Y tras la visita del Papa, ¿Ahora qué?
“Entrar en diálogo”, todos.
Y tras la visita del Papa, ¿Ahora qué?
La visita del Papa a España, y sobre todo sus discursos, han dado pie a múltiples comentarios y declaraciones de todo tipo, signo, ideología, visión e incluso manipulación en algunos casos. Esto me ha llevado a pensar en una idea que ya los papas, no solo León XIV sino sus antecesores también han defendido: la importancia del diálogo.
Necesitamos “entrar en diálogo”, pero no solo de la Iglesia con el Mundo, hay necesidad de diálogo interno en la Iglesia, de diálogo con la cultura, con la política, con los medios de comunicación, …; diálogo en las escuelas, en las parroquias, en los centros cívicos, en los parlamentos, en el bar, en el autobús, el metro o el tren, en casa.
Hay una expresión recurrente que he podido escuchar en medios de comunicación y leer en grupos de whatsapp: “El Papa (la Iglesia) ataca … tal o cual postura política, ley o ideología”. Y no, precisamente el Papa NO ATACA, tan solo expone, comparte, anuncia o denuncia. Pero incluso una denuncia no tiene por qué ser un ataque, como el Papa León lo hace, denuncia, pero no ataca. Discrepa de las ideas pero respeta a las personas que tienen ideas diferentes e incluso contrarias.
La mayoría de las exposiciones que hace la Iglesia y que “molestan” a algunos son afirmaciones que parten de unas premisas que ya de inicio no se comparten. El claro ejemplo del aborto:
Aceptar el aborto como solución y respuesta a situaciones que son un problema ajeno a la concepción parte de la premisa de que para la Iglesia desde el momento de la concepción ya hay vida humana pensada por Dios. Para Dios, ese feto en gestación es un ser individual y reconocido su derecho a existir. Esta afirmación va encontrando cada véz más respaldos científicos que la avalan, no es una simple teoría que parta de una concepción religiosa, empezamos a tener pruebas científicas de que en el momento de la concepción el ser humano se hace cuerpo, además de alma. Otras ideologías parten de deshumanizar al feto para convertirlo en “algo” prescindible a voluntad. La Iglesia defiende el derecho de la mujer, pero también el del nasciturus. Partimos de premisas diferentes que necesariamente dan posturas diferentes. Pero también que determinan un modelo de sociedad diferente. Y ahí es donde tiene legitimidad la palabra de la Iglesia en todos los foros de la sociedad. Incluido un parlamento.
En el fondo la Iglesia no se opone a que haya una legislación que regule el aborto, pero propone que se haga desde una defensa de la vida, no de la muerte. Es decir, que la ley busque dar soluciones a los problemas externos a la concepción del nuevo ser que han provocado que la madre no encuentre más salida que deshacerse de su hijo. Muchas ideologías tienen miedo y rechazan usar estos términos, porque hablar de “madres”, de “hijos” y también de “padres”, es humanizar el hecho del embarazo y su entorno. Y si humanizamos se nos caen los argumentos para eliminar vidas humanas y para algunos hacer negocio de ello.
Al deshumanizar al feto se deja vía libre a una decisión unilateral que muchas veces se toma por presión de otras personas o circunstancias (que podrían quedar subsanadas con un buen sistema social, sanitario, económico, …) y otras veces, no vamos a negarlo, por comodidad de optar por una “solución rápida” y “respaldada socialmente”. ¡Qué fácil es respaldar las decisiones del prójimo cuando uno no se va a ver afectado por ellas! Pero para muchas mujeres decidir abortar no es fácil, pero sobre todo deja secuelas que el sistema no ayuda a sobrellevar o lo hace con pastillas.
La Iglesia lo que defiende es que esto no es un triunfo social, es un fracaso social. Y no juzga a ninguna de las personas que intervienen en la historia. Pero denuncia que ese no es el camino correcto para ser una buena humanidad.
Sí, algunas personas afines a ideologías políticas extremistas se ponen la capa de la ideología religiosa para “atacar al contrario”. Pero ese no es el estilo de la verdadera Iglesia. El diálogo que propone la Iglesia lo ha definido León XIV en sus discursos ante el Rey y el cuerpo diplomático (1) y ante la clase política en el Congreso:(1) “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad.”; (2) “la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral. Reclama una palabra pública que respete a quien piensa distinto, instituciones puestas al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación y una vida social capaz de sostener la amistad cívica y el respeto mutuo en medio de la discrepancia.”
La verdadera Iglesia denuncia, sí, pero no ataca. Entender esto creo que es fundamental para poder “entrar en diálogo”. Un diálogo entre iguales, que es como hay que plantear los diálogos. No se trata de adaptar leyes o políticas a credos concretos, eso es el Islam y ya vemos sus consecuencias cuando al mando están radicales. El objetivo es buscar los criterios que respondan a una concepción más humana de la convivencia (3). Y la Iglesia propone que defender la vida por encima de la muerte nos hace más humanos; defender la igualdad de derechos nos hace más humanos (sí, ya lo sé en su regulación interna tiene deudas pendientes, como la igualdad de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la institución, pero por eso también hay una demanda de diálogo interno, para llegar a hacer una Iglesia más humana, y consecuentemente más fiel al Evangelio); defender la libre circulación de personas y bienes; la defensa del Planeta y de sus recursos naturales nos hace mejor humanidad; el reparto de la riqueza nos hace más humanos; educar en valores nos ayuda a construir un futuro más humano. (3) “Aquí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida. Por eso, más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes.”
Y para eso es importante “entrar en diálogo”. La institución del papado en las últimas décadas especialmente, y la figura de los papas, de los últimos en particular, son un referente mundial de la apuesta por el diálogo. Han promovido el diálogo entre las iglesias cristianas, ecumenismo; el diálogo entre religiones diferentes; el diálogo entre las naciones antes, durante y después de los conflictos; el diálogo con la cultura, con la ciencia, con las artes y el deporte.
La visita de León XIV no tiene como únicos destinatarios a los cristianos españoles, ni siquiera a los ciudadanos del Estado Español. El Papa, cada vez que habla, lo hace para el Mundo. Todas las naciones de la Tierra pueden sentirse interpeladas en los discursos pronunciados estos días. Todos los hombres y mujeres del mundo estamos llamados a “entrar en diálogo” mutuo que nos haga “alzar la mirada” y “ser más humanos”.
Mi “non solum sed etiam” se lo dedico con afecto a los que “rabian” por el recibimiento que tanto las instituciones y personalidades públicas como una parte importante del pueblo le ha dispensado al Papa León XIV.
No os hagáis mala sangre, no os provoquéis una úlcera de estómago, no os resistáis a las evidencias, no merece la pena. Abriros al diálogo, al encuentro con los que no pensamos como vosotros. Arriesgaros a que os podáis encontrar con cuestiones para las que no encontréis una explicación ni racional ni científica, aceptar deportivamente que para muchas personas la Fé es un hecho real, y Dios, para ellos (nosotros) existe, aunque tu seas incapaz de verlo ni sentirlo. Y entra en diálogo, eso no te hará creyente, pero sí más humano.
También te puede interesar
Y tras la visita del Papa, ¿Ahora qué?
“Entrar en diálogo”, todos.
Cobertura impecable de la radio televisión pública de la visita del Papa
¡Gracias a los medios de comunicación (en particular a RTVE), buen trabajo!
Desde el 8 al 12 de junio se celebra la Semana Internacional de los Archivos
Anabella Barroso, presidenta de la Asociación de Archiveros de la Iglesia en España: “Pensar en el futuro es la clave”
Sobre “Surrexit”, una mirada propositiva
Surrexit, el PDE de Vitoria que “se olvida” de las Misiones Diocesanas Vascas y de más realidades diocesanas
Lo último