Algunas sugerencias que resultarían alentadoras para el "Año del Señor" ¿Año nuevo, Iglesia nueva?

Vaticano
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Lo "nuevo" es una gracia de Dios y más si su sujeto-objeto es la Iglesia …”Nuevo” también es “noticia” y esta en la Iglesia es “evangelio”, es decir, “buena noticia”

Cambio es lo que en estos días se pretende compartir en cristiano. La Iglesia, para serlo de verdad, lleva inherente la idea de conversión

Es posible que sean de provecho para propios y extraños, entre otras, estas sugerencias o puntos de reflexión que respondan en parte a la admonición-premonición de la “Iglesia que se acaba

Lo “nuevo” –“cambio o transformación-“ es una gracia de Dios, y más si su sujeto-objeto es nada menos que la Iglesia …”Nuevo” –novedad- también es “noticia” y esta en la Iglesia, y por antonomasia, es “evangelio”, es decir, “buena noticia”.

Y precisamente esta –la del cambio- es la que en estos días se pretende compartir en cristiano, al desearse entre unos y otros, y con todos, los largos y fecundos períodos la felicidad que anticipan los tiempos futuros -“tierra y cielos nuevos”- y que se concretan, por su inmediatez, en el “Año del Señor” -2020-, a cuyas puertas ya nos encontramos.

Por aquello de que la Iglesia, para serlo de verdad, como todo en la vida, lleva inherente a su propia definición, y por coherencia, el cambio, -conversión y reforma- es posible que sean de provecho para propios y extraños, entre otras, estas sugerencias o puntos de reflexión que respondan en parte a la admonición-premonición de la “Iglesia que se acaba”.

La formación-información religiosa, y más la propia de la Iglesia, precisa convencimientos y estructuras nuevas, con la catequesis al uso, y ya está. Sin renovación permanente de ideas, y hasta de “principios” ético-morales. seudo- dogmáticos, el Año Nuevo no lo será para la Iglesia y sus fieles devotos.

Protagonistas especiales de la renovación serán los miembros de la jerarquía eclesiástica. Con la sagrada Curia que la rige, pese a los buenos y constructivos afanes “franciscanos” del papa actual, toda “novedad” es ya añeja y anterior al concilio de Trento. Parte importante del elenco del episcopologio español y sus adláteres, incapacitan, o dificultan, además “en el nombre de Dios”, la renovación-recreación de la Iglesia en el próximo año…

Los obispos son, hacen, presentan y representan a la Iglesia y, así las cosas, y a no ser por los “milagros” que en España lleve a cabo su “nuevo” Nuncio, el panorama no resulta optimista. Las elecciones previstas en la Conferencia Episcopal Española podrían facilitar los cambios en los cargos principales pero, tal y como presumen no pocos “eclesiásico-politólogos pre–asamblearios”, se da la impresión, hoy por hoy, de que las noticias no parecen favorecer los cambios, sino todo lo contrario. Y es que los miedos, los intereses por “religiosos” que sean y se presenten, las “aventuras”, la fidelidad a la letra y a los cánones, que definen a tantos “hermanos en el episcopado”, difícilmente contribuirán a hacer “nuevo el Año Nuevo en la Iglesia”.

Campo y área significativa para expresar la inaplazable y patente necesidad de reforma de la Iglesia, es su liturgia. Por sus misterios, paganía y falta de explicaciones, exceso de ceremonias y ritos, ornamentos sagrados y “funciones”, la liturgia, como camino de adoración a Dios y de catequesis, apenas si es “herramienta” válida en tan importante tarea y ministerio.

Los obispos “mitrados”, residentes “por la gracia de Dios” en mansiones palaciegas, dificultan –obstaculizan- su ministerio de mediación entre los hombres y Dios. “Por la desburocratización” y “contra el clericalismo”, deberían ser peticiones que se integraran en las letanías de las devociones del año venidero, para contribuir a ser “Nuevo” de verdad.

Para que este año 2020 aspire a ser “Nuevo” en la Iglesia, con referencias sinodales recientes, la generalización del sacerdocio también para los hombres casados será realidad. El sentido común la Biblia, la suegra de san Pedro, el llamado “sensus fidelium”, el ecumenismo y la falta de sacerdotes “vocacionados” en el orbe católico, claman por la “canonización” del celibato opcional, con reverencial respeto para quienes aspiren a otras fórmulas y formas de vida, según carismas y en consonancia con las demandas pastorales.

Para que el año 2020 sea Año Nuevo y cristiano de verdad de la buena, tendrá que serlo e instituirse como el “Año Santo de la mujer en la Iglesia”. Lamentablemente todos los años, hasta el presente, fueron rematadamente viejos, decrépitos, ofensivos e inhabitables para la mujer, por mujer dentro de la Iglesia, y en mayor proporción que fuera de la misma. En instituciones docentes, políticas, económicas, militares, y en la rica e inmensa variedad de profesiones y oficios, donde y cuando la mujer es mayormente marginada, preterida y maltratada y hasta considerada como sub-persona, es exactamente, y por constitución, en la Iglesia.

El próximo año será relucientemente nuevo en la Iglesia, si esta se profesa y manifiesta por antonomasia como “Iglesia de los pobres” y no de los ricos y si además es permanentemente ecológico en sus doctrinas y en el comportamiento de sus fieles y adictos.

Son ya muchos los cristianos que en España están convencidos de que al haber sido nombrados –que no elegidos- no pocos de sus obispos, una buena parte de los mismos debieran poner su cargo a disposición del papa y renunciar, aún cuando no les hubiera llegado la hora “canónica” de hacerlo.

También en España el próximo año tendrá que ser “nuevo” porque las relaciones Iglesia-Estado llegarán a ser otras bastante distintas, y distanciadas, de lo que hasta ahora lo fueron. Es –será- dato a tener en cuenta rigurosamente, con lo que unos y otros –todos- nos ahorraremos quebraderos de cabeza, con concordato o sin él… Los tiempos no están ya para privilegios para ninguna de las partes “contratantes”. Es el servicio al pueblo lo que lo demanda y ordena

Por ahora, y para evitar que el año 2020 se torne en conmemorativo en demasía, sería preferible dejar para el 2021 la renuncia por parte del papa de la propiedad y soberanía sobre el Estado Vaticano.

De todas formas, y para todos, ¡Feliz y próspero Año Nuevo¡”

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