"Los insultos demuestran la falta de diálogo y de respeto al adversario" Josep Miquel Bausset: "Hieren con sus palabras"

Josep Miquel Bausset
Josep Miquel Bausset

¿Pero cómo es que algunos políticos pueden insultar impunemente?

Ciertamente que el insulto no es un buen camino para favorecer la buena convivencia. Por eso el Evangelio nos enseña a utilizar un lenguaje respetuoso, alejado del insulto

Algunos políticos (que demasiadas veces hablan guiados más por las vísceras que por el cerebro) habrían de reencontrar el respeto por el adversario e intentar no caer en el insulto o el desprecio

Así denuncia el Salmo 58, la violencia de aquellos que tienen labios como “espadas” y actúan “gruñendo como perros”. Y el 63, los que “afilan como espada su lengua” y “lanzan como saeta suya palabra amarga”.

He recordado estos salmos, por los insultos, broncas, gritos, exabruptos y falta de respeto de algunos diputados durante la investidura del Sr. Pedro Sánchez como presidente del gobierno.

Es evidente que los insultos demuestran la falta de diálogo y de respeto al adversario. ¿Pero cómo es que algunos políticos pueden insultar impunemente?

La que fue presidenta Esperanza Aguirre “vomitó” su: “habría que matarlos”, en referencia a los arquitectos que habían hecho un edificio. También fue muy comentado, hace unos años, el insulto de quien fue alcalde de Getafe, el socialista Pedro Castro, que llamó “tontos de los cojones a los que votan a la derecha”. O las del exalcalde popular de Valladolid, Javier León de la Riva, que, refiriéndose a la que fue ministra de Sanidad, Leire Pajín dijo: “Cada vez que le veo la cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir aquí”.

Con razón algunos políticos se ponen la mano delante de la boca cuando hablan. Pero que poco son de fiar los políticos, cuando tienen miedo a que podamos saber lo que dicen.

También fueron muy lamentables las declaraciones de la expresidenta de Madrid Esperanza Aguirre: “Hemos tenido la inmensa suerte de darle un puesto a IU, quitándoselo al hijoputa”. La “perla” de la presidenta Aguirre, iba dedicada a Fernando Serrano, uno de los exconsejeros de Caja Madrid, también del PP.

Otras declaraciones fueron las de Carlos Fabra, expresidente de la Diputación de Castelló, que llamó “Hijo de puta” al diputado socialista Francesc Colomer, manifestando además su deseo “de orinar en la sede de Izquierda Unida”. O su hija, diputada, que al Congreso gritó su: “que se jodan” dirigido a la oposición. O las del expresidente de la Diputación de València, Alfonso Rus, que llamó “gilipollas a los profesores que dicen, en valenciano, “aleshores o gairebé”, con sus ganas de “rematarlos”. Y aun añadía: “Me quedé a gusto con esos sinvergüenzas”.

O el señor Juan Cotino, expresidente de las Cortes Valencianas (muy católico él), que dirigiéndose a la diputada de Compromís, Mónica Oltra, aseguró “que si fuese su padre tendría vergüenza de tener una hija como usted, pero como posiblemente no lo conoce”. Muy edificante y muy “cristiano”. Y el eurodiputado del PP, Esteban González Pons, refiriéndose al preso de ETA, enfermo de cáncer: “Por duro que sea ver a una bestia fuera de la cárcel”.

Pero no se acaban aquí las “perles” de nuestros representantes políticos. El diputado Joan Tardà, de ERC, gritó “muera el Borbón” y Manuel Fraga pedía que a los nacionalistas (no a los españoles) “los habrían de colgar de algún sitio”. José Bono, del PSOE, decía que “los del propio partido son unos hijos de puta” y José Mª Aznar afirmaba que “los votos que no van al PP, van a ETA”, al mismo tiempo que acusaba al presidente Rodríguez Zapatero de “ser cómplice de terroristas”. O el impresentable que quería violar la diputada Mireia Mollà.

Ciertamente que el insulto no es un buen camino para favorecer la buena convivencia. Por eso el Evangelio nos enseña a utilizar un lenguaje respetuoso, alejado del insulto: “Aquel que diga a su hermano, estúpido, será condenado” (Mt 5:22) y San Pablo: “lejos de la vuestra boca ira, ultrajes” (Col 3:8) San Pablo también exhortaba a los cristianos, a que “no insulten a nadie” (Tt 3; 2) aconsejándoles a ser “pacíficos y moderados” y a mostrar “una gran dulzura”.

Algunos políticos (que demasiadas veces hablan guiados más por las vísceras que por el cerebro) habrían de reencontrar el respeto por el adversario e intentar no caer en el insulto o el desprecio.

En junio de 20l8, el papa Francisco también nos animaba a ser respetuosos con los adversarios y por eso decía: “El insulto no se acaba en sí mismo, es una puerta que se abre, es comenzar un camino que acabará matando”. Como decía el papa, el insulto, que “muchas veces nace de la envidia, es el inicio del asesinato”.

Investidura de Pedro Sáchez
Investidura de Pedro Sáchez

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