Lágrimas de vida en tiempos de coronavirus Angel Luis Lorenzo: "A través de las lágrimas confinadas, nuestros cuerpos muestran lo que hay en nuestros corazones"

Lágrimas
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"Las lágrimas desafían las carencias de las palabras para expresar lo que está sucediendo dentro de nosotros en este Covid 19. ¿Acaso la comunicación humana no implica más que palabras?"

El de las lágrimas es un lenguaje más profundo casi que las palabras. A través de las lágrimas confinadas, nuestros cuerpos están mostrando lo que hay en nuestros corazones

dolor que están sucediendo en estos momentos en el mundo, y sigue comprometiéndose en una relación de alianza con su pueblo (aunque a veces, como el reinado de Saúl, le produzca dolor. Jer 14,17) No olvidemos que el verdadero cristiano llora amargamente como Pedro o cada noche riega su sofá con lágrimas, como David.

Nadie nos puede desterrar de este lenguaje. Sigamos llorando, pero esta vez con lágrimas de vida. "Al atardecer los visita el llanto, por la mañana el júbilo" (Sal 30,6)

“A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados y llorábamos, acordándonos de Sión; en los álamos de la orilla teníamos colgadas nuestras cítaras. Allí nos pidieron nuestros deportadores cánticos, nuestros raptores alegría: «¡Cantad para nosotros un cantar de Sión!» ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yahveh en una tierra extraña? ¡Jerusalén, si yo de ti me olvido, que se seque mi diestra! ¡Mi lengua se me pegue al paladar si de ti no me acuerdo, si no alzo a Jerusalén al colmo de mi gozo!...”
 (Salmo 137)

Nos sentamos

También nosotros nos sentamos confinados en nuestras casas. Sentarse físicamente y estar quietos es la forma más práctica (ahora, gubernamentalmente obligaría) de estar presentes a nosotros mismos y de saber dónde estamos. Quizás sea un buen lugar para que surja el discernimiento de cómo y de qué manera podemos responder a lo que está sucediendo. Sentarse es conocernos a nosotros mismos. Permanecer quietos, nos hacen ser conscientes de lo distraídas que estaban realmente nuestras vidas y lo lejos que podían estar de Dios.

En tiempos hostiles u extraños como esta pandemia mundial, donde las opciones están coartadas de libertad y los resultados son inciertos, sentarse es y sigue siendo un desafío, que exige de nosotros un verdadero coraje en lo que está por venir.

Nos acordamos

¿Qué Sión estamos echando de menos? El viaje del recuerdo es mental y cargado de deseos. Echamos de menos a nuestra comunidad parroquial, a nuestros seres queridos, nuestros puestos de trabajo, el deporte, los amigos, la naturaleza, el caminar al aire libre, los besos y abrazos, el calor humano de las aulas, los aperitivos en terrazas abarrotadas, las bullas de los niños correteando por los parques…etc

Recordares lo que nos mantiene en el ser y mantiene alejada la desesperación. Todo se juega aquí. Aunque no puede ser la última palabra, esto explica la intensidad e incluso la ferocidad con la que los enemigos se identifican y resisten como vemos en este salmo. Así que aquí, junto a un río de sufrimiento cercano, en una tierra hostil al final de este exilio pandémico que se resiste en llegar, nos sentamos cada tarde. También en el centro del Jueves Santo hay un Recuerdo: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11,24)

Nos parecía difícil cantar al Señor un cántico nuevo en esta tierra cuaresmal de enfermedad y soledad. Nos preguntábamos, ¿Cómo voy a vivir en este lugar? Una de las pruebas más importantes que podemos pasar es encontrarnos viviendo donde no queremos estar. Esto se enfatiza más cuando nuestro bienestar y destino depende de la dirección de otros. ¿Cómo lo podríamos sobrellevar, sobrevivir, establecerme, ser fiel o incluso escapar de esta realidad casi ficticia? Quizás preguntas sin respuestas.

La verdad es que a la sociedad, a nosotros nos cuesta hacer uso positivo de la espera. Todo lo centrábamos en hacer, en actuar y de la forma más rápida posible. Esperar, nos puede parecer una pérdida de tiempo, pero es un lugar de vigilancia, curiosidad y ganas de ir explorándose uno mismo. Ahora nuestra calidad de vida sigue siendo la paciencia, la oración y una espera fiel que se torna obra de participación activa (Jer 29,5-7) Dejamos de lado las certezas, las ideologías dominantes y esperamos a ver a dónde puede conducir este camino.

Y lloramos

Hay muchas palabras para designar las lágrimas: Romper a llorar, momentos de sacar el pañuelo, llanto, ser un llorica, estar en mar de lágrimas, como una magdalena, ojos humedecidos, emocionarse, llorar desconsoladamente… Las lágrimas desafían las carencias de las palabras para expresar lo que está sucediendo dentro de nosotros en este Covid 19. ¿Acaso la comunicación humana no implica más que palabras?

Por lo tanto, es un lenguaje más profundo casi que las palabras. A través de las lágrimas confinadas, nuestros cuerpos están mostrando lo que hay en nuestros corazones. También donde no hay lágrimas hacia el exterior, podemos derramarlas internamente, en la intención. A veces tenemos un corazón que llora, aun cuando nuestros ojos están secos. La compasión sigue siendo la misma, aunque brota la heroicidad de quien dice:

Nunca dejes que te vean llorar. Dicen algunos dirigentes, que no es el momento de llorar, ¿Cuándo lo será?
Hay lágrimas de felicidad y tristeza. Lágrimas de una hija en UCI, de hijos que entierran a sus madres; lágrimas de madrugá donde no salen los pasos, recordando a los años de la República. Lágrimas de felicidad en niños que han nacido en tiempos de coronavirus, lágrimas de alegría al terminar batas para llevar a sanitarios, en medio de aplausos en cada alta médica, al ver arcoíris en las ventanas, dejarse tocar por el sol y escuchar canciones sobre la alegría; lágrimas de médicos, farmacéuticos, enfermeras, auxiliares, cuerpos y seguridades del Estado, monjas, sacerdotes, santos de la puerta de al lado, que están entregando su vida; de personas que se curan, de acogida con generosidad en los vecinos, (cumpliendo esas palabras de Rm 8, 35-39). El desierto de la pandemia necesitaba agua y ellos las regaron con sus lágrimas.

Hay en el corazón de Dios, un cáliz de lágrimas. Vida Resucitada, sustentada en el aliento de la gente que lo recibía en Domingo de Ramos, su beso de Jueves Santo y sus lágrimas de Sábado Santo en la mañana. Así es como Dios ama. Recoge todas ellas en su odre (Sal 56,9), como a modo de registro de todas las historias de dolor que están sucediendo en estos momentos en el mundo, y sigue comprometiéndose en una relación de alianza con su pueblo (aunque a veces, como el reinado de Saúl, le produzca dolor. Jer 14,17) No olvidemos que el verdadero cristiano llora amargamente como Pedro o cada noche riega su sofá con lágrimas, como David.

Nadie nos puede desterrar de este lenguaje. Sigamos llorando, pero esta vez con LÁGRIMAS DE VIDA.”Al atardecer los visita el llanto, por la mañana el júbilo” (Sal 30,6) Es Domingo de Resurrección. Me asomo al balcón y esta vez sí oigo campanas. Jesucristo, ha resucitado. Renace la Esperanza. Nuestros ojos no pueden permanecer secos ante el Amor del Verdadero hombre; pero también, con su Pascua 2020, verdadero Dios y Señor: “Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.”

Ángel Luis Lorenzo, sacerdote y subdirector del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Santa María de Guadalupe” en Cáceres.

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