Curia Romana. Una nueva prelación a favor de la Secretaría de Estado

Pugna con Doctrina de la Fe

La doctrina y los dogmas dejaban de ser lo primordial para centrarse en el prestigio del “leader”

06 jun 2013 - 08:46

(Celso Alcaina).- Durante varios siglos, la razón y fundamento del primado del papa sobre la Cristiandad fue la doctrina y la moral. Las funciones sacramentales, la disciplina, el gobierno, incluidos los nombramientos de obispos, eran algo no reservado al Papado.

Tan sólo en el siglo XX, año 1903, como consecuencia de las nuevas prerrogativas otorgadas por el Vaticano I al papa (jurisdicción inmediata y directa en todo el orbe), Pio X creó la Congregación De eligendis Episcopis. Se ocuparía de seleccionar - y no sólo investir - a los obispos y ello para algunas regiones específicas.

Dicha Congregación, que duró cinco años escasos, analizó exclusivamente candidatos a obispos para diócesis italianas. Hasta entonces y salvo en épocas o lugares (España, Francia y Alemania, p. e.) en que estuvieran o todavía estaban vigentes las "investiduras" por gobernantes civiles, los obispos de cada provincia eclesiástica, reunidos en sínodo, elegían y consagraban al candidato para una sede vacante. Los obispos en sus respectivas diócesis y, si era preciso, los concilios particulares o ecuménicos, atendían al régimen de la Iglesia y a la pureza de la doctrina. En los problemas de fe, los obispos recurrían, en última instancia, a la autoridad del obispo de Roma.

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