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Vitoria “peregrina a Lourdes” sin moverse de la ciudad
Nunca hubieran imaginado los miembros de la Hospitalidad de Lourdes de Vitoria que la peregrinación más dura en 33 años ininterrumpidos sería la que les llevara a peregrinar a Lourdes sin moverse de Vitoria.
Este mes de septiembre es, tradicionalmente, el que la Hospitalidad de Lourdes de Vitoria reserva para peregrinar con enfermos al santuario mariano francés. Hasta 5 autobuses han llegado a fletar para peregrinos y enfermos y vivir tres intensos días en uno de los referentes mundiales de devoción mariana.
Pero este año, cuando tocaba celebrar la 33ª Edición el Coronavirus ha truncado los planes iniciales, y ha obligado a conformarse con una peregrinación en casa.
Pero en la mente de los presentes en la Catedral de María Inmaculada han estado vivas las imágenes de la Gruta, de la explanada que, desde la puerta de San Miguel, conduce hasta la imagen de la Virgen Coronada antes de llegar a la plaza de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario; la capilla de San José donde se tienen las celebraciones del grupo, o la basílica subterránea de San Pío X donde se celebra en todos los idiomas; o el Vía Crucis.
“La Virgen de Lourdes se ha hecho presente hoy en Vitoria” decía en una de sus intervenciones monseñor Elizalde.
En la mañana del sábado precisamente se celebró un particular Via Crucis en el que cada estación fue acompañada de un testimonio relacionado con la pandemia del COVID -19: Despedidas que no pudieron hacerse, duelos aplazados, dolores enquistados, y también la experiencia de algunos de verse arropados por la oración, por la Diócesis, por los amigos y por la Virgen en sus plegarias.
“Tocando el dolor de la cruz habéis experimentado también la resurrección” dijo el obispo de Vitoria.
Por la tarde tuvo lugar la eucaristía y, quizá, el acto más emotivo de todos los celebrados, la Procesión de antorchas. Para garantizar las medidas de seguridad solo un pequeño cortejo acompañó por los pasillos de las naves de la Catedral a la imagen de la Virgen de Lourdes portada en andas. El resto de los fieles, manteniendo las distancias marcadas en los bancos permanecieron con sus velas encendidas siguiendo con su mirada el recorrido.
Los grandes ausentes de esta peregrinación han sido los enfermos y los ancianos de las residencias que cada año acudían fieles a su cita mariana.
Pero las damas y camilleros los han recordado en cada momento, leyendo el testimonio de algunos que por seguridad optaron por no hacerse presentes. Este año, en lugar de empujar los tradicionales carritos por el recinto del santuario han llevado las antorchas y en ellas el recuerdo de los enfermos.
La peregrinación tan especial de este año se cerró con la misa del domingo.
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