LA CEREMONIA DE INICIO DEL MINISTERIO DE LOS NUEVOS PÁRROCOS MARCA LA VIDA DIOCESANA
Ni los más viejos del lugar recordaban una ceremonia igual. Este pasado fin de semana se llevaron a cabo en varios puntos de la Diócesis los primeros relevos al frente de parroquias y unidades pastorales. El obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, ha ido, en los últimos meses, comunicando los nuevos destinos a un buen número de sacerdotes, algunos incardinados fuera de la Diócesis y que han sido llamados para ejercer su ministerio entre nosotros.
Hasta ahora, “y desde toda la vida”, la llegada de un nuevo párroco, o de un equipo de sacerdotes para hacerse cargo de las tareas pastorales en una parroquia o en la Unidad Pastoral se hacía con una misa dominical en la que los nuevos se presentaban y a los que se marchaban se les agradecía su trabajo. El traspaso efectivo se hacía casi más palpable en los despachos parroquiales.
Esta vez los fieles hemos podido asistir a una ceremonia cargada de simbolismos: El nuevo párroco hace una profesión de fe de rodillas, frente al obispo o uno de sus vicarios. Es decir recita el Credo, síntesis de lo que un cristiano acepta con fe; también renueva su promesa de obediencia al obispo y de compromiso de servicio a la comunidad. Posteriormente el obispo o uno de sus vicarios acompaña al párroco por varios puntos del templo haciéndole entrega simbólica de las llaves de la puerta principal, de los confesionarios, de la pila bautismal, de la sede y el altar, de las llaves del sagrario, y de los santos óleos. En cada momento se explica qué se pone en sus manos, por qué y para qué.
Sin boatos estridentes, con sencillez, con un estilo absolutamente catequético y divulgativo, el pueblo pudo asistir a una ceremonia que se alargó un poco en el tiempo, pero que dejó claro para todos que un nuevo párroco llegaba a su iglesia y para qué se le llamaba a ese servicio.
Este fin de semana José Ángel Riofrancos pasó a ser el nuevo párroco de Ntra Sra. Madre de los Desamparados, acompañado de José Luis Martínez que hará las funciones de vicario parroquial, la toma de posesión estuvo presidida por el Vicario General Carlos García-Llata; En la Rioja Abel Isaac Pagán inició su ministerio en la parroquia de la Asunción en Labastida; y La iglesia de San Andrés en Elciego recibió a Jesús Carlos Medina. Quedan para septiembre el resto de los relevos en el inicio del ministerio sacerdotal en calidad de párroco en comunidades como la Unidad Pastoral del Casco Viejo con las parroquias de Santa María, donde ha sido destinado Juan Carlos Pinedo, o san Miguel a donde regresa Juan Carlos Aguillo.
Non solum sed etiam
En principio un relevo al frente de una parroquia no habría tenido más trascendencia que la de la novedad particular para cada comunidad. Pero en esta ocasión la novedad ha venido dada por el “como se ha hecho”. El obispo, Juan Carlos Elizalde, ha determinado que en esta ocasión se hiciese uso de una fórmula ya existente en la Iglesia Católica, pero que había caído en desuso. Al menos en la Diócesis de Vitoria. Este gesto viene a recuperar, en cierto modo, la figura del párroco, que había quedado diluida en el uso a raíz de las concentraciones parroquiales, unidades pastorales, en las que un grupo de sacerdotes compartían la responsabilidad pastoral y ministerial, y por aquello de que “nadie va a ser más que nadie aquí”, se acabó quedando la cosa en equipos pastorales y punto. También recupera la figura del obispo en el sentido de que es el Pastor de la Diócesis quien envía a la misión, quien encomienda la tarea pastoral, para en comunión con él, crear la comunidad diocesana concretada en cada comunidad parroquial. La “nueva-vieja” fórmula no elimina los consejos parroquiales, ni la corresponsabilidad de los laicos en la evangelización, ni seguir dando pasos en la incorporación de los laicos en tareas pastorales e incluso sacramentales; antes bien al contrario, refuerza que todo eso se siga haciendo con el respaldo de una organización, que tiene sus jerarquías, que cuando se ejercen realmente desde el servicio, responden plenamente al Evangelio.
El rito de toma de posesión de un nuevo párroco es otro signo más de aires nuevos, ¿quizá con un toque retro? Quizá, pero lo que ha sido bueno, nunca deberá pasar de moda. En septiembre nuevas oportunidades para asistir a una ceremonia rica en significados y simbolismos que ayudan a dejar las cosas claras.