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Se habla mucho del maltrato a la pareja, a los hijos (y de los hijos a los padres...). Se habla menos del maltrato, la marginación, hacia indefensos, desvalidos ancianos. En estos días de verano no es infrecuente la noticia del abandono en casa o en la calle de algún mayor de la familia, mientras se largan unos días de vacaciones los miembros más jóvenes y menos torpes. (También hay hermosos ejemplos de familias solidarias que se llevan a sus ancianos a la playa, a la sierra, y los cuidan, los miman: es para ellos una suerte, un honor, hacer felices a sus seres más queridos; de paso, sus hijos aprenden, via ejemplo, cómo hay que tratarlos a ellos cuando envejezcan...) Francisco Muro de Iscar acaba de publicar en el periódico digital "Diario Siglo XXI" un impresionante artículo que titula "Okupas en el hospital".
Además de esta siniestra fuga de cuidadores -ojos que no ven, corazón que no siente- sugiere Francisco Muro otras sofisticadas, pero relativamente frecuentes, formas de abandono:
Hay otras maneras de "colocar" al abuelo o la abuela en verano para que no incordie. Por ejemplo, llevarlos a las Urgencias de cualquier gran hospital con cualquier pretexto y conseguir que le ingresen. Sobre todo en las grandes ciudades, porque en las pequeñas es fácil que alguien te conozca y sepa porqué haces lo que haces. Luego, uno se va y no se puede dar el alta al abuelo porque en casa no responde nadie. Quince días después, los "familiares" acuden por el hospital, preguntan cómo está el abuelo y si se ha portado bien. Si algún sanitario se atreve a decirles algo, o le replican airadamente o aguantan el ponerse colorados. Y hasta la próxima.
Cada vez hay en los hospitales más pacientes que se niegan a marcharse, aunque estén curados:
Son viejos y no les queda nadie. O son inmigrantes y viven en unas condiciones malas cuando hay trabajo, pero terribles cuando no lo tienen, no se pueden valer por sí mismos y nadie les ayuda. Así que se agarran a la cama del hospital y se niegan a salir al mundo civilizado.
Vayamos ya a la Presentación en Power Point "Cuando me volví invisible", Entraréis en una página de Presentaciones PPS: allí seleccionáis este título que también algunos llaman "No olvidemos a nuestros viejitos". Se trata de la lúcida confidencia de una anciana ignorada, es decir maltratada, en su familia. Desconozco el nombre del autor o autora, pero la historia es tan realista que difícilmente podría haber sido elaborada por una persona ajena, por edad o profesión, al sector sanitario de los Mayores.
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