Desde Lima buscan contactar con los devotos del Señor de los Milagros repartidos por el mundo
Octubre el mes morado para los peruanos
En una entrevista con Alejandro Sánchez, coordinador general de las hermandades del Señor de los Milagros en el Mundo conocemos algo más sobre esta devoción que siguen millones de personas.
Corría el año de 1650, Lima era una ciudad, cuya población estaba formada por unos dos mil españoles, unos siete u ocho mil entre criollos y mestizos, los otros veinticinco mil habitantes eran los llamados indios y esclavos negros, siendo los esclavos de origen africano unos quince mil, vivian a las afueras de la ciudad.
Este era el marco en el que se inscribe la historia del origen de la pintura que más tarde se convertiría en uno de los iconos de, quizá, una de las devociones cristianas más multitudinarias de la Iglesia.
Cuenta la historia que unos negros llegados de Angola se agremiaron y constituyeron en cofradía, levantando en aquel sitio una tosca ramada, donde tenían sus juntas y reuniones. Tales congregaciones de personas tenían como fin el culto, la ayuda mutua, la atención a sus enfermos, la organización de sus entierros, la mayoría de esclavos habían abrazado el cristianismo, no obstante, podía encontrarse en las paredes figurones que representaban sus reyes imaginarios, sus batallas y sus regocijos. No era infrecuente la sospecha de que mezclaban el cristianismo con sus religiones de origen, lo que llamamos: sincretismo religioso.
Se desconocen muchos detalles del edificio al que pudo pertenecer la imagen del Cristo crucificado que hoy se conserva en la conocida como basílica de las nazarenas. Pero todo apunta a que en la mano anónima de uno de los esclavos angoleños está la autoría de esta obra de la que ya hay constancia de su existencia en el año 1.651.
Pero esta pintura adquiere su fama y empieza a encontrar devotos que la veneran a raíz del terremoto que el 13 de noviembre de 1655 barrió Lima y el Callao. Muchos edificios se vinieron abajo, entre ellos la iglesia en la que se encontraba esta pintura, en la que solo quedó en pie la pared donde está este fresco que hoy se sigue venerando.
Algunos estudios no fijan la devoción hasta 1671 cuando también al parecer al Cristo original se le añadieron las imágenes de la Virgen Dolorosa y de Santa María Magdalena a ambos lados del crucificado.
La imagen empieza a congregar fieles y en su entorno se celebran rezos y cantos que a los guardianes de la fe y el decoro religioso de la época no les parecen apropiados y mandan borrar la imagen de la pared. Las crónicas relatan que todos los intentos fueron vanos y quienes pretendían obedecer la orden de hacer desaparecer la imagen sufrían mareos o les entraban temblores incapacitantes para hacer el encargo.
El Virrey del Perú , Conde de Lemos, celoso guardián de la Religión y las buenas costumbres, que había declarado la prohibición de estas reuniones fue informado de los contratiempos y quiso ser testigo directo de los prodigios que le relataban.
El mismo virrey ordenó que no fuera movida del lugar la imagen y ahí se le rindiese culto. Erigiendo una capilla, de manglares y esteras que fue inaugurada el 14 de Setiembre de 1671 fiesta de la exaltación de la Cruz.
No sería hasta diez años más tarde que se encarga hacer una capilla en condiciones para resguardar la imagen y facilitar el culto a la misma.
El 20 de octubre de 1687 un nuevo terremoto sacude la ciudad de Lima y el Callao con más de 1000 víctimas registradas. Nuevamente el mural queda en pie, lo que se interpreta como un nuevo designio divino. Y para ensalzar este hecho se organiza una procesión portando una réplica del fresco. Ahí nacen las, hasta hoy, tradicionales procesiones del mes de octubre.
La historia del hábito morado y de las “nazarenas” tiene nombre propio: Antonia Lucía Maldonado de Verdugo, nacida en Guayaquil, Ecuador. Huérfana de padre llegó a Callao donde se casó con un hombre piadoso que respetó los deseos de su esposa de vivir en castidad y volcada al servicio de Dios. Ella eligió una vestimenta morada, que su esposo respetó y las autoridades eclesiásticas admitieron como hábito. Al morir el esposo Antonia Lucía constituyó el beaterio de Monserrate adoptando el hábito morado como distintivo y mantenido posteriormente por todos los cofrades.
En 1702 ocuparían el edificio actual, convento de las Nazarenas tras una donación generosa de terrenos y espacios.
En 1746 un nuevo terremoto afectó al templo y convento de las nazarenas que hubo de ser reparado y en la procesión llevada al año siguiente a la réplica del Señor de los Milagros se le incorporó en el reverso la imagen de Ntra. Sra. de la Nube devoción importada de Ecuador por Antonia Lucía. En 1771 se inauguró el definitivo templo que hoy visitan millones de devotos llegados de Perú y de otros lugares del mundo.
Se dice que allí donde va un peruano viaja con él la devoción del Señor de los Milagros. Pero no ha sido hasta el 2023 cuando se ha iniciado un contacto con las cofradías y agrupaciones del Señor de los Milagros de los peruanos en la diáspora.
En una entrevista con D. Alejandro Sánchez, Coordinador General de las Cofradías del Señor de los Milagros por el mundo conocemos este trabajo que ha logrado ya contactar con 90 cofradías dispersas por el mundo aunque se estima que habrá más de 300.
D. Alejandro aprovecha este mes de octubre para lanzar el mensaje y que aquellos peruanos que tengan sus grupos de devoción al Señor de los Milagros contacten a través de los actuales medios de comunicación con Lima y sumarse a los actos que de manera telemática llevan organizando desde la pandemia.
Para el próximo año 2027 tienen programado el Primer Encuentro Mundial de Hermandades del Señor de los Milagros, que se proyecta realizar conjuntamente con la Hermandad del Señor de los Milagros de Nazarenas en el mes de junio de 2027, en la ciudad de Lima, Perú. Este encuentro representa un nuevo paso en el camino de unidad iniciado durante aquellos difíciles años de pandemia y constituye una oportunidad para que hermanos de diferentes ciudades, países y continentes puedan encontrarse, compartir experiencias, fortalecer sus vínculos y celebrar juntos la fe y devoción hacia nuestro Señor de los Milagros.
Non solum sed etiam
Desde hace años conozco y he participado en la procesión del Señor de los Milagros que la comunidad peruana afincada en Vitoria-Gasteiz ha ido consolidando como una cita religiosa más integrada en el calendario de festividades de la parroquia de Santa María del Casco Viejo de la ciudad. Decenas de peruanos ataviados con su hábito morado acompañan a una réplica de la imagen que sale de las nazarenas en Lima cada año ante el fervor de millones de personas.
Por eso, aprovechando mi paso por la capital peruana no podía menos que acercarme a la Basílica del Señor de los Milagros, donde comprobé varias cosas con mis propios ojos: el contínuo río de personas que se acercan a rezar; que la basílica no es de gran tamaño y que se encuentra en una esquina confluencia de calles que la hacen casi pasar desapercibida en el urbanismo limeño; y que la imagen original de la pared es mucho más hermosa que las réplicas que procesionan. Para mi gusto no hacen justicia a la delicadeza del fresco pintado por el esclavo angoleño.
Tuve la oportunidad de entrevistar a D. Alejandro Sánchez y a D. José Vicente Soto Parra que hasta hace poco años era el Mayordomo Mayor de las Nazarenas y que también me dió unas palabras para todos los peruanos en la diáspora.