"Profeta de Dios en los tiempos actuales, sabe que le va a pasar lo mismo que a los demás profetas" Bergoglio, el Papa que viajaba en Metro

Bergoglio, en el Metro de Buenos Aires
Bergoglio, en el Metro de Buenos Aires

"El mismo día en que resultó elegido Jorge Bergoglio nuevo Papa, sabía poco de él … Le pedí al director del periódico en el que colaboraba, Ferrán Belda, poder escribir un artículo sobre el aún por estrenar Papa Francisco"

Los detalles que habían llegado hasta el Occidente europeo eran expresivos, claros, concretos … un Papa distinto y distante de los que utilizaban la imperial y faraónica silla gestatoria … Iban a cambiar las cosas mucho en la Iglesia"

"Laicos, religiosos, curas, obispos o cardenales… Los alentadores contra Francisco, no sólo se ciscan en la liturgia del propio Misal romano, sino también en la Carta de Pablo a los Efesios capítulos 4,5 y 12, cuando descontextualizan palabras o gestos de Bergoglio de su entorno real"

"Es en el Metro, en la calle, donde están los destinatarios de la Palabra de Dios … Y ahí está Bergoglio, con la mayoría sufriente y necesitada … profeta de Dios en los tiempos actuales, sabe que le va a pasar lo mismo que a los demás profetas, pero son cosas de Dios … Asombroso Dios que respeta tanto la libertad humana"

El mismo día en que resultó elegido Jorge Bergoglio nuevo Papa me daban el alta en el Hospital Clínico de Valencia de un infarto de miocardio. Una fecha y un acontecimiento que no se me olvidará jamás. Le pedí al director del periódico en el que colaboraba, Ferrán Belda, un excelente profesional, poder escribir un artículo sobre el aún por estrenar Papa Francisco. Mi director se asombró por cómo era tan atrevido de méteme de nuevo ante las prisas y los nervios muchas veces causantes de este tipo de siniestros de la salud, pero me dejó hacer.

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Sabía poco de Bergoglio, arzobispo de una ciudad de un país, Argentina, que está junto con Chile en el culo del mundo, pero los detalles predicados de él que habían llegado hasta el Occidente europeo eran expresivos, claros, concretos, muy descriptivos de quien llegaba a la cumbre de la Iglesia.

Uno de ellos, el que más me llamó la atención, y lo comenté, hice exégesis y hermenéutica de él, fue el que Jorge Bergoglio, siendo cardenal arzobispo de Buenos Aires, el P. Jorge, gustaba de viajar en Metro, y hablar con la gente. Ponerse al mismo nivel de los demás. Estaba todo dicho. Llegaba un Papa distinto y distante de los que utilizaban la imperial y faraónica silla gestatoria. 

"Llegaba un Papa distinto y distante de los que utilizaban la imperial y faraónica silla gestatoria"

Siempre me impresiona viajar en los abigarrados vagones del Metro. Montones de personas con sus caras serias, con sus problemas a cuestas con sus desesperanzas e interrogantes, yendo de un sitio para otro, todos sin hablarse, sin comunicarse, sin apenas mirarse, reservándose sus dramas y preocupaciones, sobreviviendo en la quemazón del asfalto, conglomerado de cuerpos con almas inanimadas, sin que nadie les ofrezca en las estaciones o trayectos unas palabras de afecto, de humanidad. El Metro, escaparate y contenedor de miles de vidas coexistiendo, sin ninguna poesía, sin mensajes de esperanza, sin ningún abrazo solidario reanimador.

Fue un análisis a bote pronto, sobre la marcha, que me urgía subrayar. Iban a cambiar las cosas mucho en la Iglesia en la medida que le dejaran hacer, sin que él se cambiara los viejos zapatos mil veces remendados traído de su Argentina querida, reciclados, aprovechados, como muchos de los zapatos que llevan quienes van en Metro.

Decía Paul Claudel que no importa como llamemos a Dios, si lo ponemos a nuestra altura. Y a Bergoglio no ha sido necesario ponerlo a nuestra altura. Él mismo se ha puesto en muchos momentos, casos, situaciones  y conflictos a nuestra altura. Todos los días llama al abandonado y acosado párroco de la comunidad cristiana de Gaza a ver cómo anda la cosa para enterarse sin intermediarios del problema, para tomar nota de las cosas más urgentes que necesita. Se pone a la altura, al mismo nivel. Es cercano. Se sube al mismo vagón del Metro.

Bergoglio
Bergoglio

Hay curas y obispos que afirman que este Papa no dice más que tonterías. Que lleva el gobierno de la Iglesia Universal como si de una diócesis argentina se tratara. Intentan desprestigiarle. Buscan deponerle. Son rigoristas que claramente alimentan el Cisma y atentan la Eucaristía cuando –ex contradictionem quodlibet- en Misa de boquilla falsamente piden por la unidad en la Iglesia, que ellos mismos provocan  su  resquebrajamiento. “Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N., con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.”

Los alentadores contra Francisco, laicos, religiosos, curas, obispos o cardenales no sólo se ciscan en la liturgia del propio Misal romano, sino también en la Carta de Pablo a los Efesios capítulos 4,5 y 12, cuando descontextualizan palabras o gestos de Bergoglio de su entorno real, el drama de la calle, el infierno del mundo. Jean Paul Sartre habla de que el infierno son los demás, no tan lejos.

Es en el Metro, en la calle, donde están los destinatarios de la Palabra de Dios, los que necesitan escucharla, recibir su mensaje de esperanza y su tierno bálsamo. Y ahí está Bergoglio, con la mayoría sufriente y necesitada, ejerciendo de profeta, cumpliendo con la misión encomendada. Sabiendo que la tarea es dura y puede acabar mal, muy mal, como todos los profetas de la Biblia,  quienes acabaron rematadamente mal, pero que en su debilidad y desastre, en su drama y tragedia, Dios se realizó, se sigue  realizando. 

Bergoglio, profeta de Dios en los tiempos actuales, sabe que le va a pasar lo mismo que a los demás profetas, pero son cosas de Dios quien intenta que la Iglesia en la tierra avance, conecte con la gente, con los más necesitados de Él en todos los órdenes y sentidos. Le está costando, porque hay que ver qué vasijas de barro tiene para ello, lo tercos y duros que son muchos de sus ministros, el personal a sus órdenes en tierra, que no dejan a veces ni revolotear libremente al Espíritu.

Asombroso Dios que respeta tanto la libertad humana que ni siquiera impide a los carreristas clericales  y a los fundamentalistas enfanguen, atenten, acosen e intenten el derribo de su profeta en este tiempo Bergoglio, quien ahí está firme ante el peligro.

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