Eduardo Losaha, sacerdote guineanoecuatoriano en el exilio: “La Iglesia, con el Santo Padre a la cabeza, es la última esperanza que queda para los sufridos pueblos de Guinea Ecuatorial”

IDEAS PARA UNA CARTA AL SANTO PADRE ANTE SU PRÓXIMA VISITA A GUINEA ECUATORIAL

“Ante la anunciada visita del Santo Padre a Guinea Ecuatorial, considero que su presencia puede convertirse en una oportunidad única para alentar mejoras reales en la situación de los derechos humanos de mi país. Con profundo respeto, invito a Su Santidad a recordar públicamente la dignidad inviolable de toda persona y a animar al gobierno a dar pasos verificables hacia la apertura: la liberación de presos de conciencia, el acceso de organizaciones humanitarias y la garantía efectiva de libertades fundamentales”

“Con la discreción que caracteriza a la Santa Sede, sería de gran valor que el Papa pudiera transmitir al presidente la importancia de una transición política ordenada, que permita al pueblo elegir libremente su futuro. La verdadera grandeza de un gobernante se mide por su capacidad de facilitar la renovación y de poner el bien común por encima de cualquier interés personal” 

“Un mensaje suyo, firme en lo moral y prudente en lo diplomático, podría abrir la puerta a una etapa de esperanza para todos los pueblos que conforman Guinea Ecuatorial”

Eduardo Losaha
Eduardo Losaha | VLG

Esta reflexión del sacerdote Eduardo Losaha la completo con esta entrevista

1. ¿Qué opina de la posible visita del papa León XIV a Guinea Ecuatorial?

Parece una iniciativa altamente relevante y especialmente oportuna en el momento que atraviesa Guinea Ecuatorial. El país vive una profunda crisis de valores cívicos, institucionales y morales que afecta a todos los órdenes de la vida social y política, y una visita papal podría convertirse en un poderoso estímulo de reflexión, esperanza y responsabilidad colectiva.

Pregunta. 2. En términos generales, ¿le parece acertada esta visita o aconsejaría no realizarla?

En mi opinión, diría que no es el momento oportuno. Pero, ya sabemos que los viajes papales nunca son casuales ni caprichosos. Responden siempre a un discernimiento profundo. Lo determinante en este caso serán los contenidos de los mensajes que el Santo Padre dirija a la población guineana y, muy especialmente, el impacto real que sus propuestas puedan tener en los distintos ámbitos de la vida nacional. La oportunidad de la visita papal se medirá, en última instancia, por su capacidad de generar procesos de mejora y conversión, tanto personales como estructurales. La visita podría servir para que el Santo Padre conozca de primera mano la realidad del país, no dejándose llevar por los informes oficiales, cuando no falsos edulcorados, que le llegan por los canales oficiales. No me cabe la menor duda que el régimen intentará aprovechar esa coyuntura para blanquearse. 

P. 3. ¿Qué le pediría al Papa para su visita? ¿Hacia dónde deberían orientarse sus discursos?

Hasta no hace mucho, Guinea Ecuatorial era, en términos porcentuales, uno de los países con mayor población católica del mundo. Ese capital espiritual se ha ido erosionando progresivamente hasta el punto de que hoy, para una población de poco más de un millón de habitantes, existe una proliferación desordenada de grupos religiosos que refleja una profunda crisis de la catolicidad.

En este contexto, considero que uno de los ejes fundamentales de los discursos de León XIV debería ser un análisis sereno pero firme de esa crisis de identidad católica. Junto a ello, el Santo Padre no debería eludir la cuestión de la mala gobernanza, ni la persistente vulneración de los derechos humanos, ni la imposición de la pobreza, ni la falta de libertades, animando al país a avanzar hacia una transición democrática inclusiva, fundada en la dignidad de la persona humana, la justicia y el bien común.

P. 4. ¿Qué cambios podría provocar —o desearía que provocase— esta visita en los ámbitos político, social y eclesial?

En el plano político, sería deseable un compromiso claro por parte del Presidente y su régimen para trabajar hacia un cambio de modelo político, orientado a una transición democrática y plural construida sobre amplios consensos nacionales. Debería ser el momento de pasar del eterno ensayo democrático a la democracia real, efectiva y auténtica.  

En el ámbito eclesial, la visita podría servir para reforzar la exigencia de una Iglesia más libre, profética y menos sometida al poder político, superando una actitud de acomodación y seguidismo que ha contribuido, en gran medida, a la crisis actual del catolicismo en el país.

Los frutos sociales vendrían como consecuencia natural de los avances en esos dos ámbitos: una sociedad más justa, inclusiva, reconciliada y con mayor confianza en sus instituciones.

P. 5. Desde la oposición en el exilio se ha denunciado una connivencia entre autoridades eclesiásticas y el régimen. ¿En qué se manifiesta ese servilismo?

La Iglesia no debería quedar imbricada en las dinámicas del poder profano. Como recuerda Jesús: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21).

Sin embargo, resulta evidente para la mayoría de fieles que la jerarquía de la Iglesia católica en Guinea Ecuatorial ha actuado en numerosas ocasiones como un instrumento de legitimación del poder político, contribuyendo a acallar conciencias a cambio de prebendas y protección: obispos y sacerdotes que van armados, templos construidos con fondos públicos, regalos de vehículos, etc. En términos generales —salvo contadas y silenciadas excepciones— no han sobrevivido en el país sacerdotes que han intentado ejercer su ministerio con plena libertad, espíritu profético y compromiso evangélico.

Filatelia Juan Pablo II en Angola
Filatelia Juan Pablo II en Angola

P. 6. Se cumplen 44 años de la visita de san Juan Pablo II a Guinea Ecuatorial. ¿Tuvo algún efecto? ¿Puede servir de referencia para León XIV?

Aquella visita se produjo en un contexto político y social mucho más relajado que el actual. Aunque tuvo un valor simbólico importante, dudo que de ella puedan extraerse enseñanzas prácticas directamente aplicables a la situación presente. A la vista está la falta de avance democrático y de alternancia en el poder, el mal uso de los recursos del país, la persistencia de la cultura de la muerte, etc. Por lo tanto, la visita de San Juan Pablo II no produjo cambios sociales y estructurales reales. El momento histórico que vive hoy Guinea Ecuatorial exige un enfoque distinto y más explícito y exigente. Espero que el Papa León XIV, iluminado por el Espíritu Santo, tenga un mayor acierto.

P. 7. Guinea Ecuatorial está formada por cinco pueblos distintos, pero el poder político y eclesial ha estado dominado por uno solo. ¿Qué puede hacer el Papa ante esta realidad? ¿Puede el nombramiento de obispos abrir una puerta al reconocimiento de todos los pueblos?

El Papa debería llevar un mensaje claro de reconciliación entre pueblos que han sido artificialmente enfrentados por una dictadura que, en última instancia, empobrece y daña a todas las comunidades sin excepción.

Sería deseable promover un diálogo nacional interétnico inclusivo, una verdadera “sentada” de los distintos pueblos –sujetos- del país, con la mirada puesta en un nuevo comienzo basado en pactos amplios que faciliten una gobernanza justa y compartida.

En el ámbito eclesial, la falta de representación plural ha sido también un factor de discriminación. Desde 1968, con la excepción de monseñor Vicente Bernicorn, que sólo duró dos años, todos los obispos han pertenecido y pertenecen al mismo grupo étnico, el fang (Rafael María Nze abuy, Ildefonso Obama Obono, Anacleto Sima Ngua, Juan Matogo Oyana, Alfredo María Oburu Asue, Juan Nsue Edjang Mayé, Juan Domingo-Beka Esono Ayang, Calixto Paulino Esono Abaga Obono, Miguel Ángel Nguema Bee). El Evangelio nos fue anunciado como una buena noticia para todos, pero hoy muchos fieles perciben que no ha sido vivido así. El nombramiento de obispos de otras etnias podría, sin duda, convertirse en una puerta de esperanza para el reconocimiento efectivo de estos cinco pueblos que configuran Guinea Ecuatorial. Espero que la próxima nominación sea de otra etnia. Hay sacerdotes annoboneses, endoés y bubis idóneos, válidos y capaces.

P. 8. Para terminar, ¿qué podría ocurrirle si decidiera estar en Guinea Ecuatorial durante la visita del Papa?

Sinceramente, no lo sé. Quizás podría ser que yo pasara desapercibido. Pero, no dejaría de suponer un riesgo real para mi integridad personal. Volver en esas circunstancias sería, de manera fortuita, arriesgarme el pellejo. Espero que el día que se me ocurra visitar el país, no tenga que lamentar nada. Actualmente estoy ejerciendo mi ministerio sacerdotal, con lealtad y fidelidad a la Iglesia en la diócesis de Bilbao, como Vicario judicial y párroco en un barrio de Bilbao, donde me encuentro realmente a gusto.

Unos días más tarde de hacerle la entrevista Eduardo me compartía estas reflexiones que inciden también en las preguntas que le hice. Lo comparto íntegro porque considero que aportan algo nuevo a lo ya dicho en la entrevista. Aunque al lector le suenen los argumentos insisto en reproducir lo aportado. 

¿Debe el Papa viajar a Guinea Ecuatorial?

Razones para reconsiderar una visita que podría legitimar una dictadura.

La posible visita del Papa León XIV a Guinea Ecuatorial en los próximos meses está generando preocupación entre los fieles, activistas y observadores internacionales. 

Aunque un viaje papal suele interpretarse como un gesto pastoral y de cercanía hacia los pueblos, en este caso concreto existen razones de peso para considerar que la visita podría tener efectos contraproducentes tanto para la población como para la propia Iglesia católica.

Guinea Ecuatorial vive bajo una de las dictaduras más longevas del mundo. Desde 1979, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo gobierna el país tras derrocar a su tío, Francisco Macías Nguema, en cuyo régimen Teodoro Obiang ya había sido responsable de graves violaciones de derechos humanos. Yo mismo he tenido la suerte de conocer en persona a dos viudas que identificaron al asesino de sus respectivos esposos, Maria y Ana. Me relataron cómo el entonces Teniente Coronel, jefe militar de la región insular y viceministro de defensa nacional, Teodoro Obiang, pistola en mano, entró en la casa les hizo tumbarse en la cama les disparó directamente en el corazón, para, posteriormente, hacer ver que la herida fue para practicarles la autopsia.

Diversas organizaciones internacionales han documentado durante décadas:

- Asesinatos y desapariciones forzosas a políticos, empresarios, intelectuales.

- Torturas sistemáticas en centros de detención, cuarteles militares, cárceles.

- Persecución de opositores, incluidos secuestros de disidentes en el exilio.

- Procesos judiciales sin garantías de ningún tipo, y encarcelamientos arbitrarios.

A pesar de los repetidos anuncios de “apertura democrática”, cada intento de retorno de opositores al país ha terminado en detenciones, torturas y asesinatos. La lista es larga. Personalmente, he conocido a varios. La represión no es un fenómeno aislado, sino un patrón estructural.

El presidente Obiang ha sido señalado por múltiples fuentes por comportamientos incompatibles con los valores cristianos y con la dignidad humana. Entre las acusaciones que circulan desde hace décadas se encuentran:

- Violencia sexual y abuso de poder. Personalmente, he conocido una mujer que, con 16 años, fue violada sin ningún tipo de piedad por el Presidente Obiang. Fruto de esa violación, nació un niño. Ese hecho ocurrió en el llamado Palacio de la Paz o de la Amistad, algo así, que se encuentra al lado del antiguo obispado. Conocí personalmente a la mujer que envió el presidente para que, acompañada de miembros de la seguridad presidencial, introdujera a la muchacha en las estancias de dicho palacete. Donde entró el Presidente para ejecutar su macabra acción. He sabido de este hecho por la misma joven que me lo contó pocos años después de los hechos, cuando era párroco de la Catedral de Malabo. Tuve la suerte de preguntar a la mujer, y me lo confirmó. Ese palacio, testigo de la ignominia, ha sido regalado al arzobispo de Malabo, Juan Nsue Edjang. 

- Paternidad de decenas de hijos fruto de relaciones marcadas por la desigualdad extrema.

- Prácticas de brujería y rituales ajenos al cristianismo, reconocidas incluso por miembros de su entorno, sus propias hijas. Por ritual, ha sido siempre el primer hombre que tenía que acostarse con sus hijas. Lo cuentan las propias hijas.

- Acusaciones de canibalismo provenientes de su propio grupo étnico, hecho también contado por sus propias hijas, desde los años noventa, que, aunque difíciles de verificar, reflejan el clima de temor, terror y opacidad que rodea al régimen.

Este conjunto de elementos plantea una pregunta inevitable:

¿Puede la Iglesia permitir que una visita papal sea utilizada para lavar la imagen de un líder acusado de violaciones tan graves?

La Iglesia católica en Guinea Ecuatorial, lejos de actuar como contrapeso moral, se encuentra en muchos casos subordinada al régimen. Entre los problemas señalados por fieles y observadores:

- Clero alineado con el poder, participando en actos oficiales y legitimando al gobierno.

- Discriminación étnica en los nombramientos episcopales, con todos los obispos y secretarios y demás de Conferencia episcopal guineana pertenecientes al grupo fang, el mismo del presidente, lo que refuerza la percepción de una Iglesia capturada por el poder. En las reuniones de los obispos sólo se habla el fang.

En este contexto, una visita papal podría interpretarse como un respaldo implícito a una jerarquía eclesiástica que no representa adecuadamente a todos los fieles ni actúa con independencia moral.

La visita de Juan Pablo II a Guinea Ecuatorial en 1982 no produjo mejoras significativas en la situación del país.

No hubo avances en el respeto a los derechos humanos, ni apertura política, ni fortalecimiento de la Iglesia local frente al poder.

El régimen utilizó la visita como un gesto de legitimación internacional, sin asumir compromisos reales.

Este precedente invita a la prudencia: ¿por qué pensar que ahora sería diferente? Una visita papal, en las circunstancias actuales, podría:

- Ser instrumentalizada por el régimen para reforzar su imagen internacional.

- Desmoralizar a la población, que podría interpretarla como un apoyo tácito al poder. Las alegrías y euforias que está mostrando la gente con el anuncio de la visita papal, es artificial y pura superficialidad. Las mujeres que van a bailar ante el papa, son las mujeres de los miles de militares y funcionarios del Gobierno.

- Debilitar la credibilidad de la Iglesia, especialmente entre quienes sufren persecución o injusticia. Es bueno que el Santo Padre sepa que el pueblo llano está exhausto, ya sin capacidad de acción o reacción. Son ya cincuenta y siete años y seis meses de permanente opresión. El pueblo fiel/llano ha normalizado esa situación injusta. 

- Ignorar la diversidad étnica y social del país, reforzando estructuras de exclusión.

La misión de la Iglesia es acompañar a los pueblos, pero también defender la dignidad humana y denunciar la injusticia, acción profética. Una visita que no vaya acompañada de exigencias claras y públicas podría contradecir esa misión.

A la luz de los hechos históricos, la situación política y el estado de la Iglesia local, numerosos fieles consideran que el Papa no debería viajar a Guinea Ecuatorial en este momento. Se ha vivido con mucho malestar las visitas que ha realizado la familia del presidente al Vaticano, apareciendo fotografiado el Santo Padre con esos personajes causantes de la miseria que vive la población guineana en general. Un país de apenas un millón de habitantes, que llegó a producir un millón de barriles de petróleo por día durante un par de décadas (años 90 y 2000), mientras que la población vive con menos de un dólar al día, muy por debajo del umbral de la pobreza. 

La visita no aportaría beneficios reales a la población ni a la cristiandad, y sí podría servir como un nuevo lavado de imagen para un régimen marcado por la represión, la corrupción y la violación sistemática de los derechos humanos.

La Iglesia tiene la responsabilidad moral de no legitimar estructuras de opresión. Que son estructuras de pecado. En este caso, la prudencia pastoral y la defensa de la dignidad humana aconsejan aplazar o cancelar la visita hasta que existan condiciones que garanticen que su impacto será verdaderamente positivo.

Es bueno que el Santo Padre sepa que el Presidente lleva cuarenta y seis años en el poder, y treinta y cuatro años haciendo lo que él mismo llama ensayo democrático, y desde entonces y hasta ahora no se ha puesto en marcha o en práctica la democracia.

Que el Santo Padre sepa que Guinea Ecuatorial no cumple los estándares mínimos para que se considere como un Estado de Derecho, ni Democrático ni Social: sistemática violación de los derechos humanos y las libertades individuales y colectivas; no hay elecciones libres ni transparentes; no hay un sistema de salud y un sistema educativo homologable; todos los poderes del Estado están concentrados en el Presidente, su familia, su clan y su tribu.

La convivencia interétnica está quebrada desde su origen hasta hoy. Esta convivencia está muy marcada por la desconfianza en su grado absoluto. La Iglesia debería hacer la labor de mediación para un diálogo interétnico franco, abierto, sincero y honesto. Todos los prelados guineanos, en su conjunto, no son capaces de ejercer esa labor de mediación que requiere imparcialidad, sinceridad y honestidad. Están todos viciados por el mismo mal de los que ostentan el poder en Guinea, que es tribal. Por lo que, el Vaticano y la Santa Sede tendrían que buscar la manera de articular esa labor de mediación y promover y encabezar ese diálogo interétnico. Los pueblos no fang, mal llamados tribus y minoría étnica, están desapareciendo y no tienen libertad para desarrollar su cultura, su tradición, su idiosincrasia, su sociedad, su economía, y un largo etcétera, en su propio territorio histórico y ancestral. Todos ellos Derechos reconocidos internacionalmente para todos los pueblos. 

La Iglesia, con el Santo Padre a la cabeza, es la última esperanza que queda para los sufridos pueblos de Guinea Ecuatorial. Si, desde la Iglesia no se hace nada hoy, el día que se produzca un cambio político en Guinea Ecuatorial, sea cruento o incruento, la Iglesia católica sufrirá las nefastas consecuencias de este maridaje que vive hoy con la dictadura irracional, cruel, sanguinaria y déspota de Teodoro Obiang y su familia.

Non solum sed etiam 

Aunque en un tono más conciliador, más propositivo pero sin dejar de ser crítico con el gobierno de su país, las aportaciones de Eduardo Losaha son también un grito del pueblo de Guinea Ecuatorial en el exilio. 

Menos beligerante que el de Aquilino pero igualmente contundente y acusador. 

Sabemos que es difícil que estos artículos lleguen a los ojos y los oídos del Papa, pero si llegase a alguien con capacidad de decisión le invitaría a preguntarse ¿qué pasaría si personas como Aquilino o Eduardo fuesen invitadas a formar parte del séquito papal en la visita a Guinea Ecuatorial? Quizá su sola presencia junto al Santo Padre sería toda una declaración de intenciones y respondería a las demandas que una parte importante del pueblo Guineano hace a la Iglesia. 

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