de tus años

y ardió, como tu amor, tu rebeldía.

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"Y, COMO EL SOL, TAN LEJOS, TAN CERCANO..."

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Hasta ahora el centro de nuestra atención era Miguel. A continuación es el propio poeta autor de estos sonetos, quien refiere su fervor lírico hacia Hernández ("Invocación"). Y así, al descubrir en el poema "Carta" (pulsar), publicado durante la contienda civil, un tremendo estribillo que repite con valentía el Comisario de Cultura: "Aunque bajo la tierra / mi amante cuerpo esté, / escríbeme a la tierra, / que yo te escribiré", se dirige nuestro poeta de 2010 a Miguel en su tumba, agradecíendo no sólo sus versos de amor, sino también los de sufrimiento.

Impresionantes los tercetos finales. El poeta oriolano es, para el lírico de 90 años, un sol que da calor en la distancia, que quema y deja con sed a quien exponga confiado el desnudo pecho a sus feroces rayos de vida, amor y muerte...

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INVOCACIÓN

Quiero, Miguel, agradecer tu aroma

que respiró mi pluma tantas veces

y escribirte a la tierra donde creces,

flor comunal, palmera del idioma.

También mi corazón, a veces toma

el cáliz que apuraste hasta las heces,

que vuelo entre tus aires y me escueces

igual que un ala herida a una paloma.

Déjame bucear en tu oceano,

cabalgar en tu potro de inquietudes

y arder en el amor donde nos quemas.

Y como el sol, tan lejos, tan cercano

quiero, Miguel, que, ardiendo, me saludes

con la sonora sed de tus poemas.

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Dos imágenes muy expresivas centran el corazonado discurso de estos versos:

"Por un bosque de plumas y cuartilla / suena tu voz de acero y pardales..." Así comienza el poema que, por cierto, tanto coincide con la invitación inicial de mi web "Nido de Poesía", cuando proclama: "Por los bosques de internet también aletean pájaros de ternura" (pulsar). Los pardales o gorriones no gorjean como el ruiseñor ni son vistosos como el cardenal, pero saltan alegres y bullangueros, siempre en comunidad...

"Y el agua de tus versos comunales / fecunda tierras y desborda orillas..." El vate palentino se deja anegar con agua de corazón. Y siente y canta como Miguel ("Que somos ruiseñores descendientes / de tu manera de cantar llorando..."). Y arde inflamado en su ternura...

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LA HERENCIA DE TU VOZ

Por un bosque de plumas y cuartilla

suena tu voz de aceros y pardales

y el agua de tus versos comunales

fecunda tierras y desborda orillas.

Flores rojas y azules y amarillas

se asoman a tus claros manantiales

y hay como un testamento de rosales

en tus estrofas hondas y sencillas.

Que somos ruiseñores descendientes

de tu manera de cantar llorando,

de tu dolor tan tuyo y tan inmenso.

Que yo siento lo mismo que tú sientes,

que soy voz de tu voz si estás cantando

y cardo que ardo sólo si te pienso.

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