"Dios no es tan 'religioso' como intentan hacernos creer" De "la Iglesia de los pobres" a "la Iglesia de los dioses"

De "la Iglesia de los pobres" a "la Iglesia de los pobres"
De "la Iglesia de los pobres" a "la Iglesia de los pobres"

"Es incuestionable y además, y por si acaso, dogma de fe, que hay un solo Dios verdadero, que lo es y ejerce con plenitud de podres y misericordiosamente y que su nombre coincide con el de JESÚS"

"Pero tan clara y cristianamente simple como esta verdad catequística, en la práctica -que es donde la religión lo es con sinceridad-, esta resulta ser inasequible, abstracta y hasta excluyente"

"Dios no es tan 'religioso' como intentan hacernos creer. Y en la Iglesia, no siempre, ni mucho menos Dios es Dios y, por tanto, Jesús es Jesús, ni ella es su morada. Lo es más de dioses, 'diosecillos', aspirantes a serlo"

"'Desdiosar' a Dios-Jesús, y 'endiosar' al dinero, al poder, al prestigio social y a la grandiosidad en cualquiera de sus versiones, es tarea-ministerio propia y esencial en la Iglesia, que remozará y renovará el papa Francisco, con pedagogía y espíritu sinodales"

Es incuestionable y además, y por si acaso, dogma de fe, que hay un solo Dios verdadero, que lo es y ejerce con plenitud de podres y misericordiosamente y que su nombre coincide con el de JESÚS. Completa el dogma la aseveración aneja de que “María es conocida y reconocida como Madre de Dios, a la vez que “nuestra”, es decir, de todos.  Dios es Dios y tiene Madre que también es nuestra.

Pero tan clara y cristianamente simple como esta verdad catequística, en la práctica -que es donde la religión lo es con sinceridad- , esta resulta ser inasequible, abstracta y hasta excluyente.

Dios no es tan “religioso” como intentan hacernos creer. Dios -ese Dios- apenas si existe, tal y como nos lo predican las religiones, y menos si les hacemos caso a los ejemplos dados por quienes son sus representantes “oficiales” y aseguran ser y actuar en su nombre sagrado.

En la Iglesia -católica, apostólica y romana, -según reza su DNI divinal- habría de confirmarse estas creencias, comprometidos todos sus miembros  “oficialmente jerárquicos”, con Dios y más cercanamente con el que llamamos Jesús. Esto no obstante, precisamente, en la referida Iglesia no siempre, ni mucho menos Dios es Diosy, por tanto, Jesús es Jesús, ni ella es su morada. Lo es más de dioses ,”diosecillos, aspirantes a serlo.

La nómina de “dioses”, es larga, rica y plural. La práctica totalidad del Alto y Bajo Clero, las “personas consagradas”, o que se preparan vocacionalmente a serlo, actúan, adoctrinan y se comportan convencidas de estar ya en camino y con sobrados merecimientos de que “el común de los mortales” les rinda culto, de alguna manera.

No es posible idear ni revestir a Dios con otros ornamentos más todopoderosos, que los que poseen y ostentan, por ejemplo, los señores obispos y sus adláteres, con purpúrea y reverencial mención para el Colegio cardenalicio, activo o desactivado, pero sempiternamente convencidos sus miembros de tener que seguir viviendo como “dioses”, hasta que el Dios verdadero les abra de par en par las puertas del cielo.

Toda persona, y más del sexo masculino, es “dios” en la Iglesia por el hecho de aspirar a ser consagrada algún día, mientras que a los laicos y laicas no les estará permitida tal consideración, aun habiéndose bautizado, identificados con la idea cristiana del “Real Sacerdocio” y otros obsequios “paulinos”..

Vivir en palacios, disponer en propiedad de catedrales e iglesias, - inmatriculadas o en vías de serlo- , presidir  las  celebraciones, disfrutar de toda clase de privilegios “divinos y humanos”, sentirse “santos” y elegidos por Dios, inefables e infalibles en sus decisiones e interpretaciones de la doctrina cristiana y, a veces, en otras disciplinas “sociales”, es el espacio en el que se enmarca la vida de no pocos obispos, al menos hasta el presente, pasado el tiempo de las falsas interpretaciones que al Concilio Vaticano II le prestaron los dos últimos antecesores del bendito papa Francisco empadronado en Asís.

En la Iglesia sobran “dioses” santos. Y no solo los instalados en cátedras y espacios sagrados. También entre los que son venerados más o menos canónicamente, y cuyas imágenes se asientan en peanas convertidas en huchas -cepillos-, en los que devotos y devotas los invocan como “especialistas” en determinadas clases de miagros o milagrerías y cuyas llaves les están reservadas a los encargados del templo, quienes, por supuesto, y hasta que el sínodo haga acto de presencia con todas sus consecuencias, son miembros de la clerecía y no laicos o laicas, como Dios manda.

“Desdiosar” a Dios-Jesús, y “endiosar” hasta sus penúltimas consecuencias al dinero, al poder, al prestigio social y a la grandiosidad en cualquiera de sus versiones, es tarea-ministerio propia y esencial en la Iglesia, que remozará y renovará el papa Francisco, con pedagogía y espíritu sinodales.

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