In memoriam, Pedro Declercq

'Pedro Zarza' quemó su vida por nosotros

"Damos gracias a Dios por ese fuego que nos ha encendido y transmitido"

29 ago 2015 - 10:18

(Luis y Tere, Cebs' El Salvador).- Querido Padre Pedro Declercq: Durante estos meses y especialmente en estas últimas semanas y días hemos estado muy pendientes de sus problemas de salud. Las noticias que recibimos, cada vez se hicieron más preocupantes. Y hoy, estamos aquí, alrededor de su cuerpo sin vida que pronto será ceniza para fertilizar nuestras comunidades y para purificar nuestros compromisos.

Ud ha venido a nuestro encuentro desde el año de 1968, el año de la conferencia episcopal latinoamericano en Medellín. Ha venido a buscarnos para darnos la mano, para compartir su amistad, para darnos esperanza y razones de lucha. Ha venido a despertarnos para que descubriéramos al Dios de Jesús presente en nuestro sufrimiento, en nuestra pobreza y miseria, resultado de la explotación y la represión. Ha venido para convocarnos a formar comunidad fraterna, a transformarnos en hermanos y hermanas de verdad.

A partir de hoy, ya no hablaremos solamente de aquel Chico Zarza del nacimiento de El Paraíso, sino también de Pedro Zarza: Ud ha quemado su vida con el fuego del Espíritu, ese fuego que nunca se apaga, ese fuego que nos ha dado luz y energía para levantarnos y para arriesgarnos a caminos que nunca pensábamos que íbamos a ser capaces de andar.

El Espíritu de Jesús presente en su fuego, Padre Pedro, nos ha convertido en misioneros de la Buena Nueva a los pobres, nos ha transformado en animadores y animadoras de comunidades, nos ha movilizado para levantar banderas de lucha de nuestro pueblo, nos ha desafiado a ser consecuentes y coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos.

Damos gracias a Dios por ese fuego que nos ha encendido y transmitido. Pero ese fuego, su fuego, el fuego del Espíritu de Jesús, también arde y quema, es decir, nos plantea cada vez nuevos retos y desafíos. No podemos acomodarnos a lo logrado, no podemos sentirnos cansados, no podemos desanimarnos, pero sí necesitamos permanentemente una verdadera conversión desde las y los pobres de nuestro pueblo, desde el Evangelio de Jesús. Esto significa arriesgarnos a nuevos caminos que solamente se hace al andar. Esto, Padre Pedro, nos lo ha enseñado en sus palabras y sobre todo con sus hechos, con sus acciones.

Para nosotros Ud seguirá siendo como aquel beduino que Monseñor Romero mencionó en la eucaristía de resurrección del Padre Alfonso Navarro, gritando que no fuéramos por esos caminos viejos y gastados, sino que nos arriesgáramos a construir un futuro nuevo, siempre desde la comunidad, siempre desde la fraternidad, siempre desde las y los pobres, aquellos más pobres que nosotros.

Durante 47 años ha sido sembrador de la buena semilla del Evangelio, Buena noticia para las y los pobres. Y en varios momentos ha podido gozar del crecimiento de las mazorcas de vida y fiesta. Pero siempre ha insistido en volver a sembrar, las mejores semillas, porque la lucha por la justicia, la verdad, la libertad, la solidaridad y la vida, es una lucha larga. Nos ha dado el ejemplo.

No siempre, Padre Pedro, hemos podido o querido seguir sus pasos o cumplir con sus enseñanzas de vida. También ahora queremos pedirle perdón por nuestras flaquezas, fallas, sobre todo nuestros egoísmos que dañan y dividen la comunidad. Su vida entregada hasta el final, nos seguirá convocando para superar esas divisiones y curar las heridas que hemos provocado.

Hoy estamos aquí ante su cuerpo sin vida, recogiendo y recibiendo su vida que está sembrada en nuestro pueblo. Ya has sido recibido en la comunidad de las y los mártires. Ya estás compartiendo todo ese caminar con Monseñor Romero, con Silvia y Octavio, con Foncho y con tantos miles que derramaron su sangre por nuestra verdadera liberación.

Padre Pedro, por supuesto que en este día no estamos diciendo ADIOS, sino "gracias" y le pedimos que siga desafiándonos hacia los grandes retos para despertar y provocar nuevas esperanzas en nuestro pueblo. Sabemos que estará presente en cada acción profética, en cada experiencia evangelizadora, en cada nueva comunidad, en nuestra conversión, en nuestras acciones solidarias.

Que la porción de ceniza que pronto recibiremos no sea una reliquia a venerar, sino un permanente estímulo de fuego para convertirnos en constructores del Reino, trabajadores y trabajadoras incansables en la lucha por la vida.

Gracias Padre Pedro.

Las comunidades de base de Zacamil, Los Fonchos y en El Paraíso.

Luis y Tere

El sacerdote Pedro Declercq
El sacerdote Pedro Declercq

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