Capas magnas y más: "Espantando al personal" Antonio Aradillas: "¡Si Jesús, y el de Asís, levantaran la cabeza…!"

Fotograma de Roma, de Federico Fellini
Fotograma de Roma, de Federico Fellini

"Ante estampas tan absurdamente clericales como las que se nos prodigan sobre todo en las ceremonias litúrgicas no puedo dejar de proclamar algunas de las reacciones que sienten y padecen los cristianos"

"Representada, revestida, predicada y propuesta la Iglesia de esta manera, automáticamente dejó de ser la Iglesia de Jesús, para convertirse en otra cosa, institución, organización o en un contubernio cualquiera"

"La Iglesia –esta Iglesia- no tiene futuro. Se acaba. Es decir, se nos está acabando sobre todo jerárquicamente. El mismo concepto de "jerarquía" y "servicio sagrado al pueblo" así lo testimonian"

"Mitras, báculos, anillos, cetros, tronos, capas pluviales, sillas gestatorias, gestos regios o imperiales, mansiones palaciegas... difícilmente hacen y son testimonios vivientes de la Iglesia"

"Desde aquí, con santas urgencias y con el evangelio en la mano, en nombre de muchos le pido a Dios que las misas sean misas de verdad y que la parte añadida pase a mejor vida"

Una vez más, ni quiero, ni debo dejar de proclamar, con legitimidad, evangelio, buen gusto y sentido común, algunas de las reacciones que sienten y padecen los cristianos ante estampas tan absurdamente clericales como las que se nos prodigan sobre todo en las ceremonias litúrgicas… A todas ellas, y a tantas otras más, las definen el poder, la soberbia, el sentirse poseedor de la verdad y, sobre todo y por encima de todo, su tan cuestionada sacralidad, por su condición de “ministros sacramentalizados” del único y verdadero Dios, Creador y Señor del cielo y la tierra.

Representada, revestida, predicada y propuesta la Iglesia de esta manera, automáticamente dejó de ser la Iglesia de Jesús, para convertirse en otra cosa, institución, organización o en un contubernio cualquiera. Sus protagonistas dimitieron “ipso facto” de toda consideración y estigmatización religiosas, para no pasar de siervos y esclavos de intereses personas o de grupos, en provecho exclusivo de satisfacciones plenarias en esta vida y hasta en la otra, aún cuando tal satisfacción exigiera manipular no pocos textos, y buena parte de la doctrina impartida y vivida en los santos evangelios.

La Iglesia –esta Iglesia- no tiene futuro. Se acaba. Es decir, se nos está acabando sobre todo jerárquicamente. El mismo concepto de “jerarquía” y -”servicio sagrado al pueblo”-, y la vigencia y estilo de quienes la componen en líneas generales, así lo testimonian, afirman y reafirman. Es incomprensible, inexplicable y absurdo aspirar a ser, y a ejercer de “jerarquía”, haciendo uso de los símbolos, con los que se presentan y actúan sus miembros, paganos por historia, por “santas” tradiciones y por los abusos que justificaron y hasta “consagraron”…

Mitras, báculos, anillos, cetros, tronos, capas pluviales, sillas gestatorias, ceremonias litúrgicas o para- litúrgicas, ornamentos que se dicen sagrados, privilegios, broches de oro o de plata, piedras preciosas, inciensos, tratamientos, gestos regios o imperiales, mansiones palaciegas, acólitos en su diversidad de versiones (desde las “dignidades eclesiásticas canonicales” hasta las de los monaguillos/as) , tintinábulos y campanas, sermones… difícilmente hacen y son testimonios vivientes de la Iglesia, por supuesto que sin el “Visto Bueno” de los santos evangelios, que silenciará no pocos artículos del Código de Derecho Canónico, y algunos “preceptos” conciliares elaborados y proclamados al dictado de intereses políticos regios o “feudales”

La Iglesia es mucho más –y muchísimo menos- que los templos que la albergan y que los burócratas que la sirven, en el caso en el que no se sirvan de ella como suprema justificación para sus desmanes... Servirse de la Iglesia es tarea, actitud y vocación carrerista merecedora de las tonantes descalificaciones “franciscanas”, de las que emplea con rigor el papa actual. Servirse, que no servir, a la Iglesia, y en ella a quienes más lo necesitan por sus pobrezas y desvalimientos, es una ofensa a Dios y a Jesús, su “Alter Ego” enviado por Él para tan santa misión y ministerio.

La presencia activa y litúrgica de las capas magnas cardenalicias y tantos otros signos- sacramentos, que exornan los actos de piedad, de culto y adoración a Dios en sus santos y santas, espantan al personal que todavía participa, “oye”, “va” o “está” en las misas, con promesas definitivas por su parte de no exponerse más a asistir a tal espectáculo ornamental, que le roban la piedad y la razón de ser religiosa…

Desde aquí, con santas urgencias y con el evangelio en la mano, en nombre de muchos le pido a Dios que las misas sean misas de verdad y que la parte añadida que tienen de función, de misterio y de aparatosa espectacularidad y puesta en escena de sus protagonistas, pase a mejor vida, enclaustrada en los archivos, bibliotecas y museos….

Pero,, ¿cómo es posible que a estas alturas, y con la que está cayendosobre las mitras episcopales –gracias sean dadas a una monja de 95 años cumplidos- , ninguno de sus ilustrísimos y reverendísimos porteadores se haya decidido a prescindir voluntariamente de ellas? ¿Será acaso por la sencilla, práctica y “pastoral” exigencia de que en el diccionario de la RAE, además de “gorro alto”, mitra expresa también la idea académica, nada menos que la de “cargo de obispo o de arzobispo”?

Y, por favor, y además del tema de las mitras, aclárennos de una santa vez, el sentido y contenido actuales de los colores propios de los tiempos litúrgicos y de las fiestas de santos y santas. En el organigrama hoy vigente y activo en la vida social y convivencial, los colores, precisamente estos colores, donde, cuando y entre quienes poseen plena vigencia, con himnos, compromisos, financiación y entusiasmo, “dimes y diretes”, sacrificios y, en ocasiones, hasta persecuciones, es en las esferas que se relacionan con los partidos políticos o con los clubes y equipos de fútbol y otros deportes…

De todas maneras, sorprende y escandaliza a muchos que, con las torrenteras de críticas purificadoras –lustrales- que están cayendo sobre las “capas magnas”, mitras, palios, “Nos”, báculos y otros elementos, gestos y palabras episcopales, a algunos grupos de obispos no se les haya ocurrido al menos declarar públicamente el desacuerdo con el uso de tales adefesios litúrgicos.

“¡Si Jesús, y el de Asís, levantaran la cabeza…!”

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