Defensor de las prostitutas

Mujeres esclavizadas

Nuestras Iglesias diocesanas no pueden abandonarlas a su triste destino

14 jun 2013 - 09:00

(José A. Pagola).- Jesús se encuentra en casa de Simón, un fariseo que lo ha invitado a comer. Inesperadamente, una mujer interrumpe el banquete. Los invitados la reconocen enseguida. Es una prostituta de la aldea. Su presencia crea malestar y expectación. ¿Cómo reaccionará Jesús? ¿La expulsará para que no contamine a los invitados?. La mujer no dice nada. Está acostumbrada a ser despreciada, sobre todo, en los ambientes fariseos.

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