"Una identidad común para caminar juntos" Mario J. Paredes: "Comprender la importancia histórica del acontecimiento sinodal"

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En octubre de 2021, el Papa Francisco convocó un Sínodo para la Sinodalidad, con el título "Por una Iglesia sinodal: Comunión, participación y misión"

El sínodo debía organizarse -local y regionalmente- entre 2021 y 2023, y concluir en la asamblea sinodal de octubre de 2024

Para comprender la importancia histórica de este acontecimiento en la existencia, el quehacer y el futuro de la Iglesia católica, debemos, en primer lugar, entender lo que significa realizar un SÍNODO en la Iglesia y, en segundo lugar, debemos reflexionar sobre la SINODALIDAD como una identidad que debemos asumir

En octubre de 2021, el Papa Francisco convocó un Sínodo para la Sinodalidad, con el título "POR UNA IGLESIA SINODAL: COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN". El sínodo debía organizarse -local y regionalmente- entre 2021 y 2023, y concluir en la asamblea sinodal de octubre de 2024.

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Para comprender la importancia histórica de este acontecimiento en la existencia, el quehacer y el futuro de la Iglesia católica, debemos, en primer lugar, entender lo que significa realizar un SÍNODO en la Iglesia y, en segundo lugar, debemos reflexionar sobre la SINODALIDAD como una identidad que debemos asumir, una tarea que debemos realizar y un camino que debemos recorrer en comunidad eclesial, si queremos ser hoy, indefectiblemente, la comunidad de discípulos de Cristo y misioneros de la Buena Nueva en el mundo.

¿Qué es un sínodo?

Etimológicamente, la palabra "sínodo" procede de los términos griegos "syn" ("juntos") y "hodos" ("camino"). El término "SYNOD" expresa la idea de "caminar juntos". Así pues, la palabra "Sínodo" reecoge un significado de múltiples dimensiones: la dimensión comunitaria: "juntos" y la dimensión dinámica: "caminar".

Para alcanzar este objetivo de caminar, y de caminar juntos y fraternalmente, en comunidad eclesial y universal, el Sínodo de los Obispos se convirtió en una institución permanente, creada por el Papa Pablo VI el 15 de septiembre de 1965, con la promulgación del Motu proprio Apostolica Sollicitudo en respuesta a los deseos de los Obispos participantes en el Concilio Ecuménico Vaticano II, de mantener vivo el espíritu y el clima de colegialidad nacidos en la experiencia conciliar.

Un SÍNODO es una asamblea de obispos, representantes de todo el episcopado católico, organizados y colegiados en conferencias episcopales o en organismos eclesiales regionales (v.gr. Celam), con la tarea de compartir experiencias pastorales, asesorar y asistir al Papa, como órgano consultivo, en el gobierno de la Iglesia; para - "juntos"- abrir nuevos "caminos" por los que recorrer, en las siempre cambiantes circunstancias, temas y problemas históricos de toda la humanidad, la existencia y obra de la Iglesia, en su misión evangelizadora, y la construcción del Reino de Dios en el mundo.

Considerando todo esto, no debemos perder de vista que la finalidad principal del Sínodo de los Obispos essu servicio y compromiso a la colegialidad y comunión de todos los obispos católicos con el Santo Padre. Además, debemos recordar que, aunque el Sínodo de los Obispos es una institución permanente, sólo se reúne y actúa cuando el Papa lo considera oportuno. En los últimos tiempos, la participación de los laicos en los procesos y asambleas sinodales se ha ido abriendo cada vez más.

En el Sínodo que tratamos aquí, el Papa Franciscoha querido que la participación de las mujeres sea tan importante y signiifcativa que ha concedido oficialmente a las participantes, voz y voto.

¿Qué es la sinodalidad?

La palabra "Sinodalidad" deriva del término "Sínodo", ya explicado anteriormente, y, según su convocatoria, el Papa Francisco quiere que la Sinodalidad, es decir, el "caminar juntos" sea el programa de la Iglesia católica en el siglo XXI, como comunidad creyente que peregrina, unida en la tarea de hacer posible la soberanía de Dios en el mundo, aquí y ahora, mediante el anuncio y la vida de la Buena Noticia que es el evangelio de Jesucristo.

Desde los albores del cristianismo, la idea de "caminar juntos" fue recogida por los primeros discípulos en el Nuevo Testamento. (cf. Hch 18,25-26; Mt 7,13-14; Jn 14,6). Además, "Camino" aparece como un término que designa el estilo de vida y el nombre de la propia comunidad de los primeros creyentes en Cristo: Hch 9,2.

Por tanto, convocar a la Iglesia a vivir en sinodalidad es invitarnos a volver a las fuentes primeras de nuestra fe, a vivir juntos de nuevo, fraternalmente, siendo y haciéndonos "uno" (Jn 17, 21) en Cristo, en el reconocimiento de que somos hermanos, hijos de Cristo, y de que somos "uno" (Jn 17, 21) en Cristo. Hijos de un mismo Padre. Pero, al mismo tiempo, la llamada a un ser y quehacer sinodal en la Iglesia nos pide repensar nuestras imágenes, conceptos y modos de ser y realizar la Iglesia de Jesucristo.

Ponernos en camino "JUNTOS", vivir sinodalmente, significa que podemos unirnos, reconocernos iguales en la dignidad de hijos de Dios, iguales también en el sacerdocio de Cristo del que todos participamos: los laicos del sacerdocio común de los fieles y los ministros ordenados que, además, participan por el sacerdocio sacramentalmente. Alcanzamos entonces el equilibrio en la misma fe, el mismo bautismo, el mismo Credo, el mismo Dios y la participación del sacerdocio de Cristo aunque seamos diferentes en la diversidad de dones, carismas y ministerios que el El Espíritu suscita en la comunidad de los creyentes para la misión de todos en la misión evangelizadora de la Iglesia y para el bien de todos y de toda la humanidad, teniendo siempre a Cristo como centro de la vida de la Iglesia, a imagen de los primeros cristianos que vivían unidos, con un solo corazón y una sola alma y lo tenían todo en común (cf. Hch 2,42s y Hch 4,2s).

Sinodalidad

Ponerse "en camino juntos" significa reconocerse como Pueblo de Dios peregrino en la tierra, con la misma fe, la misma esperanza y en la misma caridad.

Esta eclesiología de comunión y participación difiere de una imagen piramidal y jerárquica de la Iglesia en la que unos administran y otros, los de abajo, reciben; en la que unos participan y otros son espectadores; en la que unos saben y otros no; en la que unos hablan y otros escuchan pasivamente... La eclesiología que exige una vida en sinodalidad requiere superar el clericalismo y construir, de una vez por todas, una comunidad eclesial - Pueblo de Dios, en la que todos (ministros ordenados, religiosos y laicos, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, con diferentes culturas) estemos sentados a la misma mesa, nos experimentemos hijos de Dios, hermanos todos, partícipes todos y corresponsables de la misión evangelizadora de la iglesia en el mundo.

"CAMINAR juntos" significa e implica una comunidad capaz de abrir caminos y de ponerse en camino, de saberse enviada (Mt 10,16-18) y misionera. "Caminar" supone una comunidad creyente, no pasiva sino activa, en movimiento, en pie, atenta, despierta, vigilante, construyendo, evangelizando con obras y palabras, "predicando el Evangelio y curando toda enfermedad y toda dolencia" (cf. Mt 9,35), para cumplir el mandato de Jesús: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio" a toda criatura (Mc 16,9-15).

Cuando Francisco nos convoca al Sínodo para la Sinodalidad, a un Sínodo en el que "caminemos juntos", sueña con esta Iglesia, este Pueblo de Dios y no piramidal, un Pueblo de hermanos en el mismo credo, Pueblo que marcha y peregrina hacia la casa del Padre, Pueblo que es "luz y sal de la tierra" por el mandamiento nuevo del amor, Pueblo de Dios en el que todos se sienten llamados, pertenecientes e igualmente importantes, Pueblo de Dios en el que todos t y todos son acogidos con la compasión y la misericordia del Padre, un Pueblo de Dios en COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN.

Durante los años de su ministerio petrino, Francisco ha sido reiterativo en temas importantes a considerar en la relación de la Iglesia con el mundo y que seguramente ya están marcando el curso de estos años de preparación del Sínodo, como son: la evangelización de las periferias sociales y de quienes viven en ellas, "descartados" y "alejados" por una Iglesia samaritana que debe mostrarse como una Iglesia "en salida". Una Iglesia que necesita superar asimetrías y polarizaciones y hablar de los temas que interesan a toda la humanidad, de forma abierta, franca y libre de tópicos prohibidos.

El Sínodo para vivir la SINODALIDAD en la Iglesia nos pide COMUNIÓN y PARTICIPACIÓN para hacer efectiva y relevante la MISIÓN de quienes somos la IGLESIA de Cristo en el mundo. Para ello, hemos de mirarnos "ad intra", dentro de la propia Iglesia y mirarnos "ad extra" como Iglesia peregrina en el mundo, en medio y para toda la familia humana, para lo cual, hemos de unirnos urgentemente en la sinodalidad, para tener sentido de pertenencia a y en la Iglesia, apertura, atención respetuosa, escucha, consulta, cooperación, asesoramiento, discernimiento desde el Evangelio, celebración y diálogo sincero con otras confesiones religiosas, con los alejados de la fe, con los muy diversos ambientes e instituciones de la sociedad: política, economía, cultura, trabajo, educación, grupos minoritarios de la sociedad, etc. Porque, con la luz y los valores del Evangelio, debemos iluminarlo todo y a todos.

Que estas recepciones nos iluminen, animen y guíen en el discernimiento, participación y misión que todos debemos cumplir, para "caminar juntos", en sinodalidad, como Pueblo de Dios que quiere ser sacramento de Cristo en el mundo, espacio de luz y de compasión y misericordia de Dios para todos, como -en su momento- Jesús de Nazaret fue sacramento del Padre (Jn 14,8-12).

Mario J. Paredes es miembro del Consejo de Directores de la Academia Latinoamericana de Líderes Católicos.

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