"¿Cabe más pobreza que la falta de amor?" El Covid 19 y las cárceles: "¡Anda ya! ¡Que se pudran ahí en ellas!"

Prisiones
Prisiones

"Nuestra Señora de la Merced es ya de muy antiguo la Patrona de presos y cautivos. Ese es el carisma de Trinitarios y Mercedarios. De ellos nos habla Cervantes en El Quijote"

"Las cárceles mayoritariamente están habitadas por pobres, víctimas de las más variadas miserias y un gran porcentaje de enfermos psiquiátricos. Para comprobarlo basta con adentrarse en estudios serios y acreditados"

"Y quiero tener muy en cuenta a ‘nuestros’ funcionarios. Una profesión muy dura y que produce gran burnout: "el síndrome del trabajador quemado" relacionado con una respuesta de estrés crónico en el trabajo"

"Como voluntario he entrado en contacto muy intenso con la persona de muchos reclusos, de sus familias, de muchas víctimas y también con el mundo de los ‘juzgadores’ legales..."

"Y de otros ciudadanos que, sin pensarlo más, dicen, decimos, como hizo ese pobre agitador político: "¡Anda ya! ¡Que se pudran ahí en ellas!" "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."(Lc 23, 34). Ni tampoco lo que dicen"

"Cuanta necesidad tenemos de celebrar, cada uno a su modo, la Fiesta de la Merced: Mater captivorun.
Y con cuanta humildad tendremos que rogar: Ora pro nobis"

Llega el día de “La Merced”: Ave, Sancta Mater captivorum omnium, et ora pro nobis”. Nuestra Señora de la Merced es ya de muy antiguo la Patrona de presos y cautivos. Ese es el carisma de Trinitarios y Mercedarios. De ellos nos habla Cervantes en El Quijote.

Con motivo de esa memoria, el 24 de septiembre, se celebra fiesta en las cárceles, si es que en las cárceles puede haber fiesta. Y menos ahora.

Ese es el día para entregar las condecoraciones a los funcionarios por los servicios reconocidos.

También los diversos voluntariados reciben las honoríficas medallas civiles al Mérito Social Penitenciario «por la realización de servicios de relevancia, creación de entidades colaboradoras en la reinserción y resocialización de los reclusos o por el extraordinario apoyo prestado a la Administración penitenciaria, así como por su contribución a la mejora de la actividad penitenciaria en cualquiera de sus manifestaciones».

En el año 2015, «me cayó» a mí una medalla de bronce. Digo, me cayó, porque se parece a la lotería: «te cae». La historia, en resumen fue así. En el 2009 me acerqué a visitar un feligrés que sufría reclusión en la cárcel de Teixeiro, A Coruña, por algo que se tendría que arreglar y pagar en la comunidad sin romper la vida de toda una familia.

D. Manuel García Souto era el capellán titular. Y fue por su mediación como se me facilitó la entrevista. Al salir, con una paz y serenidad que me impresionaron, me invitó a echar una mano, ya que en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol no tenemos cárceles pero sí tenemos muchos presos y muchas familias llenas de angustias, sufrimientos y problemas. Acepté sin dudarlo. Me hice voluntario. Luego vino la entrega a unos hermanos que, como le dijo Job a Dios: Antes “te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. “(Job 42,5).

Nuestra Señora de la Merced
Nuestra Señora de la Merced

Ese día se me regaló un décimo con premio. También D. Dionisio, el educador del módulo 7, me agasajó con su vida, que resultó ser otro décimo de la Primitiva con premio extraordinario. Me puso en contacto incluso con la Unidad de Custodia del Hospital. Y yo no tengo más mérito. Hace falta ser sinceros y honestos con eso del «Mérito Social Penitenciario». No sé de quién fue la idea, pero mi mérito es muy pequeño. Pero ante todo quiero ser agradecido. Relato esto para indicar que hoy conozco un poco la cárcel por dentro. Sobre todo he entrado en contacto muy intenso con la persona de muchos reclusos, de sus familias, de muchas víctimas y también con el mundo de los ‘juzgadores’ legales y de tantos otros ciudadanos que, sin pensarlo más, dicen, decimos, como hizo ese pobre agitador político: “¡Anda ya! ¡Que se pudran ahí en ellas!” “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”(Lc 23, 34). Ni tampoco lo que dicen.

Cáritas y otras entidades solidarias usan mucho en las campañas el eslogan: “Ponte en su lugar”. Ese es el mérito. Empatía, autenticidad, consideración positiva, aceptación incondicional, escucha activa, y saber ver con los ojos del corazón. Esas son las actitudes según Carl Rogers. Veamos cómo lo ven mis mentores espirituales:

1. Jesús de Nazaret. «Estuve en la cárcel y me vinisteis a ver». «No me habéis torcido la cara».

2. S. Pablo. (Hb 13, 1-3). «Perseverad en el amor fraterno. No olvidéis la hospitalidad, pues gracias a ella algunos han hospedado a ángeles. Tratad y preocupaos de los presos como si vosotros mismos estuvieseis encadenados con ellos; preocupaos de los que sufren, porque vosotros también tenéis un cuerpo».

3. El Papa Francisco: Proclamó el año de la compasión y nos urge al pueblo cristiano y a toda persona de bien a tener un corazón de pobre. (Misericordiae cor).

Prisión

4. ¿Recordáis la Canción de Poquito, el payaso de los Chiripitifláuticos? «Tengo cinco estrellas, un gato y un libro; tengo pocas cosas, y muchos, muchos amigos».

Yo también tengo muchos amigos. Y ese mérito es vuestro. Gracias a muchísimos amigos del mundo penitenciario. Quiero empezar por los y las que sufren reclusión y que están en la mayor de las pobrezas: Con su propia conciencia rota y sin autoestima. Sin fama ni amigos; sin salud y sin nombre en la sociedad. ¿Cabe más pobreza? Nadie los quiere. De vosotros y para vosotros, amigos presos, son estas medallas que se entregan por La Merced, por el mucho amor y dolor que pasáis cada día en «La fábrica del llanto y el telar de las lágrimas», en palabras de Miguel Hernández.

Las cárceles mayoritariamente están habitadas por pobres, víctimas de las más variadas miserias y un gran porcentaje de enfermos psiquiátricos. Para comprobarlo basta con adentrarse en estudios serios y acreditados. Un buen número de ellos están en internet.

La mujer presa sufre varias penalidades a mayores por la misma causa. Dada su condición femenina. Higiene, menos posibilidades de clasificación al contar muchas veces con un único módulo, menos oportunidades de promoción humana y persoal. Menos actividades. Y otras que no cito. Non son ciertamente los tempos de Concepción Arenal. Ni los de Lidia Falcón cuando en su reclusión en el franquismo escribió: “En el Infierno. Ser mujer en las cárceles de España”. La precariedad de la mujer es siempre más grande, más humillante y, por supuesto, más injusta. Y sufre más la ausencia de los hijos y ellos también acusan más la falta de la madre, sobre todo cuando son menores de edad. Y de eso sé por ser un niño huérfano de madre.

Muchos de vosotros, queridos reclusos, llegasteis aquí predeterminados ya por vuestro origen. «Porque el mundo os ha hecho así, porque nadie os amó». Si yo naciera y viviera en esas circunstancias estaría aquí. Y no me gustaría que nadie, nadie, me desease que me pudriese en la cárcel. Ni se lo deseo a ellos, aunque me lo digan.

Y quiero tener muy en cuenta a ‘nuestros’ funcionarios. Una profesión muy dura y que produce gran burnout: "el síndrome del trabajador quemado" relacionado con una respuesta de estrés crónico en el trabajo.

Generalmente, se caracteriza por un progresivo agotamiento físico y mental, falta de motivación absoluta, entre otros.” Y los hay auténticamente vocacionados y con una entrega encomiable. Soy testigo.

El Covid 19 y la cárcel

No nos imaginamos como se acrecientan los miedos, la rigidez en la disciplina ya de por sí dura y difícil, el silencio, las tensiones crecientes, la soledad, la privación de comunicación con familiares, el aumento de las más y más variadas pobrezas, pérdida de actividades, miedo a la muerte, pérdidas de esperanza, llantos, etc. Aumenta el primer grado y las sanciones disciplinarias. Mayor irritabilidad por claustrofobia y encierros más prolongados. Menos mal que han facilitado el tener más comunicaciones por teléfono.

“¡Anda ya! ¡Que se pudran ahí en ellas!” Cuando tú, amigo o amiga, político o proclamador de esas palabras tan gruesas y de tal guisa, que por alguna razón eres o estás preso/presa de tu falta de equilibrio verbal personal, sábete que en tu mismo interior se está pudriendo el ser humano por una falta de la sindéresis imprescindible para responder de verdad a los grandes retos de este mundo que decimos querer cambiar.
Muchas veces buscamos compensaciones en nuestra auto escucha. No amigo. Eso ya lo hace Trump. No lo tomes de modelo. En eso que proclamas estás clamando a gritos tus propias dolencias. Pero haces daño. Mucho daño. Y te estás autodestruyendo. Por ello te reitero las palabras de Pablo: “Tratad y preocupaos de los presos como si vosotros mismos estuvieseis encadenados con ellos; preocupaos de los que sufren, porque vosotros también tenéis un cuerpo”.

Prefiero mirarme en el espejo de lo constitucional, ahora que tanto la invocamos. Art. 25, § 2: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados. El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este Capítulo, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.”

También este es un espejo en el que mirar nuestra personalidad individual y comunitaria y seguramente en él encontraremos y se reflejarán bastantes patologías, sobre todo psicosociales, a remediar sin tardanza.

Aumentan exponencialmente en estos momentos la cantidad, modelos y tipos de prisiones de tantas clases que padecemos, con el peligro de pudrirnos todos sin remedio si no encontramos caminos acertados: las residencias de nuestros ancianos, todas las instituciones educativas de infancia, adolescencia, juventud; mundo del trabajo, paro, subempleo, explotación de personas en condiciones de esclavitud, abusos, violencias, maltrato y malos tratos a niñas y niños, mujeres, ancianas y ancianos, discapacitados, etc. Hay menos posibilidades para vivir la fe en comunidad.

Son escandalosos los argumentos esgrimidos, hace pocos días, para evitar el control de la pandemia en los centros de prostitución ‘autorizados’. No ya por defender a las personas allí atrapadas, abusadas y prostituidas, sino porque los prostituidores y usuarios podrían quedar al descubierto y no colaborarían al intentar seguir el hilo de la cadena de los contagios. Hipocresía pura. Ya sé que el análisis de este ‘negocio’ es muchísimo más complejo y complicado que el de un artículo. Y que no está al alcance ni siquiera de los grandes rotativos. ¿No se quiere? ¿No se puede? ¿No se sabe? Preguntaría Epicuro.

Aporofobia (ἄπορος áporos ‘pobre’, φόβος fóbos ‘miedo’) es el miedo y rechazo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Es la animosidad, hostilidad y aversión, respecto de las zonas o barrios carenciados y respecto de las personas pobres, o sea, frente a aquellas personas que se encuentran desamparadas y con muy pocos recursos”. Y es un peligro creciente en las nuevas pobrezas que se nos avecinan.

“¡Anda ya! ¡Que se pudran ahí en ellas!” No. No estoy de acuerdo. También aquí hay muestras de una radical aporofobia.

Cuanta necesidad tenemos de celebrar, cada uno a su modo, la Fiesta de la Merced: Mater captivorun.
Y con cuanta humildad tendremos que rogar: Ora pro nobis.

Cárcel

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