El Surf como parábola de la vida en la Iglesia Llamados a coger las Nuevas Olas

Llamados a coger las Nuevas Olas
Llamados a coger las Nuevas Olas VLG

El que quiera surfear se tiene que mojar

O vivimos en un mar de olas o esto será un mar muerto. Y en el Mar Muerto nadie hace surf

Por primera vez los Juegos Olímpicos contarán con el Surf como disciplina deportiva. Esta actividad solo la conozco de verla practicar en las aguas del Cantábrico, pero lo poco que sé de ella me resulta una parábola aprovechable para la vida. El otro día, uno de los participantes en el Primer Retiro de Emaús en la Diócesis de Vitoria lo usó para describir “Los retiros de Emaús como las Nuevas Olas para la Evangelización”. 

En el Surf el deportista se prepara para tomar la que considera una buena ola, pero mientras las olas siguen llegando ininterrumpidamente hasta la playa, y una vez alcanzada la arena han cumplido su misión, su recorrido, y durante el mismo, si era una buena ola ha sido aprovechada por el surfista, sino, pues ha pasado a ser una ola más. Pero todas las olas tienen un mismo destino, la playa. No hay olas eternas, todas son terrenales, finitas, irrecuperables. Si quieres surfear tienes que hacerlo en una nueva ola, que se parecerá en algo a todas las demás, nace del mismo mar, pero es nueva. 

Quizá esta parábola del Surf nos pueda ayudar a entender y aceptar el devenir de la vida de la Iglesia en el siglo XXI. 

Necesitamos un mar agitado con muchas olas, y cada actividad de la Iglesia debe tener vocación de ola para ser surfeada. Así cada Retiro de Emaús ha de ser una nueva Ola, Cada Hora Santa de Hakuna, una nueva Ola, cada producción audiovisual, cada pase en un cine es una nueva ola, pero es que cada Eucaristía hemos de vivirla como una nueva Ola, cada acción misionera, cada iniciativa solidaria y caritativa han de vivirse como olas nuevas; y aquellos que generaron Buenas Olas en el pasado, o siguen generando nuevas olas o desaparecerán, no se puede pretender surfear una una ola que ya pasó. Devociones, tradiciones religiosas, prácticas, ritos, liturgias, ... ,nacidas del mismo mar, sí, portadoras del mismo agua, claro!, pero nuevas olas.  Siempre nuevas. 

Y el que quiera surfear se tiene que mojar, sea laico o consagrado, santos y pecadores, teólogos o catecúmenos, creyentes o ateos.  

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O vivimos en un mar de olas o esto será un mar muerto. Y en el Mar Muerto nadie hace surf. 

Ya he reconocido mi desconocimiento del mundo del surf, y seguramente en lo que al deporte del surf se refiere seguiré siendo de los que ven las olas desde la arena, y cualquier surfista me diría ¡no sabes lo que te estas perdiendo! (y sigo encontrando paralelismos). 

Pero en lo que al otro tipo de “surf” se refiere, seguiré cogiendo “olas” y, como dice un buen amigo cada vez que va a misa o a rezar a una iglesia, “su gimnasio”, procurando mantener en forma mi “tono” espiritual.

Patata Alava Agria

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