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Adaptarse a la nueva realidad para seguir sirviendo a la comunidad
Ha pasado un mes del fatídico día del desbordamiento del barranco de Chíva o del Poyo que arrasó todo lo que encontró a su paso. De las parroquias de la zona la más afectada de todas ha sido la parroquia de Ntra. Sra de Montserrat de la localidad de Picanya, y prueba de ello es que el Departamento de Sanidad valenciano ha precintado la iglesia y sus locales por la aparición de hongos de la humedad y el cierre va para largo.
La buena relación de la parroquia con el Ayuntamiento se ha demostrado con la cesión del consistorio de Picanya del Teatro del Centro Cultural que ahora hace las veces de iglesia.
Como me explicaba Joaquín, el párroco, para sentirnos como en casa y demostrar que no nos olvidamos de nuestra parroquia hemos hecho una pantalla grande que muestra el retablo y el Cristo de la Preciosísima Sangre, nuestro patrón, junto con la Virgen de Montserrat.
El escenario es el presbiterio y el pueblo se acomoda en las butacas y así será durante el adviento y las grandes celebraciones de la Navidad como la misa del Gallo.
“Yo en las homilías les estoy insistiendo en la nueva realidad que nos ha tocado vivir. La de la pobreza, las limitaciones, el miedo también, …”
Ahora cada visita del párroco a su iglesia es para ir acompañado de peritos o trabajadores de diferentes gremios para hacer valoraciones, presupuestos, …
En la página web de la parroquia se encuentran archivos de hace unos años donde muestran las alfombras florales que hacen para el Corpus, “ojalá hayamos recuperado la parroquia para el Corpus del año que viene suspira Joaquín, pero no termino de verlo" reconoce con realismo.
Dando gracias a Dios y al Ayuntamiento la parroquia seguirá ofreciendo sus servicios porque sabe que son importantes.
Cuando estuve en Picanya el párroco me contó la historia de las campanas. Cuando fue consciente de la que se venía encima programó el único toque que podía sonar a lo que antiguamente se llamaba “a rebato”. Y funcionó en cierto modo, aunque solo los más viejos del lugar supieron interpretar el lenguaje de las campanas. Los mayores escucharon las campañas y las asociaron a la bajada de agua del barranco. “Algo estaba pasando para sonar las campanas así a esas horas" comentó una de las feligresas recordando aquel día.
La parroquia me ha facilitado algunas imágenes de aquel 29 de octubre que incluye algunas imágenes de la televisión valenciana.
A quienes hoy les molestan el sonido de las campanas vendría bien recordarles que hubo un tiempo en el que eran las alarmas de los móviles de hoy, y que sonaban a tiempo. Hoy los vecinos de Picanya recuerdan que las campanas de la parroquia fueron su primera alarma, seguro que las van a querer mantener y quizá el párroco decida ampliar en el programa informático que las activa el viejo toque de “a rebato”, ya se sabe, para que no haga falta volver a usarlo.
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