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¡David y Álvaro dos (mon) señores misioneros!

Centenario del DOMUND

Mtz. de Aguirre y Chordi ofrecieron un testimonio que pudo interpelar a los asistentes, en una Diócesis que les vió nacer, a la vida y al sacerdocio respectivamente

David Mtz de Aguirre y Álvaro Chordi en los 100 años del DOMUND | VLG

En el marco del centenario del DOMUND ofrecieron un valioso e interesante testimonio los vitorianos David Mtz. de Aguirre, obispo en Puerto Maldonado, en la región Madre de Dios de la Amazonía sur peruana, y Álvaro Chordi, obispo auxiliar en Santiago de Chile, donde recaló hace 11 años tras ser “enviado” también por su diócesis, en la que fue ordenado por Monseñor Asurmendi (+) y a la que sirvió en diferentes campos destacando el mundo juvenil (pastoral con jóvenes y Egibide-entidad en la que participó en su creación y puesta en marcha). 

“El Dios de Jesucristo ya estaba en Chile mucho antes de que yo llegara”

El primero en intervenir fue Álvaro Chordi, pamplones de nacimiento pero vitoriano de adopción por sus vínculos pastorales y eclesiales. Miembro de la Agrupación de Comunidades Cristianas Adsis, fue precisamente de la mano de su comunidad como cogió rumbo a Santiago de Chile. Allí desarrolló su labor misionera como sacerdote y dejó notar su valía lo que se acabó traduciendo en su designación como obispo auxiliar de Santiago de Chile. Y desde esa experiencia como pastor, como sacerdote y como misionero planteó su discurso del que, lo difícil es quedarse con un único titular, porque fueron muchas las sentencias destacables. Pero vamos a intentar, aún a riesgo de no ser justos con toda la exposición, sacar algunas “perlas”.

Al final y al comienzo de su charla recordó ese grito que hace 11 años recibió en la capilla de filosofía del Seminario Diocesano, y que no solo hermanos de su comunidad de Adsis, sino otros diocesanos coreamos: “Alvaro, te enviamos”. Nunca olvidará que fue un 5 de agosto, Fiesta de la Virgen Blanca, patrona de Vitoria y a la que tanto se ha encomendado Chordi, cuando aterrizó en Santiago de Chile. 

“Partí como presbítero misionero y hoy sirvo como obispo auxiliar en aquella Iglesia. Este llamado,recibido hace cuatro años, no lo vivo como un ascenso, sino como una invitación a arraigarme todavía más.” confesaba Álvaro. 

Para resumir su experiencia de estos 11 años dijo: “el viaje más auténtico consiste en permitir que la vida de un pueblo entre en nuestro interior y transforme nuestra manera de mirar, sentir, amar, creer, relacionarnos y servir.” Aunque en otros momentos de la charla reconoció que 11 años después aún no sabe nada, sigue aprendiendo. 

Un descubrimiento que muchos misioneros han logrado hacer lo expresaba con estas palabras: “El Dios de Jesucristo ya estaba en Chile mucho antes de que yo llegara”. 

“El misionero llega para reconocer esas huellas de Dios, ponerse al servicio de la Iglesia local —sin afanes de protagonismo— y dejarse evangelizar por el pueblo al que ha sido enviado.” Y subrayaba al decirlo ese “dejarse evangelizar por el pueblo al que ha sido enviado”.

Este podría ser otro titular destacado de su exposición: “Chile me ha humanizado; la misión nos humaniza.”

Su experiencia durante cinco años en el barrio Yungay, y más tarde en dos parroquias del barrio Franklin —la Santísima Trinidad y San Pío X, fueron marcando y modelando al Alvaro Chordi que hoy es y se reconoce. “Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio”, frase del mártir beato Enrique Angelelli, resumía cómo había empezado a entender la misión. 

Si tuviese que destacar un párrafo de la intervención de Álvaro Chordi sería sin duda este: “Esta es mi manera concreta de comprender y ejercer el ministerio episcopal: habitar la ciudad real desde uno de sus territorios populares, compartiendo la vida cotidiana de trabajadores, comerciantes, familias migrantes, adultos mayores, personas vulnerables y comunidades cristianas. Caminar por sus calles, utilizar diariamente el transporte público, comprar en sus comercios, escuchar a sus vecinos y dejarme afectar por sus esperanzas y sufrimientos me ayuda a recordar que la proximidad es un lugar desde el cual comprendemos el Evangelio. Soy pastor de toda la Iglesia de Santiago y tengo especialmente encomendada la Zona Centro, pero vivir en Franklin me ayuda a mirar el conjunto desde abajo, desde cerca y desde la vida concreta de las personas. Así, el barrio se convierte en el lugar desde el cual escucho, discierno, oro y sirvo.” No precisa comentarios. 

Esta reflexión la fue acompañando con diversas citas oportunas que reforzaban ese convencimiento de que a Cristo se le ha de encontrar en el otro, y especialmente en el más vulnerable. 

Por eso, y hablando de su experiencia en la Iglesia en Chile recordó esto: “La Iglesia chilena atraviesa una herida profunda, provocada por los abusos sexuales, de poder y de conciencia, y por respuestas institucionales tardías e insuficientes. Hemos dañado a quienes debíamos cuidar.” Le ha tocado de lleno ser corresponsable en la reconstrucción de ese oscuro pasado y recuperar la credibilidad de la Iglesia chilena. 

La vocación mariana de Chordi que aquí tenía especial mirada a la Virgen Blanca ahora la encuentra en la Virgen del Carmen: “Este año Chile conmemora el centenario de la coronación de la Virgen del Carmen como Reina y Patrona del país.” 

Y apuntaba algo que ha podido descubrir: “La religiosidad popular me ha enseñado que el pueblo chileno reconoce a María como una madre cercana. Ella ha acompañado sus alegrías y sufrimientos, sus catástrofes naturales, sus conflictos.” Recordemos que los terremotos han sido muy habituales en esta tierra. 

Camino del final de su intervención dijo: “Llegamos a una historia que comenzó antes que nosotros y continuará cuando nos hayamos marchado. Nuestra tarea consiste en ayudar a que la comunidad local se arraigue en el Señor, promover liderazgos propios, suscitar vocaciones nativas y facilitar que cada pueblo sea protagonista de su futuro.” En este momento, saliéndose del guión utilizó una expresión popular que sacó la sonrisa de los asistentes, y que se ha debido repetir a sí mismo en algunas ocasiones: “¡Álvaro, no la cagues! que cuando te marches no dejes las cosas peor de como las has encontrado.”

Sus últimas palabras fueron dedicadas al DOMUND y a los agradecimientos: “Gracias a Misiones Diocesanas Vascas y a Obras Misionales Pontificias por acompañar a los misioneros y sostener a las Iglesias locales. Gracias también a la Iglesia de Santiago y al pueblo chileno, que me han acogido, evangelizado y permitido echar raíces.”

“Los pobres es un lugar teológico desde donde Dios nos habla. Y hoy la Amazonía es un lugar teológico.”

Tras la ovación le tocó el turno a David Mtz. de Aguirre, dominico, que descubrió su vocación al abrigo de la parroquia de Ntra. Sra. de lo Ángeles, atendida entonces por los dominicos. partió para la Selva peruana, y allí sigue desarrollando su misión, ahora ya como obispo de aquel rincón de la Amazonía que visitara el Papa Francisco cuando puso el Grito de la Tierra y de los Pueblos amazónicos en el centro. 

No obstante Monseñor David apuntó en el inicio de su intervención que “la misión me enseñó a ser cristiano”. 

Haciendo alusión al título que habían elegido para este acto “Fe- Justicia -Esperanza”, Mtz de Aguirre dijo que eran palabras que en la evangelización no se podían separar. 

Recordó el pasado misionero de su orden dominica y cómo los primeros misioneros tras “el encuentro con el otro (el indígena) dieron un giro de 180 grados a su visión del mundo y de la Iglesia, hasta su visión de la teología” de ese giro vendrían las aportaciones de la escuela de Salamanca, que fue recordada por León XIV en su reciente visita a España. 

“Los pobres es un lugar teológico desde donde Dios nos habla. Y hoy la Amazonía es un lugar teológico.” Esta quizá fue la frase central de su exposición. 

Monseñor David aterrizó en la realidad amazónica actual con un discurso diferente al de Chordi, marcado por esa denuncia permanente del daño que la extracción del oro está haciendo a aquellos pueblos, aquellas tierras. Su experiencia es diferente, David viaja en “pequepeque”, la barca de madera con motor fuera borda que permite surcar los ríos amazónicos hasta los lugares más inhóspitos donde habitan pequeñas comunidades indígenas a las que, por lo general, sus misioneros no alcanzan a visitar más de dos veces al año. Pero ambos coinciden en vivir una permanente lucha contra el mal. La Iglesia en la Amazonía y la Iglesia amazónica, dos mundos con los que monseñor David como obispo tiene que lidiar cada día. Dos mundos que conoció como misionero adaptando su mirada, su cuerpo y su estómago a la gastronomía amazónica. Luchando contra la presencia de la minería ilegal, el narcotráfico, la trata de personas, la prostitución, el machismo y las violaciones tan frecuentes. Recientemente un informe de las Naciones Unidas reconocía que en Perú, cada día cinco niñas de entre 10 y 14 años dan a luz; y cada hora, CADA HORA, adolescentes de entre 15 y 19 años. 

Monseñor David Mtz de Aguirre aportó otros datos no menos escalofriantes: “estamos llegando a un punto de no retorno. Un 25% del bosque está degradado. Y el ecosistema se acerca a un colapso irreversible en su ciclo del agua. La presión extractiva es cada día más fuerte.”

“Hay que ver - ser conscientes - de la sangre que está corriendo con el oro. (...) quien denuncia la contaminación al día siguiente aparece en una cuneta. (...) se dan castigos ejemplares que consisten en quemarlos vivos. No son situaciones de película. Me las encuentro en las visitas pastorales.”

Mtz de Aguirre apuntó cómo las comunidades indígenas, “que han sido las guardianas del bosque” están siendo obligadas a renunciar a sus ancestrales modos de vida y a sumarse, contra su deseo, a este modo de vida.

Reconoció que toda esta situación está afectando a la comunidad cristiana, el secularismo ha llegado a aquellas tierras y falta un relevo generacional en los agentes de pastoral. Sumado al desembarco de las sectas que llegan con “una teología de la prosperidad”. “Y que se comen literalmente al rebaño imponiéndoles unos diezmos.”.  

Pero también quiso poner un punto de esperanza, “La esperanza nunca se pierde” apuntaba. “Creemos que Dios tiene la última palabra. Y queremos contribuir a eso. Y lo hacemos creando comunidades en torno a Jesús. Creemos que en Jesús hay una fuerza que permite dar continuidad a los procesos.” Y la esperanza puede llegar de la mano de los niños, que sean ellos quienes luego atraigan a sus padres. 

Todo esto sin descuidar la pastoral indígena que cuida de las comunidades alejadas de los núcleos de población, acompañando los procesos de lucha por sus derechos, por sus tierras, por sus culturas. Toda esta actividad llevan años haciéndolo desde un espíritu sinodal, donde la “escucha” es central. “ahora nos toca trabajar con otros, con algunos con los que no estamos del todo de acuerdo, pero tenemos que buscar puntos en común.”

Cartel Actividades Domund al Descubierto (1)

El acto fue abierto por el delegado de misiones, Javier Mtz. de Bujanda, quien recogiendo palabras que se dijeron en las recientes jornadas pastorales de inicio de curso destacó que “es necesario partir de nuestra historia, de lo que somos y lo que hemos hecho, tenemos que honrar a tantas personas que han hecho posible lo que ahora somos”, y en ese marco recordó la figura de D. Ángel Sagarmínaga y su contribución a las Misiones Diocesanas Vascas, además de ser el artífice del DOMUND. Recordó también a los misioneros vascos en activo, José Antonio Chávarri, Juantxo Dones y Juanra Etxebarria, así como a los cientos de religiosas, religiosos y seglares repartidos por el mundo como misioneros; esa historia, y las referencias misioneras de ayer y hoy para el obispo de Vitoria dieron paso a la intervención de José María Calderón, el Director de OMP en España quien recordó paralelismos entre la figura de D. Ángel Sagarmínaga y Giuseppe Allamano, una de las figuras más importantes de la historia misionera de la Iglesia católica. Al final de las exposiciones hubo tiempo para un par de preguntas a los protagonistas de la noche misionera. Las siguientes citas serán el miércoles 14 con el Pregón Misionero y el viernes 16 con una vigilia de la Luz en la capilla de las Carmelitas Descalzas de Vitoria-Gasteiz. 

Non solum sed etiam

Pueblos Originarios en el Vicariato de Yurimaguas

Más allá del aprecio personal que siento por ambos prelados, a quienes considero amigos también, ahora sus testimonios tienen una nueva referencia para mí, tras haber pasado este mes de agosto 20 días en el Alto Amazonas, en el Vicariato Apostólico de Yurimaguas, la otra porción amazónica de Perú que se encuentra a kilómetros de Madre de Dios, la tierra donde pastorea David Mtz de Aguirre. 

Algunas de las realidades que describe en su discurso las tenía muy presentes por haberlas conocido de primera mano en esos días que pasé en la Amazonía: la contaminación, los problemas de las comunidades indígenas, la corrupción, … 

Mi paso por la Amazonía me ha servido para reconocer lo que decía Alvaro, que Dios ya se había pasado por aquellas tierras antes de que lo hiciera ningún descubridor, ningún misionero. La novedad que pudimos, y podemos seguir aportando, es el Evangelio, nada más. También me ha ayudado a valorar el esfuerzo de misioneros, y si cabe más de misioneras, que luchan por empoderar a la mujer indígena amazónica que sufre el machismo y las violaciones desde muy temprana edad. Me ha servido para mirar con otros ojos y otras medidas el concepto de “parroquia” compuesta por 50 comunidades alejadas hasta tres días en bote y alas que el misionero apenas puede visitar dos veces al año. Ya no te digo el obispo. Hoy tenemos el testimonio de David y de Álvaro, pero a mí me van a seguir “escuchando hablar” de “Mi querida Amazonía” durante bastante tiempo. 

CARTEL MATRICULACION 26-27 (Cartel (A3 vertical))

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