"El 15M no ha fracasado del todo: ha conseguido algunos pequeños pasos" ¿Fracasaron los indignados?

15-M
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"No quisiera hacer ninguna historia de 'buenos y malos'. Pero la comparación que pides está justificada porque son dos eventos fruto de una indignación"

"Hace tiempo que me preocupa mucho ver con qué facilidad el hambre de justicia acaba convirtiéndose en sed de venganza"

"Podemos, que tan fácilmente arrasó en sus inicios y que tantas esperanzas despertó, se encontró con las dos tentaciones típicas de toda pretensión revolucionaria: las divisiones entre ellos y el mesianismo"

"La indignación justificada no puede aspirar a poner remedios sino solo remiendos"

"A pesar de todo y por más que esto duela a sus enemigos, el 15M no ha fracasado del todo: ha conseguido algunos pequeños pasos"

Querido José Manuel: Tengo otras cosas que enviaros cuando me llega tu propuesta con motivo de los diez años del 15M y ocho de Francisco. No quisiera hacer ninguna historia de “buenos y malos”. Pero la comparación que pides está justificada porque son dos eventos fruto de una indignación. En el caso del 15M es claro: fue el movimiento de “los indignados”. Y en el caso de Francisco (aunque teóricamente las cosas del conclave son secretas), parece que influyó mucho en su elección el célebre “Informe” que dejó a los cardenales Benedicto XVI y que explicaba las razones de su dimisión.

La indignación es un fenómeno no solo natural, sino muchas veces justificado. Suele ser el que con más facilidad nos lleva a actuar. El problema es cómo nos manejamos con él, para no acabar provocando nosotros otra indignación. Hace tiempo que me preocupa mucho ver con qué facilidad el hambre de justicia acaba convirtiéndose en sed de venganza. Me ha sido siempre útil lo que el teólogo japonés Kazoh Kitamori llama “teología del dolor de Dios”. Te lo comento pues.

Teología del dolor de Dios

El dolor de Dios es “el amor de Dios triunfando sobre su ira”. Que Dios esté indignado ante este mundo nuestro es elemental. Si no acaba con él y con nosotros es porque Su amor es mayor que Su indignación. La indignación de unos padres por su hijo que va mal, no es la misma que sienten ante el desconocido que los explota. De esto creo haber vivido algún ejemplo en familias con hijos drogadictos.

Este es un primer elemento para manejar la indignación. Y fíjate: Jorge M. Bergoglio tenía fama de hombre irascible. Ahora aparece siempre sonriente. Y creo que su sonrisa es sincera y no ese clásico recurso de los poderosos. Si has leído la biografía suya que escribió A. Ivereigh, un inglés muy amigo suyo, el rasgo más llamativo de ella es la época de su “destierro” en Córdoba (Argentina). Allí cuenta el periodista que las gentes lo veían con frecuencia asomado a a la ventana con una cara como de enfermo.

Papa sonriente

Más tarde (siendo ya arzobispo de Buenos Aires), ante un cura que vino a consultarle, parece que Francisco acabó diciéndole: “mire, yo he pasado mi noche oscura y quizás tiene usted que pasar la suya”. Este es un segundo elemento para encararnos con la indignación justa: estar bien curtido por la experiencia de un dolor que hemos logrado superar confiadamente y que no nos ha vuelto resentidos sino comprensivos y capacitados para aguantar.

Porque (y aquí entramos en un dato común a Podemos y a Francisco), la reacción del justamente indignado, provoca siempre una hostilidad fuerte de todos aquellos que eran de algún modo cómplices de esa indignación justa. Aquí puede entrar también el ejemplo de Jesús: el discurso del capítulo 23 de San Mateo, o la escena del Templo, provocaron una acusación de “blasfemo” que era merecedora entonces de pena capital. Hoy ya no se hablará de blasfemo, pero sí de “ser infiel al evangelio” o de “comunista”. Siempre esos mismos lenguajes acusadores, tan sonoros como vacíos, típicos de todos los fariseos.

Podemos

Y el último elemento, quizás el más difícil de aceptar, es que esa indignación justificada sabe que (con un juego de palabras que tomo de san Oscar Romero) no puede aspirar a poner remedios sino solo remiendos. Podemos, que tan fácilmente arrasó en sus inicios y que tantas esperanzas despertó, se encontró con las dos tentaciones típicas de toda pretensión revolucionaria: las divisiones entre ellos y el mesianismo. No quiero ahora ser juez en la primera; pero creo que nombres como Errejón y Bescansa bastan para evocarlo. Y veo que ese difícil camino de la sinodalidad, que tanto cuesta en la iglesia de Francisco, cuesta lo mismo o más fuera de ella.

Quiero extenderme más en la segunda tentación porque, como cristiano, creo que Jesús es el Mesías (eso es lo que significa “Cristo”). Pero los cristianos sabemos que el mesianismo de Jesús significa el fin de todos los mesianismos esperados. El Mesías muere condenado. Pero resucita. Y Su Resurrección queda como “el fin de la historia insertado en ella” (W. Pannenberg) que garantiza las posibilidades de progresar siempre, pero con un progreso que debe ser integrador (“amar a los enemigos”) y desde la libertad, nunca desde la imposición.

El gran error del amigo Marx no fue su ateísmo (como le acusan muchos eclesiásticos para librarse de su interpelación) sino esa superstición de que la constitución dialéctica de la materia garantizaba infalible y mecánicamente el triunfo de las víctimas de la historia. Esa superstición (indigna de un ateo) ha sido la causa del fracaso de todos los marxismos hasta ahora existentes y antaño prometedores. Pero me parece muy difícil que un ateo con cierta profundidad humana no se vuelva supersticioso, si quiere evitar un pesimismo histórico y hasta ontológico.

15-M
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Tenemos pues el amor, el estar algo configurados por el sufrimiento bien asumido, la conciencia de poder acabar “crucificado” pero trabajando a pesar de todo, y cierta dolorosa lentitud del progreso, como ingredientes que pueden ser útiles para una meditación sobre los indignados.

Y todavía la esperanza. Porque, aunque antes he hablado de remiendos, los remiendos no son lo mismo cuando se ponen en la tela y en nuestra humanidad: a la tela la estropean, nuestra humanidad puede integrarlos y crecer con ellos. Por eso, a pesar de todo y por más que esto duela a sus enemigos, el 15M no ha fracasado del todo: ha conseguido algunos pequeños pasos (como la ley de renta mínima que el PSOE burgués solo nunca se hubiera atrevido a promulgar). Y quedan ahí gérmenes como, por ejemplo, Más-madrid, de los que aún cabe seguir esperando algo, si aprenden las lecciones dichas.

Esto es lo que puedo decirte ahora de una manera rápida. Tengo además otro artículo más largo enviado a una revista sobre las pasadas elecciones madrileñas, donde hablo también de esto y quizá algún día estará por ahí en mi blog.

Un abrazo, José Manuel.

Podemos

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