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Una Rosa Blanca en cada nacimiento
Un año más las asociaciones de belenistas de España invitan a los ciudadanos a poner belenes en sus casas. Pero este año la invitación va acompañada de una sugerencia, poner cerca del Niño Jesús una rosa blanca en memoria de los fallecidos por el COVID-19, entre ellos el presidente de la Federación de Asociaciones belenistas de España, Carles Taterregó Gatell, que falleció este pasado 1 de diciembre a causa del virus.
Carles Tarregó es un tarraconense enamorado del belenismo y devoto del Rocío, a cuya romería procuraba no faltar nunca. Actualmente presidía la Federación de Asociaciones belenistas de España que, dadas las circunstancias de este año, celebró su tradicional congreso de manera telemática con gran éxito de participación.
La Junta de la Federación propondrá a los socios belenistas colocar una rosa blanca junto al pesebre en memoria de Carles y de todas las víctimas del Covid-19, una idea que hacen extensible a todos aquellos que quieran tomarla como suya.
Los belenistas celebraban hace pocos días un paso más que se daba en el camino al reconocimiento universal del belenismo: El pasado día 20 de noviembre el Ministerio de Cultura abrió el expediente correspondiente para la declaración del Belenismo como Manifestación Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial en España. Un paso más, que servirá también de apoyo a la candidatura del Belenismo como patrimonio inmaterial de la Humanidad para ser declarado por la UNESCO.
Quien fuera anterior presidente de la Federación, Iñigo Bastida, desde el recuerdo a su sucesor, apunta la vocación de difusión del belenismo de todos los socios, y señala que “ahora que estas Navidades se nos recomienda más que nunca vivirlas en casa, el belén es un elemento no sólo ornamental, sino de compañía, de entretenimiento, de fiesta, de catequesis, que puede acompañarnos durante estos días. Además de una tradición ancestral heredada que merece la pena conservar.”
Esa vocación divulgativa la traduce la asociación de Cuéllar con un vídeo promocional que será replicado por otras personas invitando este año a poner el belén.
Sin duda hay momentos en la vida en los que “uno no está para fiestas”, pero al final somos cada uno los que decidimos cómo vivir y traducir cada circunstancia de la vida. Para mi el belén tiene un significado muy especial: el 20 de diciembre de 1974 moría mi padre. Dos días antes se pudo despedir de mi. Yo tenía 9 años. Recuerdo gran parte de aquella conversación, y lo que cada Navidad me resuena con cariño es aquella frase: “Vicente hijo, aunque falte tu padre, nunca dejes de poner el belén en casa”.
Y así ha sido, nunca ha faltado el belén en mi casa, como recuerdo a mi padre, como tradición para mis hijos, como señal de mi fe.
Y para ser más sincero, desde hace años una sencilla Sagrada Familia ocupa un lugar permanente en la cocina, qué mejor sitio.
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