31 millones para seis días. Y cuando hablamos las víctimas, resulta que "no todo es dinero"
"La Conferencia Episcopal destaca además que la visita cerró sin déficit y que ninguna diócesis tuvo que pedir un crédito. Otra magnífica noticia. Resulta tranquilizador comprobar que las diócesis consiguieron cuadrar las cuentas. Las víctimas también agradeceríamos que nuestras cuentas cuadraran"
Como víctima, leo las cuentas de la visita del Papa y esto es lo que necesito expresar. He descubierto algo leyendo las cuentas de la visita del papa León XIV a España.
La Iglesia no tiene ningún problema con el dinero.
El problema depende de quién lo pida.
Según los datos hechos públicos a partir del informe elaborado por EY, la visita del Papa terminó teniendo un coste de 31,09 millones de euros, prácticamente el doble de los 15 millones que se habían manejado inicialmente. La cifra contable directa publicada por la Conferencia Episcopal es de 29,3 millones; el cálculo de EY eleva el gasto total a esos 31,09 millones al incorporar otras aportaciones.
Treinta y un millones.
Seis días.
Veintiún actos.
Más de 2.500 kilómetros.
2,31 millones de asistentes.
18.225 voluntarios que aportaron unas 480.000 horas de trabajo.
Y un impacto económico estimado en 139,48 millones de euros.
Todo extraordinariamente cuantificado.
Y me parece bien.
De hecho, hay algo casi reconfortante en comprobar que, cuando quiere, la Iglesia es capaz de contar. Y de contar muy bien.
Hasta los céntimos.
* * *
Sabemos que el 44,7% de la financiación procedió de empresas y entidades civiles. Sabemos que las entidades eclesiales aportaron el 31%.
Sabemos que las administraciones públicas aportaron el 20%, unos 5,86 millones. Sabemos que colectas y donativos representaron otro 4,3%.
Sabemos incluso que el Arzobispado de Madrid concentró el 55,6% del gasto, Barcelona el 15,7%, Canarias el 8,9%, Tenerife el 9% y la Conferencia Episcopal otro 10,8%.
Magnífico.
Porcentajes.
Desgloses.
Procedencia del dinero.
Destino del dinero.
Informes.
Auditorías.
Impacto económico.
Hasta aquí, todo normal.
Entonces uno llega al capítulo de los gastos y descubre aproximadamente 7,08 millones en producción audiovisual, luz y sonido; 6,7 millones en adecuación de espacios; y alrededor de 6,13 millones en coordinación técnica.
Y ahí, como víctima de abusos sexuales en la Iglesia, confieso que me entra una pequeña sonrisa. No porque tenga nada contra los técnicos de sonido.
Pobres técnicos, déjenlos tranquilos.
Lo que ocurre es que durante años nosotros hemos escuchado que hablar demasiado de cantidades económicas podría desnaturalizar la reparación.
Al parecer, 7 millones en luz y sonido no desnaturalizan nada. Una indemnización sí requiere reflexión espiritual.
Al parecer, 7 millones en luz y sonido no desnaturalizan nada.
Una indemnización sí requiere reflexión espiritual.
Debe ser que el decibelio tiene una relación más sencilla con el Evangelio que el euro entregado a una víctima.
* * *
Durante la negociación del actual sistema de reparación, la Conferencia Episcopal se resistió a introducir baremos, cantidades y horquillas. Luis Argüello defendió públicamente que había que analizar los casos individualmente y rechazó que el protocolo incluyera cifras económicas predeterminadas. Precisamente las cuantías y el papel del Defensor del Pueblo estuvieron entre las cuestiones que más fricción provocaron durante la negociación.
Perfecto.
Cada víctima es diferente.
Completamente de acuerdo.
Pero observo una curiosa asimetría.
Para organizar una visita papal podemos saber que Madrid gastó 16.314.957 euros. No "unos dieciséis millones".
No.
Las informaciones publicadas sobre las reparaciones del sistema eclesial han mostrado cantidades muy dispares, aproximadamente entre 1.000 y 91.000 euros, y distintas víctimas han señalado que no siempre han podido conocer con claridad los criterios que explicaban diferencias tan grandes
16.314.957.
Hasta el último euro.
Barcelona: 4.610.591.
Canarias: 2.601.536.
Tenerife: 2.627.447.
Conferencia Episcopal: 3.163.858.
Esto es precisión.
Esto es transparencia.
Esto es contabilidad.
Pero cuando durante años las víctimas hemos preguntado cómo se calculaban determinadas reparaciones, la claridad ha sido bastante menos espectacular.
Las informaciones publicadas sobre las reparaciones del sistema eclesial han mostrado cantidades muy dispares, aproximadamente entre 1.000 y 91.000 euros, y distintas víctimas han señalado que no siempre han podido conocer con claridad los criterios que explicaban diferencias tan grandes.
Miren qué cosa.
Para saber cuánto costó un foco, organización.
Para saber cuánto vale reparar determinadas consecuencias de un abuso, misterio.
Debe de ser una especialidad contable.
* * *
Además, la visita tuvo 31 procesos de licitación para gastos superiores a 75.000 euros, según la información publicada por la propia Iglesia.
Esto también me parece estupendo.
Si se van a gastar cantidades importantes, que haya procedimientos.
Que se compare.
Que se documente.
Que se controle.
Que se explique.
Solo me surge una pregunta bastante ingenua: ¿por qué cuando hablamos de reparar a las víctimas la transparencia económica parece mucho más complicada? No estoy pidiendo que se publique el nombre de nadie. No estoy pidiendo una tarifa de abusos
Solo me surge una pregunta bastante ingenua:
¿por qué cuando hablamos de reparar a las víctimas la transparencia económica parece mucho más complicada?
No estoy pidiendo que se publique el nombre de nadie.
No estoy pidiendo una tarifa de abusos.
No estoy diciendo que todos los casos tengan que recibir la misma cantidad.
Estoy señalando algo bastante más sencillo.
Si una institución puede explicar públicamente quién puso cada euro para una visita papal, cuánto gastó cada diócesis y qué porcentaje se destinó a determinadas partidas, tampoco parece una exigencia revolucionaria que una víctima pueda comprender cómo se ha llegado a la cantidad que se le ofrece.
No sé.
A lo mejor estoy pidiendo una sofisticación matemática excesiva.
* * *
Las administraciones públicas aportaron directamente cerca de 5,86 millones de euros, alrededor del 20% de la financiación, y además existieron aportaciones en especie y servicios cuyo valor no quedó completamente cuantificado: cesiones de espacios, transporte, limpieza o seguridad, entre otros. Es decir, para seis días hubo una capacidad extraordinaria para coordinar
Hay otra cifra especialmente interesante.
Las administraciones públicas aportaron directamente cerca de 5,86 millones de euros, alrededor del 20% de la financiación, y además existieron aportaciones en especie y servicios cuyo valor no quedó completamente cuantificado: cesiones de espacios, transporte, limpieza o seguridad, entre otros.
Es decir, para seis días hubo una capacidad extraordinaria para coordinar:
Iglesia.
Empresas.
Administraciones.
Donantes.
Voluntarios.
Servicios públicos.
Instituciones.
Consultoras.
Todo el mundo empujando en la misma dirección.
Y nuevamente pienso como víctima:
qué maravilla sería que esa coordinación institucional funcionara con la misma fluidez cuando el gran acontecimiento somos nosotros.
No necesitamos 18.225 voluntarios.
Tranquilos.
Tampoco un escenario.
Ni iluminación.
Ni pantallas gigantes.
Ni retransmisión.
Con que no tengamos que pasar años viendo cómo las instituciones negocian entre ellas quién decide, cuánto se paga, qué criterios se utilizan y hasta dónde llega cada responsabilidad, ya sería un avance considerable.
* * *
La Conferencia Episcopal destaca además que la visita cerró sin déficit y que ninguna diócesis tuvo que pedir un crédito.
Otra magnífica noticia.
Resulta tranquilizador comprobar que las diócesis consiguieron cuadrar las cuentas. Las víctimas también agradeceríamos que nuestras cuentas cuadraran.
Porque cuando se habla de reparaciones hay una costumbre desagradable de convertir el debate económico en una discusión casi moral.
Como si decir una cifra fuera de mal gusto.
Como si una víctima que reclama una cantidad tuviera que añadir inmediatamente: Pero que conste que para mí el dinero no es importante.
No.
Perdonen.
No voy a participar en ese ritual.
El dinero importa.
No es lo único que importa.
Pero importa.
Y no hace falta pedir perdón por decirlo.
* * *
En marzo, cuando finalmente se firmó el nuevo protocolo, Argüello insistió en que no habría baremos, cantidades ni horquillas y defendió que había que ir caso por caso. Las víctimas llevaban tiempo reclamando precisamente mayor claridad en los criterios económicos.
Y aquí aparece otra de esas contradicciones que provocan una sonrisa bastante amarga.
Para una visita papal:
estudio de impacto económico.
Para una víctima:
"Cada rostro es distinto".
Para una visita papal:
EY España.
Para una víctima:
"No conviene reducirlo todo al dinero".
Para una visita papal:
31 licitaciones.
Para una víctima:
"Hay que mirar todas las dimensiones de la reparación".
Para una visita papal:
7,08 millones en luz, sonido y producción audiovisual.
Para una víctima:
Cuidado con obsesionarse con las cifras.
Entenderán que resulte difícil no apreciar cierta ironía.
* * *
También nos explican que la visita generó unos 139,48 millones de euros de impacto económico, activó aproximadamente 3.080 empleos equivalentes y generó una masa salarial estimada de unos 56 millones.
Es decir, la Iglesia entiende perfectamente una cosa elemental:
gastar dinero puede producir efectos posteriores.
Curioso.
Porque exactamente esa lógica desaparece a veces cuando hablamos de una compensación para una víctima. Una cantidad económica tampoco es simplemente dinero que cambia de cuenta bancaria. Puede producir efectos.
Puede modificar condiciones materiales.
Puede reducir vulnerabilidad.
Puede permitir tomar decisiones.
Puede proporcionar recursos.
No hace falta conocer mi vida para entender algo tan elemental.
El dinero tiene consecuencias cuando se invierte en un gran acontecimiento y también cuando se entrega como reparación.
No sé por qué la primera afirmación merece un informe de impacto económico y la segunda necesita una homilía.
* * *
Que quede claro algo. No estoy diciendo que esos 31 millones deberían haberse entregado a las víctimas. Sería un argumento sencillo, pero intelectualmente pobre. Además, el dinero tuvo diferentes procedencias y una parte importante no salió directamente de las arcas eclesiales. Mi crítica es otra
Que quede claro algo.
No estoy diciendo que esos 31 millones deberían haberse entregado a las víctimas.
Sería un argumento sencillo, pero intelectualmente pobre.
Además, el dinero tuvo diferentes procedencias y una parte importante no salió directamente de las arcas eclesiales.
Mi crítica es otra.
Mucho más incómoda.
La visita demuestra que cuando la Iglesia considera algo una prioridad es capaz de: buscar financiación,
convencer empresas,
movilizar administraciones,
recaudar donativos,
organizar licitaciones,
coordinar miles de personas,
asumir imprevistos,
duplicar una previsión inicial,
y finalmente encontrar más de treinta millones de euros.
Y hacerlo en cuestión de meses.
Eso es capacidad institucional.
Por eso, como víctima, tengo derecho a mirar esas cifras y preguntarme:
cuando dicen que nosotros somos una prioridad, ¿qué significa exactamente la palabra prioridad? Porque quizá tengamos diccionarios diferentes.
* * *
Como víctima, tengo derecho a mirar esas cifras y preguntarme: cuando dicen que nosotros somos una prioridad, ¿qué significa exactamente la palabra prioridad? Porque quizá tengamos diccionarios diferentes
Hay otro detalle delicioso.
La organización explicó que el incremento del presupuesto se debió, entre otras cosas, a los imprevistos de última hora.
Esto me parece especialmente entrañable.
Cuando surge un imprevisto en una visita papal, el presupuesto crece.
Cuando una víctima presenta consecuencias nuevas, tratamientos, documentación o circunstancias que muestran una afectación mayor...
Bueno.
Ahí conviene estudiar mucho.
No vayamos a precipitarnos.
Los imprevistos también parecen tener categorías.
* * *
No quiero que se me malinterprete.
Celebro que existan controles.
Celebro que EY revise procedimientos.
Celebro que haya cuentas.
Celebro que se publiquen cifras.
Celebro que sepamos cuánto costó.
Lo único que pido es coherencia.
Si la transparencia económica es una virtud para explicar una visita papal, también debería serlo cuando se explica una reparación.
Si gastar millones puede justificarse mostrando el destino de cada partida, una víctima debería poder conocer con la misma naturalidad qué elementos se han valorado para determinar su compensación.
Y si una previsión inicial puede pasar de 15 millones a más de 30 porque las circunstancias reales lo exigen, quizá todos podamos aceptar una idea extremadamente revolucionaria:
que una cifra inicial no se convierte en sagrada simplemente porque alguien la haya escrito primero. Que nadie se preocupe.
No estoy proponiendo un nuevo dogma.
* * *
Durante años se ha insistido a las víctimas en que la reparación tiene que ser algo más que dinero. Repito:
de acuerdo.
Pero empiezo a sospechar que algunas instituciones utilizan esa frase exactamente igual que algunas personas utilizan "el dinero no da la felicidad".
Normalmente es mucho más fácil decirlo cuando uno no tiene problemas para pagarse las facturas. Tal vez la frase correcta sea:
el dinero no lo es todo, pero resulta extraordinariamente útil cuando llega el momento de pagar. Para una visita papal.
Para una empresa audiovisual.
Para una empresa de seguridad.
Para quien acondiciona un espacio.
Y sí.
También cuando se repara a una víctima.
* * *
Durante la visita a España hubo además un encuentro del Papa con seis víctimas de abusos que no apareció inicialmente en el programa público. Meses después, durante su viaje a Francia, el Vaticano optó por anunciar abiertamente el encuentro con víctimas que allí sí figuró en la agenda oficial. Ese contraste tampoco pasó inadvertido.
También eso tiene algo de símbolo.
Para algunas cosas, escenario.
Para otras, discreción.
Para unas, cuentas públicas hasta el último euro.
Para otras, prudencia.
Las víctimas llevamos demasiado tiempo viviendo en esa parte de la Iglesia donde todo parece requerir prudencia.
Prudencia para hablar.
Prudencia para señalar responsabilidades.
Prudencia para publicar nombres.
Prudencia para establecer cantidades.
Prudencia para reclamar.
Prudencia para no parecer interesados en el dinero.
Quizá ya hemos sido suficientemente prudentes.
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Así que cuando leo 31,09 millones de euros, no siento envidia.
Siento claridad.
Porque esa cifra demuestra que una institución sabe perfectamente qué significa poner medios al servicio de una prioridad.
Lo demás son discursos.
Y como víctima me permito terminar con una pequeña sugerencia.
La próxima vez que alguien desde la Iglesia nos recuerde que "la reparación no es solo dinero", podría añadir inmediatamente:
Y precisamente porque no es solo dinero, tampoco vamos a utilizar esa frase para discutir eternamente la parte que sí lo es.
Entonces quizá empecemos a entendernos.
Mientras tanto, cada vez que alguien me diga que no debemos centrarnos tanto en las cifras, intentaré recordar:
7,08 millones en producción audiovisual, luz y sonido.
Me ayudará a meditar.
Porque parece que, al final, el dinero no es materialista.
Depende de quién presente la factura.