"La prensa y quienes la servimos, no tenemos vocación de obispo" Balance de obscenidades

Periodismo
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¡Señores obispos¡. La labor de los periodistas de EL PAÍS  es -debiera haber sido-  suya. De ustedes. Es decir, pastoral, propia, especifica y eminentemente episcopal, aún en el caso en el que la mitra, l incienso y sus “informadores religiosos” les dificulten  vivir ya empadronados   en “el mejor de los mundos”

En esta ocasión, a la definición académica de la palabra “obscenidad” –“grosería u ofensa al pudor”- se le desglosa el concepto y aplicación relacionados con el sexo,  y se subraya  que el “pudor “ también abraza , abrasa  y se generaliza  en otros ámbitos ético-morales de los que la Iglesia  y quienes oficialmente la representan , es o intenta ser, por definición “palabra de Dios”.

Vaya por delante que la Conferencia Episcopal Española -CEE- acaba de adoctrinarles y exigirles a “los chicos de la prensa” de EL PAÍS “mayor rigor en sus acusaciones”. Por supuesto que institución y organismo tan sagrados.no muestran  agradecimiento alguno “por los servicios prestados” con sus informaciones,  a los obispos,  a la sociedad , a la colectividad  y a la profesión  que ejercen con rigor  y hasta con riesgos “en esta vida y en la otra”

Tampoco -que yo sepa- se les ha ocurrido a los componentes de la CEE y de la Comisión de medios de comunicación social, convocar en sesión urgente y apremiante, y esta vez sin incensarios,  a los “informadores religiosos” en nómina  para ejercer -ministerio-  la autocrítica, con el obligado  “réspice” , por no haber denunciado  ellos , ya y a su tiempo,  hechos tan relevantes y sabidos.

Luis Argüello, en la rueda de prensa
Luis Argüello, en la rueda de prensa

 En tertulias y en los alrededores de los confesonarios, sin tener que comprometer para nada lo del “sigilo sacramental”, la noticia no dejaba de serlo. “Ah, le dije yo un día a un señor obispo, ¿pero también usted lo sabía?, con la humildosa contestación por su parte de que “hijo, también yo, lo sabía y más…”

¡Señores obispos¡. La labor de los periodistas de EL PAÍS  es -debiera haber sido-  suya. De ustedes. Es decir, pastoral, propia, especifica y eminentemente episcopal, aún en el caso en el que la mitra, l incienso y sus “informadores religiosos” les dificulten  vivir ya empadronados   en “el mejor de los mundos”, tal y como algunos de ellos  quisieran o manifiesten querer, aunque “sembrados” todavía  en sus  respectivas sedes  y el báculo vigilante.

La prensa y quienes la servimos, no tenemos vocación de obispos. Ni queremos tenerla, y menos  tal y como han estado y siguen estando “las cosas” de la Iglesia. Si bien es verdad que el papa -este papa- quiere líos –, los antecesores   jamás fueron devotos de las “situaciones agitadas o embarazosas “, que generan los líos, es decir, el Evangelio.

Precisamente al obispo, “vigilante” por definición, habrían de sobrarles razones y medios para haber finiquitado parte onerosa de las noticias desveladas  por los colegas de EL PAÍS , a quienes significativamente, desde aquí, ahora, y por eso, no les auguro posibilidad alguna de que sean premiados  en las próximas convocatorias de los “¡Bravos”¡,  a no ser que tales premios  sean troquelados por otros, con el tímido  sobrenombre  de “¡Mansos ¡” ,e a cuya definición  se refiere asépticamente  la RAE como “una persona que es suave o dócil en la condición o en el trato”. Los colegas de EL PAIS se han limitado a informar.

Los galardones que se entregarán a los Premios ¡Bravo!
Los galardones que se entregarán a los Premios ¡Bravo!

Actitudes de penitencia, arrepentimiento y disponibilidad de cambios inmediatos – y ¡caiga quien caiga¡-y con misericordia-,  leyes y santo Evangelio en las manos , no parecen haber resplandecido  ejemplarmente  en el “acuse de recibo” de las citadas informaciones, procedentes de  medios, fácil e ignominiosamente  catalogables   como “impíos y blasfemos”

El balance de obscenidades “religiosas” en España   ha sido y es de Apocalipsis. Oficialmente la Iglesia -CEE- se ha cerrado en banda y los “malos” son los de siempre, por publicar lo que publican “sin censura eclesiástica”, así como los “buenos” – con prevalente inclusión de los “informadores religiosos”- también son los de siempre y estos, o no publican nada o casi nada, o solo lo que no perjudique los intereses, aún no espirituales, de sus respectivos obispos o de la CEE.

El pecado-pecado de la obscenidad, no está en su revelación y publicación, sino en el comportamiento de quienes de alguna manera,- por acción u omisión-  no impidieron  acciones y comportamientos inimaginables en cualquier institución y menos en la de la Iglesia, a cuyo Concordato es preciso ya colocarle , con santa y salutífera transparencia,  la fecha de caducidad.

Primero, Religión Digital
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