Francisco Javier Gómez Ortega ha enviado cartas al subdelegado de Gobierno y al Defensor del Pueblo La 'cruzada' del párroco de Cañamares (Cuenca), por la justicia con un joven sin hogar durante el primer confinamiento

Francisco Javier Gómez
Francisco Javier Gómez

¿Qué está haciendo monseñor Yanguas, obispo de Cuenca, ante esta dramática situación?

"¿Desde cuándo la pobreza es criminalizada en una democracia plena como es España?"

"En esta situación me siento criminalizado, como si el pobre por ser pobre fuera criminalizado en España. Le pido que por favor me ayude en esta situación que tanto dolor y sufrimiento me está causando. Le saludo atentamente"

Carta abierta al Excelentísimo Señor D. Francisco Fernández Marugán, Defensor del Pueblo:

Desde Semana Santa de 2021 hasta la fecha de hoy, la Institución del Defensor de Pueblo ha recibido distintas cartas y documentación sobre la injusticia, el trato poco humano que recibió una persona sin hogar acogida es las dependencias parroquiales de S. Millán Abad de Cañamares (Cuenca). No sé si habrá leído la carta personal que le envió la persona sin hogar contándole su situación personal. Esta mañana, viernes 4 de junio de 2021, he recibido la respuesta a la queja interpuesta desde la Parroquia de San Millán Abad, es penosa y una vergüenza,  para nada ha tenido en cuenta su situación personal. Le hago las mismas preguntas que le hice a D. Juan Rodríguez Cantos, Subdelegado del Gobierno en Cuenca y alguna más: ¿Si usted tiene y sabe lo que es la compasión? ¿Dónde está su humanidad? ¿Desde cuándo la pobreza es criminalizada en una democracia plena como es España? ¿”Tiene pelos en el corazón”?

Le pongo por escrito la carta que le fue enviada con fecha 12 de abril de 2021, entre paréntesis quito el nombre y la identidad del chico acogido sin hogar en Cañamares, es su testimonio. La primera parte fue publicada en Religión Digital en otra carta abierta a Don Juan Rodríguez Cantos, Subdelegado del Gobierno en Cuenca. En esta ocasión va todo el testimonio para que lo lea toda España, que es todavía más duro.

Cañamares, en la Serranía de Cuenca
Cañamares, en la Serranía de Cuenca

“A la atención del Excelentísimo Señor D. Francisco Fernández Marugán, Defensor del Pueblo:

Soy (…), con DNI (…), acogido en las dependencias de la  Parroquia de S. Millán Abad de Cañamares desde finales de agosto de 2020. Le escribo la presente carta para contarle mi situación vital y social durante este último año y medio, y describiendo los hechos acontecidos en Villanueva de la Jara. Como ya sabe usted, fue enviada una queja por parte del párroco  D. Francisco Javier Gómez Ortega sobre mi situación, que ustedes han recibido y acogido, de lo cual estoy muy agradecido. Le expongo mi situación de sufrimiento y dolor:

HECHOS: A principios de marzo, antes de la declaración del estado de alarma me encontraba pernoctando de manera temporal en una pensión en Cuenca. En aquella fecha disponía solamente de una renta mensual de 350 euros ya que estaba pagando las letras del vehículo que rondaban los 200 euros. En ésta pensión, el precio por día son de 15 euros, así que al cabo de unos días se me agotó el dinero y tuve que marcharme. En éste establecimiento hotelero el dueño es inflexible con el pago ya que lo exige por adelantado por haber sido víctima de varios engaños. A pesar de todo no tengo nada que reprocharle a este señor, ya que es una persona excelente y tengo muy buena relación con él. Cuando salí de la pensión me senté en un parque público de Cuenca, terriblemente preocupado por la situación que estaba viviendo y buscando soluciones para remediar el problema. Las calles estaban totalmente vacías debido al confinamiento y el miedo y el desconcierto  se palpaban en el ambiente. Al poco rato, se presentó una patrulla de la Policía Local los cuales estuvieron hablando conmigo. Les conté los motivos por los que estaba allí y entendieron razonablemente la situación, pero me sugirieron que me marchara ya que podía ocasionar un ‘’efecto llamada’’ a los demás ciudadanos que estaban confinados. Acto seguido me fui. (Pueden comprobar tanto la intervención de la Policia Local como mi estancia en la pensión).

Viendo que no podría solucionar el problema en Cuenca, me dirigí a la localidad de Motilla de Palancar, que tiene un albergue de transeúntes donde se puede pernoctar una noche. En la puerta del albergue habían colocado un cartel en el que se podía leer que el albergue estaba cerrado por motivos sanitarios ( conforme a la Ley bla, bla…). Llamé varias veces al timbre del despacho parroquial, ya que los sacerdotes tienen la vivienda en lo alto del inmueble. Tras varios intentos de ponerme en contacto con ellos, desistí, entendiendo que ellos también habían optado por el aislamiento total y que como cualquier otra persona tenían miedo por la situación. (Aún así, no tengo nada que reprocharles, ya que es gente solidaria que está ayudando durante todo el año a personas desfavorecidas). Al rato, me dirigí al ayuntamiento para ver si en Servicios Sociales podrían ayudarme. No quisieron atenderme en ningún momento. Finalmente conseguí hablar con un Policía Local que me facilitó el número de teléfono del Albergue de Transeuntes de Teruel. (También puede comprobarlo). Llamé al albergue de Teruel varias veces. Tras varios intentos, se puso al teléfono un funcionario que me facilitó otro teléfono. En ése otro teléfono también me contestó otro funcionario que me dio ‘’largas’’. Finalmente desistí. No disponía de ningún dinero y llevaba prácticamente dos días sin comer. El hambre me estaba enloqueciendo y pensé en varias ocasiones abrir un container de basura y comer algunos desechos. Finalmente desistí, ya que podría pillar alguna enfermedad e iba a ser peor el remedio que la enfermedad. Llegó la noche. Muerto de hambre y de frío instalé la tienda de campaña que tengo en unos soportales del pueblo. Allí pasé la noche. Al día siguiente, un hombre del pueblo me dio 5 euros y pude comprar un bocadillo en el Mercadona. Permanecí 4 o 5 días en el pueblo, montando la tienda de campaña por la noche y desmontándola por la mañana. Durante todos estos días estuve pasando hambre por el día y frío por la noche. Pensé incluso en suicidarme. En ningún momento se acercó por allí ninguna autoridad del pueblo ni ningún ciudadano a prestar cualquier tipo de asistencia (igual se pensaban que era un ‘’hippy’’ que estaba allí por diversión). Finalmente, siendo consciente de que mi vida estaba corriendo peligro por la falta de alimento, de higiene y de todo tipo de necesidades básicas, resolví desplazarme a otras localidades en busca de un centro de acogida. Así que con el poco de gasolina que me quedaba en mi Scooter, recorrí varios pueblos con éste propósito. Uno de estos pueblos es la localidad de Villalba de la Sierra. En ésta localidad de Villalba de la Sierra es donde se me impone la primera sanción por incumplimiento del estado de alarma. En el momento en que me paró la Guardia Civil yo me dirigía a comprar alimento al supermercado. No se me notificó en ningún momento que estuviera multado.

Tras varios intentos infructuosos en busca de alojamiento llegué a la localidad de Villanueva de la Jara. Era el día 23 de marzo. Decidí quedarme en el pueblo y pernoctar por la noche en la cubierta de la plaza donde está el ayuntamiento, ya que al día siguiente cobraba la pensión y podría comprar alimento y buscar algún alquiler, algo también bastante difícil debido al cierre de la mayoría de establecimientos hoteleros. Sobre las 4 o 5 de la tarde, me pongo a deambular por el pueblo (el hambre me estaba matando) en busca de alimento y observo que dos individuos montados en un coche de Protección Civil se ponen a seguirme por el pueblo. A cada paso que doy están detrás de mío. Empiezo a temer que estén buscando a alguien por un ajuste de cuentas y que se hayan confundido de persona (no sería la primera vez). No es lo habitual que dos individuos desconocidos te estén siguiendo en un coche sin motivo aparente. Temeroso por éste hostigamiento mi preocupación va en aumento. A la altura del convento de las monjas, temeroso de que pudieran portar algún arma, me encaro con el individuo que va en el asiento del copiloto y le pregunto ‘’que quien era’’, ‘’que qué quería’’, ‘’que por qué me estaban siguiendo’’ (todo lo que quiere saber uno cuando dos individuos desconocidos te están siguiendo con un coche). Se identificó verbalmente como voluntario de Protección Civil. Me ‘’ordenó’’ que debido a la pandemia no se podía estar en la calle y que estaban realizando ‘’operaciones de vigilancia’’ con motivo del virus. Le dije que dejase de seguirme ya que él no tenía ningún rango de autoridad ni para dar ordenes ni para seguir a nadie con un coche. Pusieron el coche en marcha y se fueron. Ya anocheciendo, mientras estaba yo en la cubierta de la plaza del ayuntamiento preparando el saco de dormir para pasar la noche, se presentan estos dos individuos con una pareja de la Guardia Civil. Uno de estos guardias estuvo hablando conmigo y le comuniqué la intención que tenía de dormir allí para marcharme al día siguiente una vez hubiese cobrado la pensión. También le comuniqué el acoso que estaba sufriendo por parte de estos dos individuos de Protección Civil. No me consta que éste presunto delito de acoso se haya denunciado en ninguna parte. Por otra parte, viendo la hostilidad que estos dos voluntarios de Protección Civil tenían hacia mi persona me dirigí a ellos en los términos de: ‘’Iros a trabajar y no hagáis mas el idiota’’, ‘’Ya me estais tocando los cojones’’ (ésta es una de las expresiones que aparecen en el informe de los hechos). Acto seguido me dirigí a la cubierta del ayuntamiento. A los 5 minutos se dirigió uno de estos agentes hacia mí ordenándome que tenía que marcharme y desalojar aquello. Serían las 10 de la noche, estaba lloviendo y las temperaturas estaban bajo 0. Recogí todo lo que tenía, como me había ordenado, y antes de cargar el equipaje en la moto le dije: ‘’¿Esa es la humanidad que tiene usted?’’ (¿dónde están todos esos insultos que aparecen en los hechos?). A continuación, sin dinero, sin gasolina, lloviendo y muerto de frío y sin tener ningún lugar donde dormir me dispuse a trasladarme a la localidad cercana de Casasimarro, con el objeto de dormir en el cajero automático de Liberbank, que está abierto las 24 h. No había circulado 200 metros cuando me quedé sin gasolina. Ante esta nueva calamidad, empujé la moto hasta la marquesina de la parada de autobuses. Allí estuve sentado hasta las 2 de la mañana, muerto de frío. Cuando me estaba venciendo el sueño, tiré dos cartones bajo la marquesina e intenté dormir 3 ó 4 horas. A las 6 de la mañana me desperté calado hasta los huesos, ya que había estado lloviendo toda la noche. Me levanté tosiendo y con un dolor de huesos terrible, ya que padezco de los pulmones y tengo artritis. Sin un euro ni para tomar café, me dirigí al cajero en varias ocasiones, a lo largo de la mañana, para ver si me habían hecho el ingreso de la pensión. No recibí el ingreso hasta la 1 y media. Como había contraído una deuda de 5 euros con el estanquero el día anterior y tenía previsto saldarla me esperé hasta que abriese a las 5 de la tarde. En esta espera se presentaron dos guardias civiles a preguntarme que qué estaba haciendo allí. Les dije que no tenía casa, que estaba esperando a que abriese el estanco para pagarle al hombre los 5 euros que le debía. Me pidieron la documentación y se la dí. En todo momento estuvieron hablándome con malas formas y en una actitud despectiva, llegando a temer en ciertos momentos a que llegasen a golpearme. En la conversación se cruzan varias expresiones que yo dije tales como: ‘’Uno va donde quiere’’ (en los hechos del informe pone ‘’Tengo libertad para ir donde me salga de los huevos’’. Otra expresión que dije fue: ‘’No se a qué casa me voy air, como no me vaya a la suya’’ (en los hechos del informe pone ‘’A tu puta casa me voy a ir para que me veas todos los días gilipollas’’). Otra expresión que dije fue: ‘’Tengo una hermana que es fiscal’’ (en los hechos del informe pone ‘’Voy a llamar a mi hermana que es fiscal y os vais a cagar subnormales’’.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Se dirige de manera despectiva a los agentes actuantes’’. Mi aclaración: Los que se dirijen de manera despectiva hacia mi persona son los agentes actuantes.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Mostrándose poco colaborador en la actuación’’. Mi aclaración: Estuve colaborando en todo momento. No me negué a identificarme ni a marcharme cuando me echaron del pueblo.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Tengo libertad para ir donde me salga de los huevos’’. Lo que yo dije fue: ‘’Uno va donde quiere’’.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Ya me estais tocando los cojones’’. Mi aclaración: esta expresión la dirigí contra un voluntario de Protección Civil (por los motivos arriba indicados).

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Iros a tomar por culo y dejarme en paz’’. Mi aclaración: ésta es la mentira más repugnante que he visto en mi vida.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Cuando se le insta a abandonar la vía pública en cumplimiento del citado RD responde con gesticulaciones amenazantes levantando los brazos’’. Mi aclaración: ésta es la mentira más repugnante que he visto en mi vida.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’A tu puta casa me voy a ir para que me veas todos los días gilipollas’’. Lo que yo dije fue: ‘’No se a que casa me voy a ir, como no me vaya a la suya’’.

En éste acta con hechos que no se ajustan a la verdad pone: ‘’Voy a llamar a mi hermana que es fiscal y os vais a cagar subnormales’’. Lo que yo dije fue: ‘’Tengo una hermana fiscal’’.

Hago destacar la alusión enfermiza y obsesiva a los órganos genitales que se redactan en éste acta-denuncia: aparecen continuamente términos como: ‘’huevos’’, ‘’cojones’’, ‘’polla’’, ‘’culo’’, ‘’cagar’’. (Da mucho que pensar).

Declaro, por tanto, que esto está manipulado totalmente, con verdades, medias mentiras y mentiras completas.

Declaro también que ésta es una denuncia claramente discriminatoria por razón de condición social.

Finalmente, agentes de éste mismo cuerpo policial, en la misma localidad de Villanueva de la Jara (hará 4 ó 5 años), me abordaron en la parada de autobuses acusándome indiscriminadamente de unos presuntos desórdenes en un bar del pueblo, sin haber hecho ningún tipo de pesquisa previa. Tras insistir vehementemente en que se estaban equivocando de persona se percataron del error después de recibir una llamada por el teléfono. Al parecer, el ocasionante de los hechos era un ciudadano de un país del este, en situación social precaria y con graves problemas de alcoholismo. Lejos de pedir disculpas o una rectificación por el error cometido, se limitaron a advertirme ‘’Que tuviera cuidado’’.

Por último, decir que llevo un año viviendo entre las localidades de Priego y Cañamares. Preguntado en varias ocasiones por miembros de la Guardia Civil sobre el motivo de mi estancia en dicha localidad, no consta que yo les haya insultado o levantado los brazos. Por el contrario, alguno se ofreció a prestar ayuda en caso de que la necesitase, de lo cual quedé agradecido.

En esta situación me siento criminalizado, como si el pobre por ser pobre fuera criminalizado en España. Le pido que por favor me ayude en esta situación que tanto dolor y sufrimiento me está causando. Le saludo atentamente.

Fdo:

En Cañamares a 12 de abril de 2021”.   

Acompañar el confinamiento
Acompañar el confinamiento

Esta es la carta que usted recibió, enviada por correo urgente y certificada desde la oficina de Priego (Cuenca) el mismo día 12 de abril de 2021.

            Concluyo con la misma pregunta con la que concluí otra carta enviada usted: ¿Desde cuándo la pobreza es criminalizada en una democracia plena como es España?

            Le saludo atentamente:

                                                                        Fdo: Francisco Javier Gómez Ortega

                                                                        Párroco de S. Millán Abad de Cañamares

En Cañamares (Cuenca) a 4 de junio de 2021.

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