Cullera suspende la clausura del Año Jubilar debido a la pandemia Josep Miquel Bausset: La Mare de Déu del Castell

Castillo y ermita de la Virgen en Cullera
Castillo y ermita de la Virgen en Cullera

Ayer la ciudad de Cullera se habría vestido de fiesta (si no hubiese sido por el Covid-19) para clausurar el Año Jubilar que conmemora el centenario de la coronación de la Mare de Déu de l’Encarnació y del Castell

A pesar de todo, serán mucho los ciudadanos de Cullera, empezando por el obispo Joan Piris, que aclamarán a su patrona, desde sus casas, ya que estamos todavía en la fase 0 de este estado de alarma

Que la Mare de Déu de l’Encarnació y del Castell, proteja a esta ciudad y nos ayude a cambiar el ritmo de nuestra vida para así hacer un mundo más sostenible y más humano

Hoy, día 15 de mayo se habría de celebrar en la ciudad valenciana de Cullera la clausura del Año Jubilar que, en enero de 2019, la Santa Sede concedió a esta villa de la Ribera Baixa, para conmemorar el centenario de la coronación y del patronazgo de la Mare de Déu de l’Encarnació y del Castell, que tuvo lugar el 15 de mayo de 1919. Pero como en otras celebraciones, también ésta se ha tenido que suspender debido a la pandemia del Covid-19.

La patrona de Cullera, la Virgen de la Encarnación, es llamada coloquialmente la Mare de Déu del Castell, debido a su emplazamiento encima de la montaña que preside toda la bahía y el último tramo del rio Xúquer, hasta el mar Mediterráneo.

La imagen de la Mare de Déu de l’Encarnació o del Castell, que se encuentra todo el año en su ermita, al lado del castillo, es bajada cada año a la ciudad, que la acoge y la homenajea durante ocho días, hasta que de nuevo la Virgen es subida de nuevo al castillo.

Entre los actos más entrañables y populares que Cullera celebra cada año en honor de la Mare de Déu del Castell está la emotiva Nit de l’Aurora, cuando los pescadores de Cullera trasladan en procesión a la imagen de la Mare de Déu desde la parroquia de los Santos Juanes hasta la playa de San Antonio, donde se celebra la misa de campaña. Como me recordaba el obispo Joan Piris, hijo de Cullera, ese día “solía salir el sol en el momento de la consagración”.

En la zona sur de la montaña de Cullera había diferentes fortalezas, ya que incluso el “Cantar del Mío Cid” hace referencia al castillo de esta villa. En 1171 Alfonso II otorgó a los caballeros de San Juan de Jerusalén, el privilegio de ocupar el castillo. Y en 1208, el rey Pere II, padre del rey Jaume I el Conquistador, lo ratificó. Más tarde, como me ha recordado el obispo Joan Piris, Jaume I, el 1240, de acuerdo con el Maestre de San Juan del Hospital, realizó la partición del Castillo entre el Orden y la Corona. La ermita, de estilo gótico, donde ya en aquellos años la Virgen recibía culto, tenía la estructura de un ángulo recte con dos naves, asignadas, una al brazo civil y la otra al religioso, con el altar de la Virgen en el vértice. También hay constancia de diferentes testamentos en los cuales figuran registradas las ofertas y las limosnas de los fieles para el culto de la Mare de Déu del Castell.

La Mare de Déu del Castell o de la Encarnación es una imagen de alabastro policromado, del siglo XIV, y por lo tanto de estilo gótico, con una estatura de 38 centímetros. El Niño Jesús sostiene un osito, símbolo cristológico primitivo, según me dijo el obispo Joan Piris.

La Mare de Déu del Castell, patrona de Cullera
La Mare de Déu del Castell, patrona de Cullera

Llamada coloquialmente la “Moreneta”, esta imagen tiene su origen, según la tradición, en un pastor de Utiel, que mientras estaba con su rebaño en el barranco de la ermita de Santa Marta, escuchó un sonido procedente de una peña cubierta de matojos, cerca de la ermita. Cuando el pastor se acercó al lugar donde había escuchado aquel sonido, encontró dos imágenes de la Virgen Mare, a una de las cuales le faltaba un brazo. El pastor dio esta imagen mutilada a la parroquia de Cullera, y se llevó a Utiel la que estaba completa. Cuando se abrieron al culto los dos templos que custodiaban las dos imágenes, se dieron cuenta que habían cambiado de pueblo: la que le faltaba el brazo y que había quedado en Cullera, apareció en Utiel, y la que estaba en ésta villa, la encontraron en Cullera. Posteriormente el rey Jaume I mandó que la imagen que estaba en la parroquia de Cullera, fuese trasladada al castillo.

La Virgen María nos es faro y guía en nuestro camino hacia Cristo, y su santidad nos acompaña en el camino de la fe. Como dijo el papa Pablo VI, “La santidad ejemplar de María resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos” por su “fe, la obediencia generosa, la humildad sincera, la caridad solícita, la fortaleza de espíritu y la confianza en Dios”. Por eso, con San Germán de Constantinopla, proclamamos a María como “Jardín de Dios, montaña de Dios, trono sagrado, templo divino, llena de gracia, más santa que los santos, paloma que nos traes el fruto del olivo y anuncias el puerto de salvación, madre purísima, digna de todo honor y toda alabanza”.

Hoy la ciudad de Cullera se habría vestido de fiesta (si no hubiese sido por el Covid-19) para clausurar el Año Jubilar que conmemora el centenario de la coronación de la Mare de Déu de l’Encarnació y del Castell, que fue coronada por el cardenal valenciano Enric Reig i Casanova el 15 de mayo de 1919, hoy hace 100 años.

A pesar de todo, hoy serán mucho los ciudadanos de Cullera, empezando por el obispo Joan Piris, que aclamarán a su patrona, desde sus casas, ya que estamos todavía en la fase 0 de este estado de alarma. Que la Mare de Déu de l’Encarnació y del Castell, proteja a esta ciudad, sane a los enfermos, consuele a los entristecidos, fortalezca la esperanza de los que no tienen trabajo, bendiga al personal sanitario, de paz a los atribulados y sea la alegría de todos los hijos de Cullera. Y que nos ayude a cambiar el ritmo de nuestra vida para así hacer un mundo más sostenible y más humano.

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