"La de Juan Pablo I fue y sigue siendo una muerte muy singular. Y muy misteriosa" Encubrimiento vaticano (Ante la beatificación de Juan Pablo I)

Juan Pablo I
Juan Pablo I

"En vísperas de la beatificación de Juan Pablo I, se hace presente Pilar Bellosillo, relacionada prudentemente con el Cardenal Pironio, también ya fallecido, quien se llevara a la tumba parte importante de los secretos que desde el principio de tan sorprendente suceso pontificio acompañara sus informaciones"

"Albino Luciani no murió solo, porque sí… 'Un arzobispo no puede ser a la vez, director, responsable único y 'dueño' de un banco', hay constancia de haber asegurado con efectividad el ex Patriarca de Venecia, ya papa Juan Pablo I"

"Jamás Juan Pablo II manifestó interés alguno por averiguar algo de cuanto pudiera haberse relacionado de alguna manera con la muerte 'súbita' de su inmediato antecesor"

¿Lo del 'encubrimiento' vaticano fue y es una sevicia, una insidia o es una -¡otra más¡- falta de decisión martirial impropia de la Iglesia sinodal?

En vísperas de que el papa Francisco presida personalmente la solemne ceremonia de la beatificación de su antecesor Juan Pablo I popularmente definido por su inapelable, eterna, evocadora y misteriosa SONRISA, se hace presente en la historia de su proceso canónico el nombre de una mujer. Se trata de Pilar Bellosillo, relacionada prudentemente con el Cardenal Pironio, también ya fallecido, quien se llevara a la tumba parte importante de los secretos que desde el principio de tan sorprendente suceso pontificio acompañara sus informaciones.

Tuve la suerte -gracia de Dios- de conocer y tratar personalmente a Pilar, la primera mujer que asistió a un Concilio Ecuménico, al coincidir yo con ella, como Consiliario Nacional de Mujeres de Acción Católica por nombramiento del Cardenal Plá y Deniel, Presidente de la Conferencia de Metropolitanos de España, según edicto firmado por él mismo el día 13 de septiembre de 1963, “pon un plazo de tres años en conformidad con los Estatutos de dicha A.C.E.”. Su presidenta era entonces Pilar.

Elegida ella Presidenta de la UMOFC -Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas,- y a requerimiento del papa Pablo VI, con ocasión de un informe que el papa Montini solicitaba acerca de la situación de la Iglesia en España ya en los últimos tiempos del “Nacional Catolicismo” y que Pilar y Joaquín Ruiz Giménez habrían de entregarle personalmente en el Vaticano, también entonces se requirió mi colaboración con desplazamiento más que “discreto”, al pueblo soriano de El Rollo, cercano a la machadiana “Laguna Negra” de los Alvar González, donde veraneaba Pilar.

Aquí y ahora, refiero y vuelvo a destacar a propósito de la ya inminente celebración litúrgica vaticana de la beatificación del “Breve” -brevísimo- papa Albino Luciani - Juan Pablo I-, entre otras, estas sugerencias:

Solo con catalogar oficialmente a Juan Pablo I entre los santos a quienes se les rinde culto canónico, con todas sus consecuencias en el orbe católico, Francisco podría pasar a la historia eclesiástica con merecimientos sobrados. Tanto o más como por haber afrontado temas como los relativos al Opus Dei, Comunión y Liberación y otras fundaciones y movimientos “piadosos”, y aún canonizaciones, con inclusión de la sospechosa endogamia pontificia a la que nos acostumbraron Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes apenas si dejaron a algún papa del siglo XX sin ascenderlos a lo más alto del cielo, con excepción precisamente -¡qué casualidad¡- de Juan Pablo I.

La beatificación- canonización de este papa es -será- capítulo de excepcional relieve en la historia de su biografía de Francisco y en la historia eclesiástica en general. No se trata de una beatificación más y de la muerte de una persona “en olor de santidad”, entre tantas otras como registran los libros y archivos parroquiales o curiales.

La de Juan Pablo I fue y sigue siendo una muerte muy singular. Y muy misteriosa. Y en la que muy pocas notas y características de su noticia “oficial” consiguieron, ni consiguen, los mínimos grados de fiabilidad que requiere y demanda el pueblo y más cuando este fue y es merecedor de haber sido designado, consagrado y rezado como PUEBLO DE DIOS.

Albino Luciani no murió solo, porque sí, cuando leía el “Kempis”, y porque Dios tuvo a bien llevárselo a su seno para evitarle más sobresaltos de los que les proporcionaban los informes que leía, con explícitas y documentadas referencias, poco menos que apocalípticas , a la situación de la Iglesia y de sus hombres curiales y de sus allegados.

“Un arzobispo no puede ser a la vez, director, responsable único y “dueño” de un banco, hay constancia de haber asegurado con efectividad el ex Patriarca de Venecia, ya papa Juan Pablo I, al juzgar cuanto era y representaba la entidad bancaria con algunos de sus sobrenombres raros, misteriosos e interpretables como el de IOR.

En la relación amistosa y no solo canónica, del papa Woytila, con su arzobispo banquero, jamás Juan Pablo II manifestó interés alguno por averiguar algo de cuanto pudiera haberse relacionado de alguna manera con la muerte “súbita” de su inmediato antecesor, conformándose con que tal sería y fue “la voluntad del Señor” de colocar en la sede de Roma a un extranjero -por más señas, polaco- después de haber sido ”disfrutada” esta durante varios siglos por cardenales de origen italiano.

¿Y qué pasa con lo del “encubrimiento” vaticano? ¿Nos enteraremos de más, o damos ya por sabido y como “palabra de Dios” lo que refiere la historia “oficial”, o lo que confiesan otras historias, historiadores y hasta testigos?

¿Lo del “encubrimiento” vaticano fue y es una sevicia, una insidia o es una -¡otra más¡- falta de decisión martirial impropia de la Iglesia sinodal, en cuya renovación, valerosa y osada, y constante rejuvenecimiento está ardorosamente dispuesto afrontar el papa Francisco?

¿Se revestirá el papa Francisco con los ornamentes sagrados de color rojo, propio de los mártires, o tendrá que hacerlo con los de color blanco, propio de los confesores y de quienes murieron “de muerte natural”?

Saldremos de dudas próximamente

Albino Luciani

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