Setenta años después Einstein ante las cuestiones más profundas

El físico Albert Einstein, de origen judío, célebre por su teoría de la relatividad que cambió para siempre la ciencia moderna

Setenta años después de su muerte, abordamos cómo se sitúa ante las cuestiones más profundas:  Dios, el Universo, la Paz, la Vida, la Muerte, el Alma, la Conciencia

El físico Albert Einstein, de origen judío, célebre por su teoría de la relatividad que cambió para siempre la ciencia moderna, nace en Ulm (Alemania) el 14 de marzo de 1879 y muere en Princeton (Nueva Jersey, Estados Unidos) el 18 de abril de 1955. Setenta años después, abordamos cómo se sitúa ante lascuestiones más profundas:  Dios, el Universo, la Paz, la Vida, la Muerte, el Alma, la Conciencia. Lo hacemos desde estos puntos de vista: un libro sobre su visión del mundo, publicado cuando tenía cincuenta años, y tres documentos, que nos deja al final de su vida: un manuscrito o diario, una entrevista y una conferencia. De este modo, vemos su evolución al respecto: ¿qué es lo que permanece y qué es lo que cambia?

Presentación

En su libro Mi visión del mundo (1929) Einstein se presenta así: “Soy un auténtico solitario. Nunca pertenecí del todo al Estado, a la Patria, al círculo de amigos ni aun a la familia más cercana. Si siempre fui algo extraño a esos círculos es porque la necesidad de soledad ha ido creciendo con los años”, “mi ideal político es la democracia. El individuo debe ser respetado en tanto persona”, “el misterio es lo más hermoso que nos es dado sentir. Es la sensación fundamental, la cuna del arte y de la ciencia verdadera. Quien no la conoce, quien no puede asombrarse ni maravillarse está muerto”, “la verdadera religiosidad es saber de esa Existencia impenetrable para nosotros. Saber que hay manifestaciones de la Razón más profunda y de la belleza más resplandeciente sólo asequibles en su forma más elemental para el intelecto. En ese sentido, y sólo en este, pertenezco a los hombres profundamente religiosos” (pdf, pp. 3-5).

Creemos. Crecemos. Contigo

El Dios en el que no cree

Einstein no cree en un “Dios antropomórfico”, “ese viejo con barbas”, hecho a semejanza del hombre. “Un Dios que recompense y castigue a seres creados por él mismo, que, en otras palabras, tenga una voluntad semejante a la nuestra, me resulta imposible de imaginar. Tampoco quiero ni puedo pensar que el individuo sobreviva a su muerte corporal”, ”a mí me basta con la eternidad de la Vida, con el presentimiento y la conciencia de la construcción prodigiosa de lo existente, con la honesta aspiración de comprender hasta la mínima parte de razón que podamos discernir en la obra de la Naturaleza” (pp. 5-6).  Con los años, al final de su vida, cambiará. Dirá: “La conciencia sobrevive”, “la conciencia se transforma”.

Albert Einstein, en una imagen de archivo.

El sentido de la vida

“Tener respuesta a esta pregunta se llama ser religioso”, “quien sienta su vida y la de los otros como una cosa sin sentido es un desdichado, pero algo más: apenas si merece vivir”. El verdadero valor de un hombre: “Se determina según una sola norma: en qué grado y con qué objetivo se ha liberado de su Yo”. De la riqueza: “El dinero no lleva más que al egoísmo, y conduce irremediablemente al abuso” (p. 6). 

Individuo y comunidad

“Debemos confesar que si aventajamos a los animales superiores es gracias a nuestra vida en comunidad. Un individuo aislado al nacer permanecería en un estado tan primitiva del sentir y del pensar, como difícilmente podamos imaginarlo. Lo que es y lo que significa el individuo no surge tanto de la individualidad como de su pertenencia a una gran comunidad humana, que guía su existencia material y espiritual desde el nacimiento hasta la muerte”, “sólo el individuo aislado puede pensar”, “una comunidad sana está, pues, tan ligada a la independencia de sus individuos como a su asociación dentro de su seno” (pp. 7-8).

Religión del miedo y religión moral

¿Cuáles son los sentimientos y las necesidades que han llevado al hombre al pensamiento religioso y a creer? “En el hombre primitivo es el miedo. Miedo al hambre, a los animales salvajes, a la enfermedad, a la muerte”. Luego están los sentimientos sociales: “El anhelo de dirección, de amor y de apoyo moral motiva la creación de conceptos sociales, como por ejemplo el concepto moral de Dios. Tal es el Dios de la Providencia, que ampara, dispone, recompensa y castiga. Es el Dios que según el horizonte de los hombres impulsa la vida de la familia, de la humanidad, que consuela en momentos de desgracia y de nostalgia, que custodia las almas de los muertos”, “en las Sagradas Escrituras del pueblo judío se nota la evolución que lleva desde la Religión del Miedo hacia la Religión Moral. La continuación se llevó a cabo en el Nuevo Testamento. Las religiones de todos los pueblos civilizados, en especial los de Oriente, son en esencia religiones morales” (pp. 12-13).

Religiosidad cósmica

Es un “tercer grado de experiencia religiosa”, “se puede encontrar incluso en algunos salmos de David y en algunos profetas”, pero con mayor fuerza “en el budismo”, “la Religiosidad Cósmica es el estímulo más alto de la investigación científica”, “un contemporáneo ha dicho y no sin razón que en esta época tan fundamentalmente materialista son los investigadores científicos serios los únicos hombres profundamente religiosos”, “el investigador está impregnado por la causalidad de todos los hechos”, “su religiosidad se apoya en el asombro ante la armonía de las leyes que rigen la Naturaleza, en la que se manifiesta una racionalidad tal, que en contraposición con ella toda estructura del pensamiento humano se convierte en insignificante destello”, “si enfocamos de este modo a hombres como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza, veremos que existen entre ellos relaciones” (pp. 13-16). Para Demócrito (hacia 460-370 a.C.), la materia está integrada por átomos.

Realismo ingenuo

Cuando le pidieron que escribiera algo sobre el británico Bertrand Russell (1872-1970) “como filósofo y como teórico del conocimiento”, la admiración y el respeto hacia él le hicieron aceptar enseguida: “Apenas empecé, descubrí lo escurridizo del terreno en que me movía, terreno en el que además actuaba como un extraño, ya que hasta ahora me había dedicado exclusivamente a la Física”, “en el desarrollo del pensamiento filosófico a lo largo de los siglos ha desarrollado un papel fundamental la siguiente pregunta. ¿Qué conocimiento puede obtener el pensamiento independientemente de las impresiones de los sentidos?”, “la creencia en la posibilidad de encontrar lo cognoscible mediante el pensamiento puro estaba muy extendida en los inicios de la Filosofía”, “tal noción parece haber desempeñado aún un papel importante en Spinoza y hasta en Hegel”, “esta última ilusión, más aristocrática, de la capacidad ilimitada del pensamiento, se enfrenta con la ilusión más plebeya del realismo ingenuo, según el cual las cosas son tal como las perciben nuestros sentidos” (pp. 34-36).

Noticias de Tecnología, Gaming, Ciencia, Ocio e Industria - Página 1117 |  Computer Hoy

La bomba atómica

”Mi participación en la construcción de la bomba atómica se limitó a un único hecho: firmé (el 2 de agosto de 1939) una carta dirigida al presidente Roosevelt. En ella el énfasis se ponía en la necesidad de preparar experimentos para estudiar la posibilidad de realizar una bomba atómica. Era consciente del horrible peligro que la realización de ese invento representaba para la humanidad. Pero la probabilidad de que los alemanes estuvieran trabajando en lo mismo me empujó a dar ese paso. No me quedó otra salida, aunque siempre he sido un pacifista convencido”, “el servicio militar obligatorio, como semillero del nacionalismo, debe ser combatido” (pp. 48-49 y 64; ver documental Einstein y la bomba, 2024). El 6 y el 9 de agosto de 1945, el presidente Truman lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. Murieron más de 220.000 personas. “¿Qué ves en la noche?, dinos, centinela” (Is 21,11). Está en el sueño de Daniel (Dn 7) y en el Apocalipsis (Ap 13,4): “Bestias que someten / con poder la tierra, / desgarran, devoran, / asolan, blasfeman / y muchos repiten: / ¿Quién como la Bestia?”.

Judaísmo y cristianismo

“El judaísmo encarna más las concepciones vivas en el pueblo judío que la suma de las leyes contenidas en la Thorà e interpretadas en el Talmud”, “el Dios judío significa no solamente un rechazo de la superstición y un pretexto para su abolición. Es también un intento de basar el código moral en el miedo, un intento lamentable, poco honroso. Creo no obstante que la tradición moral del pueblo judío se ha desembarazado de ese temor. Está claro que ‘servir a Dios’ es lo mismo que ‘servir a seres vivientes’. Y ese es el objeto de la lucha de los mejores hijos del pueblo judío, sobre todo de los profetas y de Jesucristo”. Del judaísmo lo mejor son los profetas y del cristianismo lo mejor es Jesús: “Si se separa al judaísmo de los profetas y al cristianismo tal como fue entendido por Jesús de todos los agregados posteriores, en especial los de los sacerdotes, subsistiría una doctrina capaz de curar a la humanidad de todas sus enfermedades sociales” (pp. 98-100).

Palestina

“Palestina no es para nosotros, judíos, una obra de caridad o una empresa de tipo colonial, sino un problema fundamental, del interés de todo nuestro pueblo. Y antes que nada, Palestina no es un refugio para los judíos orientales, sino la corporeización resurrecta del sentimiento nacional de todos los judíos”, “analicemos rápidamente el desarrollo de los judíos alemanes durante los últimos cien años. Hace un siglo nuestros antepasados vivían, salvo raras excepciones, en el gueto. Eran pobres, carecían de derechos políticos, y estaban apartados de los no judíos por una serie de tradiciones religiosas, de conformismos y de jurisdicciones limitadoras”, “estaban poco o superficialmente enterados del poderoso impulso que la vida intelectual de Europa había experimentado a partir del Renacimiento. Pero nos llevaban ventaja en un punto: cada uno pertenecía por entero a la comunidad de la que sentía miembro”, “la adaptación de los judíos a los pueblos europeos entre los que vivían, a sus idiomas, a sus costumbres, y hasta en parte a sus formas religiosas, no logró disipar esa sensación de ser extranjero que se mantiene entre el judío y las comunidades europeas hospedantes. En última instancia, ese innato sentimiento de extranjería constituye la base del antisemitismo”, “importa que los judíos retomemos conciencia de nuestra existencia como nacionalidad”, “les ruego que consideren el movimiento sionista desde este punto de vista. La Historia nos ha encomendado la reconstrucción cultural y económica de nuestra tierra de origen” (pp. 109-111).

Pslestina
Pslestina

Sionismo

“Entre las organizaciones sionistas, Palestina Trabajadora es la que beneficia del modo más directo a los hombres que logran transformar con sus manos el desierto en florecientes colonias. Estos trabajadores voluntarios son la élite de la juventud judía”, “gentes cultas y seres cuya lucha pacífica sobre una tierra abandonada beneficia a todo el pueblo judío, ya directa ya indirectamente. Suavizar en lo posible la dureza de su destino será salvar vidas humanas especialmente valiosas. Pues la lucha de los primeros colonos sobre un suelo todavía no saneado es una serie de esfuerzos rudos y peligrosos”, “estos trabajadores serán también los únicos que puedan establecer relaciones sanas con el pueblo árabe. Meta que es el objetivo principal político del sionismo”, “Palestina será para los judíos un lugar de cultura, para los perseguidos un refugio, para los mejores de nosotros un campo de acción. Para los judíos del mundo entero encarnará un ideal de unidad, una forma de renacimiento”, “nuestra situación actual es desfavorable, ya que los pueblos judío y árabe se enfrentan antagónicamente ante la potencia mandataria. Tal circunstancia perjudica a ambas naciones, y sólo puede remediarse si, entre nosotros, buscamos las propuestas en que ambos pueblos puedan estar de acuerdo” (pp. 111-114).

La teoría de la relatividad

La teoría de la relatividad especial (1905), base de la general (1915), “contempla todos los fenómenos físicos excepto la gravitación”. En ella dedujo la famosa ecuación, la equivalencia de masa y energía: la energía (E) de un cuerpo en reposo es igual a su masa (m) multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. La teoría de la relatividad general “ofrece una ley de gravitación y sus relaciones con las otras fuerzas naturales”. El abandono de los conceptos fundamentales de espacio y tiempo tal como habían sido concebidos hasta ahora “ha sido condicionado por hechos observados” (pp. 134 y 138-139). En sus dos teorías le sirven dos imágenes: “En la primera se veía en la oscuridad, persiguiendo un rayo de luz, preguntándose qué sucedería cuando lo alcanzara”. En la segunda un hombre “se precipitaba al vacío, perdiendo durante su caída toda sensación de peso” (David Blanco Laserna, Einstein, National Geographic, 2015, 10).  El astrónomo británico Arthur Eddington, tras observar el eclipse de sol ocurrido el 29 de mayo de 1919, confirmó la predicción de Einstein sobre la curvatura de la luz de una estrella al pasar cerca del sol, a causa de la gravedad.

Manuscrito

El profesor lo escribe en 1953. Es una especie de diario, donde deja sus reflexiones más profundas sobre la existencia de Dios, el Alma, el Universo, la Muerte (ver Albert Einstein. Sobre la Existencia de Dios, canal de YouTube Ecos Espirituales): “Me encuentro contemplando una vez más aquello que siempre he intentado comprender, la naturaleza última de la realidad. No puedo evitar cuestionar si la Física, tal como la conocemos, sólo es capaz de revelarnos la superficie de algo mucho más profundo. Resulta fascinante que, al final de mi carrera, habiendo dedicado mi vida a las ecuaciones y a la lógica rigurosa, me encuentre regresando a las preguntas fundamentales que me intrigaban cuando era joven: ¿existe una inteligencia cósmica?, ¿sobrevive algo de nuestra conciencia después de la muerte física?, ¿hay un principio subyacente al Universo que trasciende nuestras limitadas percepciones?

Y si tu tatarabuela sigue viva? Esto es lo que dice la teoría de la  relatividad especial de Einstein

La teoría de la relatividad nos mostró que el tiempo no es absoluto sino relativo al observador. Si el tiempo mismo es una dimensión flexible ¿no es concebible que nuestra percepción de la vida y de la muerte sea también relativa? Quizás lo que experimentamos como un final definitivo es simplemente un horizonte de eventos más allá del cual continúa la existencia en una forma que no podemos comprender desde nuestra posición actual. He guardado estas reflexiones para mí mismo. El mundo me conoce como un científico, un hombre de razón y ecuaciones. Temo que mis colegas interpretarían estas exploraciones como una debilidad senil o una traición a los principios del racionalismo científico. Pero a mis 74 años, con la perspectiva que sólo puede dar una vida dedicada a descifrar los misterios del Cosmos, siento la responsabilidad de documentar estas ideas, no para publicación inmediata sino como testimonio de un viaje intelectual completo” (15-4-1953).

Fe en Dios

“A menudo me preguntan si creo en Dios. Mi respuesta pública siempre ha sido cuidadosamente matizada. Creo en el Dios de Spinoza que se revela en la armonía de todo lo que existe, pero esto apenas rasca la superficie de mis verdaderas reflexiones.  La pregunta no es si existe un Dios antropomórfico que premia y castiga, como sugieren las religiones tradicionales. La verdadera cuestión es si existe un principio organizador, una inteligencia fundamental que impregna el Cosmos y que le da coherencia. Cuando contemplo la precisión matemática de las leyes físicas, su elegante simplicidad a pesar de su extraordinaria complejidad en manifestación, no puedo evitar la sensación de que hay algo más que coincidencia aleatoria. La capacidad misma del Universo para producir estructuras cada vez más complejas, desde partículas subatómicas hasta galaxias, desde moléculas simples hasta seres conscientes capaces de contemplar su propio origen, sugiere una dirección, quizás incluso una intencionalidad. Lo fascinante es que esta inteligencia cósmica no necesita estar separada del Universo mismo, podría ser inmanente, no trascendente. Podría ser que la conciencia, lejos de ser un accidente evolutivo limitado a ciertos organismos biológicos en nuestro planeta insignificante, sea una propiedad fundamental del Cosmos, tan fundamental como el espacio y el tiempo” (28-4-1953).   

La muerte

“Anoche soñé con mi juventud en Suiza, cuando desarrollé las ideas que cambiarían la Física para siempre. En el sueño estaba simultáneamente en mi oficina de patentes en Berna y en algún lugar fuera del espacio-tiempo convencional, observando el Universo desde una posición privilegiada. Lo extraordinario fue la sensación de continuidad y de conexión. No había separación real entre Albert Einstein y el Cosmos que contemplaba. Era como si mi conciencia individual fuera simplemente el foco localizado de una conciencia más amplia y universal. Al despertar, reflexioné sobre las implicaciones de esta experiencia onírica. Si la conciencia individual es la manifestación localizada de algo más universal, entonces la muerte física podría no ser el fin de la existencia consciente sino simplemente una transición de estado. Así como la materia no se crea ni se destruye, sino que cambia de forma, quizá la conciencia simplemente cambia de configuración. Esto no es misticismo vacío. Es una hipótesis derivada lógicamente de considerar seriamente las implicaciones de un campo unificado. Si todo en el Universo está interconectado a nivel fundamental, entonces la separación que experimentamos entre seres conscientes podría ser tan ilusoria como la aparente separación entre objetos sólidos que sabemos están principalmente compuestos de espacio vacío con partículas en constante movimiento” (3-5-1953).

Spinoza
Spinoza

Dios no juega a los dados con el Universo

“La Física cuántica ha revelado una actividad subyacente donde las partículas pueden existir en múltiples estados simultáneamente hasta que son observadas. Bohr, Heisenberg y los otros han interpretado esto como una indeterminación fundamental en la Naturaleza. Dios no juega a los dados con el Universo, he dicho repetidamente expresando mi incomodidad con esta interpretación. Pero quizás el problema no está en la indeterminación sino en la comprensión limitada de la determinación”, “nuestros cuerpos físicos están claramente limitados a las dimensiones espaciotemporales convencionales.

Pero, si la conciencia es un fenómeno de campo, podría extenderse más allá. Esta línea de pensamiento me lleva a considerar seriamente la posibilidad de que la muerte no sea un final sino una transición, no en el sentido tradicional religioso de un alma que abandona un cuerpo para irse a otro lugar, sino en un sentido más profundo. La información que constituye nuestra identidad consciente podría preservarse y transformarse, integrándose en el campo unificado del cual emergió inicialmente” (10-5-1953).

Experiencia cercana a la muerte

“Hoy reflexiono sobre una experiencia que tuve hace muchos años, durante una grave enfermedad en 1928. Durante varios días estuve postrado en cama con fiebre alta. En un momento experimenté algo que sólo puedo describir como una disolución temporal de los límites de mi yo. Sentí una expansión de la conciencia donde ya no estaba limitado a mi cuerpo o incluso a mi identidad como Albert Einstein. Era simultáneamente todo y nada. Los médicos lo atribuirían a los delirios febriles, por supuesto. Pero la claridad de esta experiencia y las intuiciones que generó no pueden explicarse tan fácilmente. Experimenté directamente la interconexión que mis ecuaciones sólo sugieren indirectamente. Si tal estado de conciencia es posible, aunque sea brevemente durante la vida física, ¿no sugiere la posibilidad de un estado similar pero más permanente después de la transición que llamamos muerte?

No estoy sugiriendo que conservemos nuestra personalidad individual exactamente como es ahora. De hecho, la noción misma de individualidad podría ser una limitación temporal necesaria para nuestra existencia biológica, pero no fundamental para la conciencia en sí; así como un río mantiene su identidad a pesar de que cada gota de agua está en constante cambio, quizás nuestra identidad consciente persiste a través de constantes transformaciones antes y después de nuestra existencia corporal” (17-5-1953).

La conciencia

Se entiende por entropía la medida del desorden de un sistema: “La segunda ley de la termodinámica establece que la entropía del Universo siempre aumenta. Los sistemas ordenados tienden naturalmente al desorden. Sin embargo, la vida misma parece contradecir temporalmente esta tendencia, creando orden a partir del desorden, estructuras complejas a partir de estructuras simples. La conciencia, especialmente, representa el pináculo de esta tendencia no entrópica.

Si la conciencia es una fuerza que contrarresta localmente la entropía, organizando la información en patrones significativos, entonces tiene algo fundamentalmente distinto del resto de los fenómenos físicos”, “y, si esta interconexión va mucho más allá hasta el punto de que la conciencia misma sea un componente fundamental de la realidad, no simplemente un epifenómeno que surge de la materia compleja, si la conciencia es tan fundamental, entonces su continuidad más allá de la muerte física no sólo es posible sino quizás inevitable, no como una réplica exacta de nuestra identidad actual sino como una reconfiguración y expansión, como cuando una ola regresa al océano no deja de existir, sino que retorna a su fuente contribuyendo su patrón único a la totalidad” (25-5-1953).

Por qué tu conciencia depende del Universo temprano de baja entropía - Vida  Positiva

Entrelazamiento

“La Física cuántica nos ha mostrado que las partículas subatómicas pueden estar entrelazadas, influyéndose instantáneamente, a pesar de estar separadas por vastas distancias”, “si partículas que una vez interactuaron permanecen conectadas independientemente de la distancia, ¿no sugiere esto un nivel de interconexión en el Universo mucho más profundo de lo que habíamos imaginado? Y, si extrapolamos este principio a sistemas más complejos, ¿no podríamos especular que las conciencias que han interactuado profundamente (amigos cercanos, amantes, familiares) podrían mantener algún tipo de comunicación que transciende las limitaciones físicas incluso más allá de la muerte? No estoy sugiriendo una comunicación literal con los fallecidos, como pretenden los médiums y espiritistas, sino algo mucho más sutil, una resonancia, una influencia continua, un entrelazamiento de patrones de conciencia que persiste en el tejido de la realidad” (2-7-1953). 

La conciencia sobrevive

“Ayer recibí la visita de un joven físico brillante. Después de discutir su trabajo, me preguntó directamente: Profesor Einstein, ¿cree usted que sobreviviremos a la muerte en alguna forma? Mi respuesta pública habría sido evasiva, quizás una broma amable para cambiar de tema, pero algo en la sinceridad de este joven me movió a una honestidad inusual. Le dije: La Física nos enseña que la energía no sea crea ni se destruye. Si nuestra conciencia es, como sospecho, un fenómeno energético de extraordinaria complejidad, entonces la pregunta no es si sobrevive sino cómo se transforma. Vi en sus ojos una mezcla de sorpresa y alivio”. Pero eso contradice el materialismo científico, alegó.

“Sonreí y le dije: La buena ciencia debe seguir la evidencia dondequiera que lleve, incluso si contradice nuestras suposiciones previas. El verdadero materialismo ya ha sido superado por la Física moderna. La materia misma se ha disuelto en ecuaciones y probabilidades. En un Universo donde la materia es energía condensada y el tiempo es relativo, nuestras viejas categorías de material e inmaterial ya no son adecuadas. Nos separamos con un apretón de manos y una promesa de continuar esta conversación, pero dudo de que haya otra oportunidad. Este manuscrito tendrá que servir como mi legado final sobre estos temas” (18-7-1953).

La conciencia se transforma

“Dios no es malicioso sino sutil, he dicho a menudo. El Universo es comprensible, pero no trivialmente. Sus secretos se revelan a quienes persisten en buscarlos con mente abierta y asombro genuino. Ahora, al final de mi vida, veo que este mismo principio podría aplicarse a la pregunta de la vida después de la muerte. La respuesta no es ni la aniquilación completa que temen los materialistas ni la preservación literal de la personalidad que prometen las religiones tradicionales. La verdad es más sutil, más elegante y, en última instancia, más satisfactoria”, “no es inmortalidad en el sentido convencional sino algo más profundo, una integración con la totalidad de la cual siempre hemos sido parte” (1-8-1953).

Entrevista

Fue grabada en 1954. “Mi convicción que ha crecido más fuerte con los años es que la conciencia no es un subproducto accidental del cerebro sino un componente fundamental del Universo, tan fundamental como el espacio, el tiempo o la energía”, “no es que el cerebro genere conciencia sino que la conciencia se expresa a través del cerebro”, “la conciencia no está limitada por el espacio o el tiempo, estos son sólo los parámetros a través de los cuales se manifiesta”, “esto explica muchos fenómenos que la ciencia convencional ha ignorado o descartado prematuramente”, “las conexiones inexplicables entre seres humanos, las madres que despiertan instantáneamente cuando sus hijos a kilómetros de distancia están en peligro, gemelos que experimentan las sensaciones del otro sin importar la distancia que los separe, las sincronicidades que Jung ha documentado tan meticulosamente, estos no son meros fenómenos anecdóticos, son manifestación de la interconexión cuántica operando a nivel de la conciencia humana.

La Física cuántica ya ha demostrado que las partículas que alguna vez estuvieron conectadas permanecen entrelazadas independientemente de la distancia. ¿No es lógico suponer que las conciencias que han formado vínculos profundos podrían compartir un entrelazamiento similar?”, “cuando dos seres forman un vínculo profundo establecen una correlación que transciende las limitaciones ordinarias del espacio-tiempo”.

La fascinante teoría de la conciencia cuántica - La Mente es Maravillosa

Nuestro yo esencial

“Creo que lo que experimentamos como nuestro yo esencial, trasciende la mera actividad neuronal. El cerebro es claramente necesario para nuestra experiencia humana, así como un receptor de radio es necesario para manifestar las ondas electromagnéticas como sonido”, “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”, “si la conciencia es, como sospecho, un aspecto fundamental de la Naturaleza, entonces alguna forma de continuidad parecería lógica, no en el sentido antropomórfico que imaginan muchas religiones, sino como una transformación e integración en el campo universal de la conciencia”, “mi fascinación por lo que podemos llamar lo invisible comenzó cuando era apenas un niño. A los 5 años mi padre me mostró una brújula. Quedé completamente maravillado por cómo la aguja se movía sin que nada la tocara. Esa experiencia de un campo invisible pero perfectamente real y ordenado me marcó profundamente” (ver Entrevista Prohibida, Ecos Espirituales). 

Conferencia

Dada en Princeton, otoño, 1954. Ante un selecto grupo Einstein trata sobre la existencia del alma desde un punto de vista científico (ver La Conferencia Prohibida de Einstein, Ecos Espirituales): “Consideremos la ley de conservación de la energía, uno de los principios más fundamentales de la Física: la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Si entendemos la conciencia humana, lo que dota de vida e individualidad a una persona, como un complejo patrón energético, entonces este patrón no puede simplemente desaparecer con la muerte física, debe transformarse”, ciertamente, observamos una correlación entre actividad cerebral y conciencia, pero correlación no implica identidad. El cerebro podría ser más un receptor o transductor que un generador de conciencia. Permítaseme una analogía: si una radio se rompe, la música no deja de existir. Simplemente, ese aparato particular ya no puede sintonizarla. De manera similar, el cerebro podría ser el instrumento biológico que sintoniza la conciencia, no su fuente”.

Evidencia indirecta

“Hay fenómenos intrigantes que podrían constituir evidencia indirecta: las experiencias de sincronicidad significativa, la transmisión de información que aparentemente desafía las limitaciones espaciotemporales, los momentos de conexión profunda entre personas incluso separadas por grandes distancias”, “un aspecto crucial que he abordado tanto en la Física como en mi vida personal. Las conexiones profundas entre seres humanos que desafían explicación convencional, lo que llamamos amor, ese vínculo que trasciende tiempo y espacio, puede entenderse como un entrelazamiento cuántico de patrones energéticos conscientes.

Cuando dos seres establecen una conexión profunda, sus conciencias entran en resonancia, creando un patrón energético compartido que persiste independientemente de la distancia. Esto explicaría por qué madres pueden sentir instantáneamente cuando algo le sucede a su hijo, por qué gemelos separados reportan experiencias simultáneas, por qué sentimos la presencia de seres queridos fallecidos”, “según mi hipótesis estos vínculos no se disuelven con la muerte física sino que persisten en el campo común universal”, “lo que sugiero es que estamos al borde de una revolución en nuestra comprensión de la realidad”, que integraría nuestra conciencia “no como un epifenómeno, sino como un componente fundamental”. 

Dios o la Naturaleza

En su Ética el filósofo judío Baruc Spinoza (1632-1677) identifica a Dios con la Naturaleza: “La potencia por la que conservan su ser todas las cosas singulares y, por consiguiente, el hombre, es la misma potencia de Dios o de la Naturaleza”. Naturaleza Naturante es “lo que es en sí y por sí”, Naturaleza Naturada es “todo lo que se sigue de la necesidad de la naturaleza de Dios”, las “cosas que son en Dios y no pueden sin Dios ser ni ser concebidos”, “el Alma humana no puede ser destruida enteramente con el Cuerpo, sino que resta de ella algo que es eterno”, “el Alma es eterna” (pp. 292, 82, 410 y 416).

Encontrar a Dios en la creación – LMC España

Panteísmo

Siguiendo a Spinoza, Einstein no parece confesar la fe judía que, por ejemplo, dice: “El Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6,4), “Dios creó al hombre a su imagen” (Gn 1,27), el hombre tiene un soplo del espíritu de Dios (Gn 2,7), “¡ojalá escuchéis hoy su voz!” (Sal 95). Podría aplicarse la palabra que dice: “Vanos por naturaleza todos los hombres que no conocen a Dios”, “si fueron capaces de investigar el universo, ¿cómo no llegaron primero a descubrir a su Señor?” (Sb 13,1-9). De hecho, asume una filosofía que identifica a Dios con la Naturaleza. Escribe en su diario: “Creo en el Dios de Spinoza que se revela en la armonía de todo lo que existe”.

Alegación

Sin embargo, el profesor afirma en 1929: “No pienso que se me pueda llamar panteísta”. Y en 1930: “De niño yo recibí instrucción tanto de la Biblia como del Talmud. Yo soy judío, pero me conmueve la luminosa figura del Nazareno”, “nadie puede leer los Evangelios sin sentir la verdadera presencia de Jesús”. Al finalizar una conferencia dada en California en 1932 por el astrofísico y sacerdote belga Georges Lemaitre, Einstein se levantó y dijo: “Es ésta la más bella y satisfactoria explicación de la creación que haya oído nunca” (ver José Antonio Rojo y Leandro Sequeiros, Albert Einstein. Física, filosofía, religión y mística, en Pensamiento, 2006, pp. 676, 671 y 679). Podría decir: “En Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hch 17,28). Ciertamente, Dios no puede ser concebido a semejanza del hombre: “No te harás imagen alguna” (Ex 20,4). “Dios es espíritu” (Jn 4,24), no puede ser encontrado mediante instrumentos humanos.

El fenómeno humano

Lo investiga el paleontólogo francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955): “El tanteo no es sólo el Azar”, “sino un Azar dirigido”, ”es imposible no reconocer el signo de la verdad”, “no podría ser un efecto del azar”. “El Hombre emergió de un tanteo general de la Tierra. Nació, en línea directa, de un esfuerzo total de la Vida”. “La Tierra es un simple grano de la gran polvareda sideral”, “lo Inmenso se hizo posible, y como consecuencia emergió, simétricamente lo Ínfimo”. “Este Inmenso, simétrico de lo Ínfimo, no tiene otra función que la de equilibrar la capa intermedia, en donde, y allí solamente, en el término medio, la Vida puede llegar a edificarse químicamente”. Si el Universo se nos aparece desde el punto de vista sideral como en vías de expansión espacial (de lo Ínfimo a lo Inmenso), se nos presenta, desde el punto de vista químico, “como en vías de enrollamiento orgánico sobre sí mismo (del más simple al más extremadamente complejo”, “ley de complejidad-conciencia” (El fenómeno humano, 1963, 135, 178, 228-229, 261, 274, 360, 78).

Teilhard constata “un hecho paradójico:hay una Ciencia del Universo sin Hombre”.Pascal se extasiaba ante dos infinitos: “lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande”, pero no contempló “lo infinitamente complejo”, “el cerebro con sus mil millones de núcleos nerviosos”, “un Universo con tres infinitos”. Atención, las fórmulas de Einstein “sólo tienen validez para un Universo de dos infinitos” (La visión del pasado, 1962, 218, 177, 289, 304, 307).

Cómo influye el cerebro en tus pensamientos y comportamiento – Telemundo  Phoenix/Tucson

Origen del universo

El astrofísico belga Georges Lemaitre (1894-1966) propuso la teoría del Big Bang sobre el origen del universo: la llamó “teoría del átomo primigenio” o el “huevo cósmico”. El astrofísico británico Stephen Hawking (1942-2018) “describía el Big Bang como el inicio del tiempo mismo, no sólo de la materia y de la energía. Según sus cálculos y teorías, aproximadamente hace 13.800 millones de años toda la materia, energía, espacio e incluso el tiempo mismo estaban comprendidos en un punto infinitamente pequeño y denso llamado singularidad. Su verdadera revolución vino cuando aplicó la mecánica cuántica de lo extremadamente pequeño a estos conceptos cosmológicos. En su libro Historia del tiempo publicado en 1998 explicó cómo la mecánica cuántica podría explicar la singularidad del Big Bang.

La mecánica cuántica introduce un elemento de incertidumbre fundamental en nuestro universo” (Hawking, ¿Qué existía antes del Big Bang?, You Tube, Universo Oculto). El astrofísico británico comenta: “Si el tiempo surgió con el Big Bang, es absurdo preguntarse qué había antes de que el propio tiempo existiera” (El Confidencial, 7-3-2018). Algunos filósofos, como el alemán Martín Heidegger (1889-1976), se preguntan: ¿Por qué existe algo y no más bien nada? Cabe otra pregunta: Si existe algo, ¿no tiene que existir alguien que lo haga posible?

Otros aspectos

En realidad, Einstein va más allá de Spinoza. Destaca “algunos salmos de David”. Asume la tradición de los profetas y de Jesús, aunque no sobre el matrimonio: en 1919 se divorcia de Mileva y se casa con su prima Elsa, divorciada. Critica los agregados posteriores a la tradición de Jesús. El actual sionismo genocida (67.200 muertos en Gaza; un tercio de ellos, niños, y 169.890 heridos) no es el que soñaba el profesor; se cumple la denuncia profética: “Por vuestra causa el nombre del Señor es profanado entre las naciones” (Rm 2,24).

El profesor tiene experiencia de sincronicidad significativa, de conexiones significativas, de señales. La muerte no es el final, sino “una transición”, “la pregunta no es si (la conciencia) sobrevive sino cómo se transforma”. Considera diversas tradiciones religiosas: resurrección, reencarnación. Dice: “Sentimos la presencia de seres queridos fallecidos”, pero le falta la referencia a la señal del Evangelio: “los muertos resucitan” (Mt 11,5; Lc 20,37), le falta la clave de Pablo: “Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual” (1 Co 15,44), le falta la experiencia de una comunidad viva: “Vosotros sois el cuerpo de Cristo” (12,27). La resurrección no es evidente: debe ser anunciada para que sea vivida. La inmortalidad del alma no basta, la supervivencia de la conciencia tampoco: “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó” (15,13). En las iglesias hay muchos que creen en la inmortalidad del alma, pero no tienen experiencia de que “los muertos resucitan”. Algo parecido sucedió a algunos en Corinto (15,12).

1879: Da su primer respiro Albert Einstein, el científico más conocido y  popular del siglo XX | El Siglo de Torreón

Volver arriba