Fallece el sacerdote alavés Saturnino Gamarra
Satur Gamarra. Toda una vida al servicio del clero y de las almas
Fallece el sacerdote alavés Saturnino Gamarra
El pasado 21 de marzo fallecía el sacerdote alavés Saturnino Gamarra Mayor a los 93 años. Nacido en Trocóniz (Álava) en 1933. Cursa teología en el Seminario de Vitoria, y amplía los estudios de teología y de espiritualidad en la Universidad Gregoriana de Roma donde fue enviado por el entonces obispo Monseñor Peralta. Allí se doctora en 1967. Fue catedrático y Decano de la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Vitoria, director espiritual del Seminario durante casi 35 años y director de Surge, revista de espiritualidad sacerdotal.
Dentro de su actividad literaria se podrían destacar obras como: «Origen, contexto del movimiento sacerdotal de Vitoria» (Vitoria 1981) y numerosas colaboraciones en revistas sobre la espiritualidad en general y sobre teología y espiritualidad del sacerdote. En la revista Surge hizo numerosos artículos recordando figuras sacerdotales del pasado en Vitoria a las que recordaba y veneraba como referentes no sólo sacerdotales, sino cristianos e intelectuales.
Otros títulos de su extensa obra son “Teología espiritual” o “Cristo, jubileo del Padre”
Pero “Satur” Gamarra, como se le conocía, era un referente para muchas personas por haber asistido a uno de los incontables ejercicios espirituales y retiros que ha impartido, tanto a sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos.
La formación de sacerdotes y el cuidado de su espiritualidad es algo a lo que se dedicó podemos decir hasta sus últimos días. Precisamente su último servicio a la Iglesia, antes de que un ictus lo ingresara definitivamente en el hospital, fueron unos retiros cuaresmales a sus compañeros de la residencia sacerdotal Joaquín Goikoetxeaundía, donde residía desde hacía varios años. Tituló este retiro : “La Pascua en el atardecer de mi vida” (hoy podríamos decir que un retiro profético) y en él invitaba a no temer la llegada de la noche. Gracias a sus compañeros rescato algunas frases de este retiro cuya lectura tras su muerte resulta reveladora. Permítanme que me extienda en la selección de algunas frases y las acompañe con algunas glosas:
La Pascua en el atardecer de mi vida
“No me considero maestro de nadie; y el retiro me lo he dirigido a mí, que estoy en el final del atardecer.” [quien sabe si presentía cercano su final]
La Pascua en nosotros viene muy de atrás: del Bautismo; con la ordenación; es la Pascua la que nos acompaña de forma muy activa a lo largo de la vida personal y ministerial. No se puede entender al sacerdote sin Pascua.
En el atardecer de la vida se vive mucho, y es vida de Pascua.
Es un gran regalo atardecer en la presencia de Amor del Resucitado; y, en cambio, tiene que ser duro atardecer en su ausencia.
El cristianismo es religión, no tanto de libro, como de Presencia. Esto hoy es fundamental para mi.
No basta con saber que Cristo en la Pascua nos ama, hace falta más: saberse amado por el resucitado; sentirse amado por Él (Subrayo lo que acabo de afirmar conociendo la Nota doctrinal de la Comisión para la Doctrina de la de “Cor ad cor loquitur”) [esta nota demuestra que Satur era un hombre que estaba al día de la vida de la Iglesia. Ha muerto siendo un hombre lúcido prácticamente hasta el final]
Viene bien que ya tengamos presente que: La Pascua nos da un final de amor, aun con dolor y sufrimiento.
No tener miedo a la noche en el atardecer de la vida.
Todo atardecer nos anuncia la noche y nos introduce en ella.
¡En la noche, la Pascua!
No tengamos miedo a la noche, ¡Pascua! ¡Salvación!
[Satur falleció en la noche del 21 de marzo]
[En otro momento de su charla comparte estas reflexiones sobre el final de la vida]
Es precisamente en el atardecer de la vida donde más se nota el cambio de estar más en lo eterno que en lo del tiempo. Me interesa lo que sucede, pero ya no me acapara, no me centro en ello.
El desprendimiento en el atardecer de la vida tiene- con formas distintas- un carácter peculiar. Ya no soy yo quien me desprendo; son los demás quienes te van dejando; se desprenden de ti; no les sirves; no cuentan ya contigo. Pero queda algo a nuestro cargo: desprenderte de lo que te han desprendido y no hacer por recuperarlo.
[en este punto no puedo menos que pensar en cómo se desprendieron de Satur en esta diócesis, algo solo entendible desde la falta de comunión en esa uniformidad que ha ido apartando a tanta gente válida]
El desprendimiento propio del atardecer de la vida es progresivo y no se detiene.
Este desprendimiento debe vivirse con amor y terminar en acción de gracias.
El mejor servicio que un sacerdote mayor puede ofrecer a los que conoce, trata o acompaña está en que vean a su cura, en su atardecer, viviendo con tono de Pascua; siendo esperanza en el camino.
Es común afirmar que en el atardecer de nuestra vida se acentúa la cruz o que la sentimos más.
[el siguiente párrafo me resulta entrañable, remonta a un pasado que empieza a estar lejano]
Hemos crecido bajo el signo de la Cruz; en la cuna era la madre quien nos hacía la señal de la cruz, y antes de asistir a la escuela sabíamos “hacer por la” [señal de la Santa Cruz- para lectores de menos de 50], y teníamos que demostrarlo ante las visitas que llegaban, después de habernos presentado con: “este ya sabe hacer “por la””. Llevamos la Cruz tan dentro que nos parece que es nuestra. Además hemos sido testigos de grandes sufrientes, con referencia viva a Cristo en la Cruz.
Sabemos muy bien que no hay Pascua del Señor sin la Cruz.
[Satur ha sido siempre un observador de la vida de la Iglesia y en este párrafo resume su visión de la Iglesia hoy]
Es un hecho muy claro que, al menos en nuestro mundo occidental, la pérdida de credibilidad en la Iglesia es notable. Y en un contexto más cercano hay sufrimiento por su funcionamiento y organización [este párrafo fue omitido en el funeral del Seminario]. Es voz común que la Iglesia está necesitada de renovación y de purificación; y claro está nosotros en ella.
¿Cómo se vive la Iglesia en el atardecer de la vida? La respuesta es muy sencilla: Agradeciendo lo mucho que estamos recibiendo de la Iglesia; sufriendo los déficit de relaciones y de funcionamiento que están a la vista; orando con corazón incesantemente; y si puedes dar tu palabra, no dejes de darla.
[Satur concluye su retiro con tres referencias importantes]
El sacerdote, en el atardecer de su vida, va a la Eucaristía por sintonía. Ve en la Eucaristía, - Cuerpo partido y Sangre derramada - la culminación de toda su vida sacerdotal.
En la etapa final a la llamada ¡Madre! ha seguido su inconfundible ¡hijo! [con mención expresa a la advocación de Estíbaliz a la que estuvo ligado toda su vida]
La comunión de los santos en el atardecer de la vida. Es el momento de pensar en los que ya me esperan.
Funeral
En la tarde del domingo en el tanatorio de Lauzurica tuvo lugar una misa funeral entrañable donde, además de la familia, acudimos un pequeño grupo de personas entre los que había compañeros sacerdotes, religiosas y alumnos de la facultad de Teología.
La misa fue oficiada por su compañero y amigo Luis Ángel Ortiz de Pinedo quien, acertadamente, usó algunas palabras de su último retiro para convertirlas en la homilía del funeral. Como dijo Ortiz de Pinedo, a una semana del inicio de la Semana Santa en la celebración estábamos viviendo un evento pascual.
El funeral institucional de la Diócesis se ha celebrado en la capilla del Seminario Diocesano, la que fue su casa durante tantos años. Toda la nave central llena daba idea del aprecio que se le tenía a este hombre bueno, a este buen pastor.
De la misma manera que se hizo en el funeral en el Tanatorio fueron las palabras de Satur las que dieron contenido a la homilía. Una selección más extensa de la que he compartido fue como el broche a un servicio que llega más allá de la muerte.
Además de la familia hubo mucha representación del clero diocesano alavés, algunos concelebrando y muchos más entre la feligresía, muchos de ellos alumnos de Satur en la Facultad de Teología de Vitoria y una presencia notable de religiosas a las que dedicó tantos retiros.
Satur Gamarra Mayor es uno de esos sacerdotes que dejan huella y que será recordado por quienes le tratamos. De mente clarividente y lúcida hasta el final de sus días. Durante años ha sido profeta en su tierra, y para muchos lo seguirá siendo.
Forma parte de ese modelo de clero vasco del que algunos se han empeñado en romper el molde en vez de conservarlo o intentar replicarlo.
En cualquier caso Satur ya hizo su trabajo y seguro que ya está disfrutando de la Pascua eterna, esa que ya barruntaba pocos días antes y que compartió con sus hermanos sacerdotes mayores y yo he tenido el privilegio y la oportunidad de compartirlo con mis lectores. Gracias Satur. ¡Nos veremos, pero sin ninguna prisa por mi parte! Yo también quiero experimentar el atardecer de la vida y la llegada de la noche, preludio de un nuevo día.
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