“Ínfimos y efímeros, pero necesarios" (M. Légaut) In memoriam de Antonio Duato

Antonio Duato, en Valencia
Antonio Duato, en Valencia

En Antonio hemos visto la persona que encarna la sabiduría acumulada por los años de vida y sobre todo por una búsqueda incesante y apasionada de Dios, del Dios de Jesús

Su muerte ha sido una noticia dolorosa para muchas personas y comunidades de la Iglesia española comprometidas con su renovación evangélica y con una sociedad más justa, libre y solidaria, para quienes ha sido un referente de pensamiento y un creador de afectos, vínculos y redes

Ha fallecido Antonio Duato Gómez-Novella (Valencia, 1932). El pasado sábado 22 de noviembre, a los 93 años. Silenciosamente. Una noticia dolorosa para el Consejo de Dirección de Iglesia Viva y para los lectores de esta revista que tanto le debe. También para muchas personas y comunidades de la Iglesia española comprometidas con su renovación evangélica y con una sociedad más justa, libre y solidaria, para quienes ha sido un referente de pensamiento y un creador de afectos, vínculos y redes.

Creemos. Crecemos. Contigo

Incorporado al equipo de la revista en 1972, su entregada dedicación, de más de 50 años, su empuje gestor, su sensibilidad profética y su inquietud intelectual han sido determinantes del perdurar de Iglesia Viva, de su incansable diálogo crítico con la cultura, de su impulso reformador de la Iglesia y de su permanente renovación.  

Antonio estudió filosofía en Comillas, donde ingresó como seminarista en los años de posguerra. Hace unos meses todavía nos decía que la participación en los grupos de Jesús Obrero, impulsados por la JOC, le marcó decisivamente en su formación, de orientación evangélica y social. Por sus capacidades académicas, fue enviado a Roma a estudiar Teología en la Universidad Gregoriana en los años del Concilio Vaticano II, continuando después con la carrera de Ciencias Políticas en La Sapienza.

Antonio Duato con un ejemplar de Iglesia Viva
Antonio Duato con un ejemplar de Iglesia Viva

Ordenado presbítero diocesano en Roma el 19 de marzo de 1957, volvió a Salamanca donde fue director del Colegio universitario de El Salvador (1969-1970). Pronto topó con las resistencias a los vientos del concilio. En la Pontificia entró en contacto con el grupo que había fundado la revista en 1966: Fernando Sebastián, primer director y editor, José Ángel Ubieta, José M. Setién, Rafael Belda, primer presidente, Gregorio del Olmo y otros… Ingresó en este círculo en 1972 como director, a la vez que se ampliaba el grupo con la incorporación de A. Álvarez-Bolado, F. Fontecha, E. Freijó, O. González de Cardedal, J. Perea, J.M. Rovira Belloso, entre otros, continuando ininterrumpidamente hasta su fallecimiento. Repetía hasta la saciedad que Iglesia Viva había surgido para impulsar la aplicación del Concilio Vaticano II en la Iglesia española. En aquella época inicial se trataba de “introducir sus ejes principales de apertura a la cultura moderna en una iglesia y una sociedad ancladas en la ideología nacional-católica”.

En el contexto del alargado pontificado de Juan Pablo II, escribía Antonio, “se acentúa en la jerarquía católica la involución y el restauracionismo, mientras que en la sociedad española se va instalando el desencanto”

A su vuelta a Valencia, fue cura de parroquia en Puerto Sagunto y vicario episcopal. Continuó comprometido con la revista ya con un nuevo Consejo, formado por Ximo García-Roca, Javier Vitoria, Andrés Torres Queiruga, Adela Cortina, Jesús Conill, Demetrio Velasco, Rafael Díaz-Salazar, en el que continuaban Rafael Belda y Joaquín Perea, entre otros. En el contexto del alargado pontificado de Juan Pablo II, escribía Antonio, “se acentúa en la jerarquía católica la involución y el restauracionismo, mientras que en la sociedad española se va instalando el desencanto”. Le gustaba recordar que en esa época Iglesia Viva se mantuvo en la resistencia incidiendo en “la necesidad de continuar el espíritu del Concilio y combatir la rigidez eclesiástica en temas de familia y educación”, proponiendo un modelo de Iglesia “más democrático y respetuoso con la autonomía de la sociedad y la cultura moderna” y, respecto al mundo, denunciando “los condicionamientos neoliberales que frenan el avance de una sociedad íntegramente democrática”.

Antonio Duato
Antonio Duato

Tras toda una vida, al filo de los 60 años, Antonio decidió con libertad y coraje dejar el ministerio presbiteral y abrirse a una nueva etapa como laico. Se casó con María y tuvieron dos hijos para los que procuró la mejor educación. Asimismo, hubo de rehacer su vida profesional. Creó la editorial ADG-N, que desde 1997 hasta 2022 fue la encargada de la producción, edición y distribución de la revista -también de Frontera-. Asimismo, colaboró en la creación y el sostén de diferentes iniciativas como la plataforma-web de pensamiento Atrio.org (2001), para la que todavía tenía proyectos, y en fundaciones como Etnor, para la ética en los negocios (1991) y Hugo Zárate, para el desarrollo del movimiento ciudadano (1994).

El pontificado de Francisco ha constituido para Antonio y para el conjunto de Iglesia Viva una ventana de aire fresco

En este último periodo, el pontificado de Francisco ha constituido para Antonio y para el conjunto de Iglesia Vivauna ventana de aire fresco, porque ha sido posible pensar con libertad, porque, por fin, nos hemos encontrado con el don de un papa profético. Antonio sentía que las cosas no marchaban a la velocidad que debían, pero sintonizaba con sus líneas de reforma de la Iglesia: frente al clericalismo, la sinodalidad, el combate sin tapujos a la pederastia, la opción preferencial por los pobres, la misericordia como talante pastoral, el fratelli tutti incluyente de los migrantes, el cuidado de la casa común frente al paradigma tecnocrático, la denuncia a la economía que mata y de la guerra a pedazos…

A partir de 2015 impulsó con su coetáneo J. Perea la última gran renovación del Consejo de Iglesia Viva, produciéndose un vuelco, pues está formado en su inmensa mayoría por laicos, mujeres y varones. Hemos tenido la fortuna de convivir con Antonio, de recibir sus consejos y aportaciones… y de quererle. No era difícil. En Antonio hemos visto la persona que encarna la sabiduría acumulada por los años de vida y sobre todo por una búsqueda incesante y apasionada de Dios, del Dios de Jesús. La persona que aún con la edad, o precisamente por ella, conserva la lucidez del vigía para otear los signos de los tiempos y otear los cambios. La persona capaz de rehacerse a sí misma en nuevas circunstancias vitales, que se renueva, que aprende, que afronta retos, como el tecnológico y digital, en el que ha sido el más aventajado, elaborando la web iviva y digitalizando la colección completa. La persona que sabe irse retirando paso a paso porque presiente el futuro. ¡Sabemos que has gozado viendo que el relevo estaba asegurado a pesar de las dificultades! Porque Antonio ha vivido esta revista como hija propia, a la que ha cuidado con toda el alma. En el último correo colectivo que nos envió, el 13 de marzo, nos decía con palabras que sabían a despedida y a paso de testigo: “Gracias por todo lo que he recibido de Iglesia Viva a lo largo de mi vida. Y, en concreto, de este actual equipo de Dirección, a quienes animo a seguir desarrollando el árbol de aquel grano de mostaza que sembraron en 1966 (sesenta años pronto) aquel grupito de fundadores y que hoy necesitan más que nunca las personas, la Iglesia y la sociedad del futuro que esté bien vivo y fecundo”.

Antonio Duato Gómez-Novella
Antonio Duato Gómez-Novella

Cuando cumplió 90 años, el 17 de enero de 2022, invitó a un grupo de amigos a celebrarlo a través de un encuentro en Zoom. Allí, en la oración final, nos propuso no una despedida o llegada, un “nunc dimitis” como dijo -significa “ahora dejas ir” a tu siervo en el Benedictus (Lc 1, 68-79)- sino que prefería una “oración de itinerario”, citando a su maestro Légaut: “ínfimos y efímeros, pero necesarios”. Manifestaba así con humildad y convicción la condición humana, contingente, débil, efímera, de la que la vejez te hace especialmente consciente, pero asimismo la afirmación de la necesidad de cada uno, de la unicidad de cada cual, en el proyecto de Dios para la humanidad y el cosmos. Ahora sí, te ha llegado el nunc dimitis. Descansa en paz Antonio, en la inmensidad del Amor de Dios. En el regazo de ese Misterio que era tu búsqueda y anhelo. Gracias Antonio por tanto cuanto hemos recibido de ti. Unidos siempre en la comunión de los santos.

[*] Carlos García de Andoin, presidente; Teresa Forcades, directora; Andoni Aguirre; Mercedes Arbaiza; Daniel Barreto; Roberto Casas; Montserrat Escribano; Neus Forcano; M. Mar Galcerán; Anna Eva Jarabo; Marta López Alonso; Sebastián Mora; Joaquín Perea; Bernardo Pérez Andreo; José Miguel Rodríguez; José Antonio Zamora.

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