Una historia que ha hecho Historia en la Iglesia no se debe ningunear
La pequeña gran diócesis de Vitoria
Una historia que ha hecho Historia en la Iglesia no se debe ningunear
Vitoria-Gasteiz/ La Diócesis de Vitoria comprende al territorio de Álava más el enclave vizcaíno de la ciudad de Orduña y el Condado de Treviño y la Puebla de Arganzón pertenecientes a Burgos.
Antes de ser erigida como diócesis estas tierras estuvieron ligadas a otros obispados como el de Calahorra. El 8 de septiembre de 1861 el papa Pío IX mediante la bula “In celsísima” la convirtió en Diócesis. Algo que podría haber ocurrido siglos antes cuando Adriano VI al parecer prometió otorgar esta categoría cuando asumiese el papado que se le anunció estando de visita precisamente en la ciudad de Vitoria (1522).
También algunas fuentes han apuntado que Vitoria pudo haber sido erigida como Archidiócesis antes de que se designase a Pamplona. Pero las políticas de toda índole siempre han afectado a la historia de este territorio.
Vitoria siempre ha sido una pequeña diócesis, pero no una diócesis cualquiera y de eso va este artículo.
Siendo cabecera de las provincias vascas albergó un Seminario y una Facultad de Teología que ha dado a la Iglesia no solo muchas vocaciones sino relevantes eclesiásticos y aportaciones teológicas de alto nivel. Algunas tuvieron su trascendencia tras el Concilio Vaticano II.
No voy a ser extenso pero sí voy a ofrecer algunas pinceladas de algunos de los aspectos que hacen de Vitoria una diócesis singular en la Iglesia universal:
El movimiento sacerdotal que se extendió por toda España: surgió en la diócesis de Vitoria a principios del siglo XX como iniciativa de grupos de amistad sacerdotal impulsados por el P. Rufino Aldabalde y vinculados al Seminario diocesano.
Este movimiento buscaba la renovación interior y la santificación del clero mediante ejercicios espirituales, formación permanente, vida de oración y una conciencia fuerte del carácter sacerdotal (Eucaristía, unión con Cristo y reparación).
Se difundió de manera particular a través de la revista Surge, reuniones sacerdotales y misiones diocesanas, extendiéndose posteriormente a otras diócesis españolas y promoviendo obras pastorales en barrios y misiones en América África.
El impacto que produjo en el clero español fue grande. Fomentó la formación espiritual y pastoral del presbiterio, contribuyó a la sensibilidad misionera de muchos sacerdotes y al resurgir de iniciativas diocesanas de evangelización y atención social; dejó huella en la cultura formativa de seminaristas y párrocos en España.
Si bien es cierto que la sequía vocacional y el secularismo no ha permitido dar continuidad a este movimiento sin embargo en muchos sacerdotes permanece de alguna manera el espíritu suscitado entonces y se mantiene la tradición de encuentros sacerdotales, revistas de espiritualidad y las residencias sacerdotales en Vitoria serían un legado de todo esto y perduran como parte de su legado formativo.
Las Misiones Diocesanas Vascas. Aunque su año de creación se sitúa en 1948 el espíritu misionero diocesano se venía fraguando años atrás. Y la historia permitió que Vitoria sea la primera diócesis en la historia de la Iglesia en asumir y en recibir la encomienda de un territorio de misión. La cantera de misioneros y misioneras del País Vasco y de Navarra es sobradamente conocida y se remonta a muchos siglos atrás. Pero el hito alcanzado por la Diócesis de Vitoria quedará para los anales de la historia de la Iglesia.
Nuevamente el descenso de vocaciones también ha afectado al descenso de vocaciones misioneras, pero no al compromiso misionero de las iglesias diocesanas de Bilbao, San Sebastián y Vitoria. El curso Norte Sur ha dado oportunidad a muchos laicos de vivir una experiencia de cooperación, de voluntariado y de experiencia misionera para quien ha querido vivirla así.
Algunos de esos misioneros han optado por seguir vinculados a aquellas tierras a las que han servido y dedicado su vida. Otros han regresado y han puesto al servicio de la comunidad su experiencia misionera para hacer una iglesia diocesana más rica. Hoy son los que conectan mejor con muchos de los nuevos feligreses llegados desde el otro lado del charco.
Las aportaciones culturales del clero vasco han sido muchas, diversas y muy reconocidas: Desde las aportaciones a la lengua vasca , desde las aportaciones a la creación del Batua tras el acceso en la liturgia a las lenguas vernáculas hasta los estudios lingüísticos de la Academia Vasca de la Lengua, Euskaltzaindia.
Los estudios antropológicos y arqueológicos con figuras tan relevantes y reconocidas como D. José Miguel de Barandiarán. La antropología ha cautivado a muchos sacerdotes que hoy siguen aportando su granito de arena con sencillas publicaciones.
En el mundo de la música la aportación a la música sacra, a la música coral desde el Seminario Diocesano es un hecho reconocido por la Iglesia y por la sociedad vasca.
Y sobre todo grandes teólogos que han salido y han enseñado en las aulas del Seminario Diocesano de Vitoria. Y cuyos trabajos han sido tenido en cuenta en Roma y en otros foros de Europa y Latinoamérica.
El cooperativismo como propuesta empresarial de inspiración cristiana. Arizmendiarrieta es el apellido del cooperativismo que hoy sigue siendo una referencia universal, aunque como en Euskadi no ha funcionado en ninguna parte. Y todo nació gracias a la visión pastoral y empresarial de un sacerdote ligado a la Diócesis de Vitoria.
La formación profesional con su impulsor Pedro Anitua que hoy continúa en una realidad más amplia llamada Egibide.
La pastoral social ha sido un eterno referente en la identidad sacerdotal del clero vasco y del clero alavés en particular. Mi madre recordaba con cariño las historias del obispo Bueno Monreal, posteriormente Arzobispo de Sevilla, que bajaba hasta las fábricas de las entonces afueras de la ciudad y regresaba al Casco Viejo, al obispado, charlando con los trabajadores. Nombres como Ricardo Alberdi o Carlos Abaitua serán por siempre recordados e inspiradores de realidades nuevas que han ido surgiendo en la Diócesis como el proyecto Berakah puesto en marcha por “san” José Ángel López de Lacalle. El Secretariado Social Diocesano o la Delegación de Ecología integral que ha sido pionera en la concientización para la implementación del uso de energías renovables en las parroquias y una cultura Laudato Sí. Berri Ona, un proyecto que va a cumplir diez años como propuesta alternativa a las parroquias para una pastoral de cercanía, para una pastoral en las periferias.
La pastoral obrera, si bien Vitoria no fue un referente de la lucha beligerante y comprometida del clero vasco. Ninguno dió con sus huesos en la cárcel de Zamora. Pero sí siempre ha existido un compromiso con la lucha obrera y el mayor y más desgraciado exponente se sitúa en el 3 de marzo de 1976. Pero las parroquias de los barrios periféricos (en los 60 claro) eran todas de un marcado carácter obrero.
La pastoral parroquial. La parroquia de Los Desamparados de Vitoria puso en marcha un consejo parroquial antes de que fuese respaldado por el Concilio Vaticano II y sus servicios sociales la convirtió en el “primer centro cívico de la ciudad” con su dispensario, guardería, comedor social, bar parroquial, teatro y cine, …; la parroquia de Los Ángeles impartía unos cursillos prematrimoniales que eran un referente; La parroquia de El Pilar rivalizaba con los Desamparados y era una oferta atrayente para la catequesis de primera comunión de un sector de la feligresía vitoriana; el material de catequesis elaborado por las Diócesis vascas fue muy bien valorado en su momento.
El listado de sacerdotes y laicos ligados a Vitoria que han tenido su relevancia dentro y fuera de la diócesis es significativo. Y todo eso forma parte de nuestra historia, una historia que hoy parece querer dejarse en el olvido o como mucho en las hemerotecas.
Las pastorales conjuntas de los obispos vascos han sido un referente de palabra de pastor, con sus luces y sus sombras. Pastorales en las que trabajaban obispos, vicarios y otros colaboradores expertos para darle contenido y profundidad a los textos.
En esta diócesis se han hecho centenarios movimientos como la Adoración Nocturna y se han mantenido con fervor devociones a la Virgen del El Carmen, a la Milagrosa y por supuesto a las patronas de la ciudad y la provincia con actividades como Bihotzetik Bihotzera que hacía peregrinar durante la noche a cientos de alaveses hasta el cerro de Estíbaliz.
Prelaturas y movimientos varios han tenido su espacio pero no ha recaído sobre ellos las líneas diocesanas ni de la caridad, ni de la catequesis, ni de la pastoral con jóvenes, …
No se trata de vivir del pasado ni del recuerdo nostálgico, porque hoy muchas realidades actuales son herederas de ese pasado: Berakah, Berri Ona, Krisare (herederos del Foro Religioso Popular que durante 20 años puso en Vitoria unas jornadas de reflexión y teología de frontera, de periferias, adelantándose a un todos, todos, todos, aunque a ellos no los consideraban parte del todo algunos). De hecho la llegada de nuevas propuestas evangelizadoras ha venido de la mano de personas que han estado ( o siguen estando) ligadas a la Adoración Nocturna, a la Adoración Perpetua, a las Cofradías marianas y penitenciales, a las devociones a la Virgen del Carmen, la Milagrosa y san Pancracio. Que la vida diocesana no se ha parado nunca, ha estado públicamente en las catacumbas en algunos casos, o en las casas particulares, pero ha seguido estando viva. Solo hacía falta remover las brasas y no intentar hacer un fuego nuevo.
No se trata de nostalgias sino de reconocer que todos caminamos a hombros de gigantes, de recoger el testigo y mantenerlo en lo que haya que mantener y actualizarlo en lo que haya que actualizar.
Estamos orgullosos de nuestro pasado y de nuestra gente, de nuestros sacerdotes y eso es lo que deseamos de quien quiera liderar la marcha de la Iglesia en Vitoria. Toda esta historia no podría haber existido ni con un clero vago ni con un episcopado amargado. Las discrepancias siempre han existido y se han dialogado y respetado.
La historia de la Diócesis de Vitoria no empezó hace 10 años.
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