"Ejemplares de 'Camino' y alfalfa espiritual: Esta, -la que tenemos-, no es la Iglesia de Jesús" La Iglesia que quedó sin Jesús

La Iglesia que quedó sin Jesús
La Iglesia que quedó sin Jesús

"De la institución cuyo solo nombre ya nos llena de gloria y satisfacción sagrada, por 'Nuestra, por Santa y por Madre' lo primero que hay que aseverar es que su relación con Jesús no está tan clara"

"La misma afirmación de que Jesús fuera su fundador hay que cuestionarla. Jesús no pretendió fundar institución alguna: transcendiendo modos, intentó dejársenos Él mismo, con su Evangelio y testimonio de vida"

"Lo de la Iglesia vino después, y todavía permanece impasiblemente y como 'Palabra de Dios' y hasta como 'dogma de fe'… Adjudicarle a Jesús la obra de la Iglesia actual es un atrevimiento"

"¿Resultaría exagerado concluir que al propio Jesús lo volvieran a excomulgar, no lo reconocieran o, si lo reconocieran, le prepararan otra cruz, pero esta más definitiva?"

De la institución cuyo solo nombre ya nos llena de gloria y satisfacción sagrada, por “Nuestra, por Santa y por Madre”, lo primero que hay que aseverar con humildad, catecismo, veracidad y grandeza, es que su relación con Jesús no está tan clara y tan definida como se nos ha querido adoctrinar.

La misma afirmación de que Jesús fuera su fundador hay que cuestionarla. Jesús no pretendió fundar institución alguna y menos de carácter religioso. Precisamente su equivalente judaica y sus representantes supremos –“Sumos Sacerdotes”- fueron quienes le condenaron a muerte y le obligaron a subir patibulariamente al Monte Calvario. La Iglesia -nuestra Iglesia- no estuvo en el pensamiento de Jesús quien, transcendiendo modos, normas, sistemas, métodos, intermediarios, ceremonias y ritos, lo que intentó por encima de todo, y nada más y nada menos, que dejársenos Él mismo, con su Evangelio y testimonio de vida, como su legado y justificación de su encarnación en calidad de persona.

Lo de la Iglesia- institución y todo el aparato ritual y litúrgico, de poderío en esta vida y en la otra, jerarquía, acólitos, todo virilizado y empecatada la mujer por mujer, vino después, y todavía permanece impasiblemente y como “Palabra de Dios” y hasta, si fuera menester como “dogma de fe”. Adjudicarle a Jesús la obra de la Iglesia actual (también gran parte de la pasada) con sus representantes “oficiales” a la cabeza, es un atrevimiento que solo se cura con humildad y con catequesis, pero no precisamente la impartida “oficialmente”, .

Siguiendo las pautas, y al dictado de las realidades paralelas, ¿Cómo nos imaginamos hoy a Jesús en relación con doctrinas, comportamientos, ceremonias, y ritos eclesiásticos? ¿Como miembro de la jerarquía o como del laicado al que perteneció de por vida y porque así Él mismo lo quiso? ¿Qué lugar le asignaría la liturgia en las misas y solemnidades y qué títulos y ascensos en el escalafón de la docencia le conferiría el Código de Derecho Canónico, con el “Nihil Obstar” del Cabildo y del respectivo obispo? ¿Resultaría exagerado concluir que al propio Jesús lo volvieran a excomulgar, no lo reconocieran o, si lo reconocieran, le prepararan otra cruz, pero esta más definitiva y, por supuesto, sin los adornos y sin las joyas que sugiere o manda la liturgia sagrada vigente?

Cruz y corona

Esta, -la que tenemos-, no es la Iglesia de Jesús. Es otra cosa. Reconociendo tantos beneficios como la institución como tal le ha supuesto a la humanidad y más a los cristianos, Jesús no la adoptaría como obra suya, con excepción de haber sido y ser guardiana y custodia de los santos evangelios y, en ocasiones, intérpretes y testimonios de ellos en parte de sus miembros, algunos canonizados, y, los más sin ocurrírseles “ascender al honor de los altares”, al modo que lo hacían los romanos con sus héroes.

La Iglesia se quedó sin Jesús y sin notable parte de su Evangelio. A cambio de ello, les regalaron a sus fieles multitud de ejemplares de “Camino” a unos, y a otros, cantidad similar de “Alfalfa espiritual para las ovejitas de Cristo”…

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