Colectivo de amigos de Diego Neria: "No vamos a callarnos, lo tenemos decidido" ¿Mejor en la sacristía? ¿De verdad? ¿Otra vez?

¿Otra vez?
¿Otra vez?

"Hace unos días, como respuesta a lasolicitud de ayuda en la difusión de un proyecto liderado por Diego Neria Lejárraga, un e-mail nos invitaba a que el encuentro de Diego con el Papa no se exhibiera ante la sociedad como un triunfo"

"Quienes arropamos a Diego en su incansable trabajo no queremos molestar, que nadie se dé por aludido, ni sembrar polémica, pero sentimos la imperiosa necesidad de decir 'basta'"

"Hoy mismo, hemos tenido acceso a la respuesta de alguien cuya sana intención es llevar un poco de paz y de esperanza a quienes, por su condición de 'diferentes' (detestamos el término), son eternamente cuestionados y escondidos para que no se les vea mucho"

"Nos ha llenado de impotencia y tristeza constatar que nada ha cambiado según dónde y para quién, por mucho que el Papa Francisco abra la ventana"

"Nuestro amigo es un tipo valiente. Lleva luchando una vida entera por la normalidad. Podrías haber mercadeado con aquella historia, pero jamás se te pasó por la cabeza. No desfallezcas"

"No somos legión, amigo, somos pocos soldados, pero fieles y decididos a cerrar filas. Creemos en lo que hacemos y no nos mueve el interés. No vamos a callarnos, lo tenemos decidido"

Hace unos días, como respuesta a lasolicitud de ayuda en la difusión de un proyecto liderado por Diego Neria Lejárraga (que consiste en un Ciclo de Charlas-Coloquio y cuyo único objetivo es contribuir, humildemente, a que se entienda, desde su propia piel, el derecho fundamental de cada uno a ser quien es y a normalizar su existencia, más allá de su condición y situación) recibimos un e-mail que, desde la corrección, el respeto, el afecto y un cierto tono paternalista, nos invitaba a que el encuentro de Diego con el Papa se mantuviera en la riqueza de la intimidad que, por otro lado es exactamente lo que él hace y hará, y no se exhibiera ante la sociedad como un triunfo.

Quienes arropamos a Diego en su incansable trabajo no queremos molestar, que nadie se dé por aludido, ni sembrar polémica, pero sentimos la imperiosa necesidad de decir “basta”. Esto es lo que compartimos para que se entienda que no se puede amar lo que se esconde ni esconder lo que se ama. Y que, lejos de pretender mostrar a Diego como un triunfador, presentamos su piel, llena de heridas y magulladuras, desde la esperanzade que se puede llegar, por si a alguien le pudiera servir.

Mejor en la sacristía

“En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren”.

(Mateo 23:13)

Hoy mismo, por cuestiones que no vienen al caso, hemos tenido acceso a la respuesta de alguien, de una diócesis cualquiera, a la invitación a conocer y, si era posible, tratar con cariño un proyecto sencillo, para el que, obviamente, solo se solicitaba ayuda en la difusión, en ningún caso apoyo monetario o implicación que pudiera comprometer institución alguna y sus fines, y cuya sana intención es llevar un poco de paz y de esperanza a quienes, por su condición de “diferentes” (detestamos el término), son eternamente cuestionados y escondidos para que no se les vea mucho, no vaya a ser que algo cambie de verdad y tiemble algún cimiento.

Recordamos de inmediato una de las mil anécdotas que nos has contado mientras trabajamos sin, pero contra reloj, cuando a tu petición contestaron: “Te daré la Comunión, claro, mejor en la Sacristía”. Siempre pensamos que eso no volvería a ocurrir, que son otros tiempos, pero una vez más tenías razón y, sí, volvió a pasar de algún modo.

Esconder

No desvelaremos nunca el contenido por propia convicción y porque esa es la línea que siempre nos marcas tú, además de por respeto a todas las partes, sobre todo a una, y al objetivo de quien se embarcó en esta complicada travesía. Solo diremos que ahora no se te rechaza, no se te señala y no se te expulsa a pedradas, amigo, no sería una campaña inteligente y lo saben. Se da respuesta desde una actitud conciliadora, correcta y amable, enarbolando la bandera del infinito amor de Dios a todas sus criaturas, mas, eso sí, desde el ámbito privado, apelando a la discreción y a que tu hermosa historia quede en el plano de lo personal, que, parece ser, es mucho más enriquecedor -nos planteamos para quién- y de ese modo puedas estar eternamente agradecido y consolado por aquel abrazo, pero no lo compartas. Mejor tenerte a la sombra, querido, y así nadie se compromete en ninguna dirección.

Nos ha llenado de impotencia y tristeza constatar que nada ha cambiado según dónde y para quién, que por mucho que el Papa Francisco abra la ventana, miles de sotanas, otras no y lo sabemos bien, siguen cerrando puertas y se apresuran a sellar cualquier rendija por la que pudiera entrar un pequeño haz de luz.

Nuestro amigo es un tipo valiente. Lleva luchando una vida entera por la normalidadcomo derecho fundamental de cualquier ser humano, incluido él, claro. Como bien dice siempre, ya tiene su camino hecho y una edad en la que lo que uno desea es no complicarse, pero no puede, no sabe… Es consciente de que esta especie de contenida corriente de apertura no es otra cosa que un grotesco maquillaje para vestirse de una tolerancia políticamente correcta pero, si arañas un poquito en la superficie, encontrarás lo mismo que años atrás, cuando la carrera de fondo te llevaba a una bofetada de canto que reventaba el labio y a un “tú eres la hija del diablo”. Él no se engaña, pero mantiene la esperanza y bebe de ella cada día para no empezar a ser egoísta y pensar solo en sí mismo.

Podrías haber mercadeado con aquella historia, pero jamás se te pasó por la cabeza. ¡Ay si hubieran sido otros! Te mantienes firme en tu decisión de no pronunciar palabra alguna sobre lo que allí pasó, ni con nosotros siquiera. Tan solo pretendes contar, con tu vida, a aquellos que sufren, que es posible, que no decaigan en la lucha de ser respetados y amados, que alguien muy especial así te lo transmitió, y que levanten la cabeza para caminar erguidos porque nadie es quien para juzgarles y, si se les mira mal, el problema está en los ojos del otro.

Pedirte que no desfallezcas cuando eres tú quien está en el objetivo de tiro puede parecer una simplicidad por nuestra parte, de hecho, no sabemos cómo aún sigues ahí sin tener necesidad personal alguna de hacerlo.

No somos legión, amigo, somos pocos soldados, pero fieles y decididos a cerrar filas. Creemos en lo que hacemos y no nos mueve el interés. Luchamos desde aquí, en silencio y sin alardes, por el Reino, sí el del Evangelio, sí, el de la Justicia y el Amor de verdad, porque pensamos que es posible cambiar aquello que se trabaja con la paciencia, con conciencia, con empatía, con dedicación y pasión. Y en ello estamos.

Puede que nosotros no lleguemos a ver el resultado final, pero vamos trazando camino como otros lo hicieron tiempo atrás. Y si a una sola persona le sirve para volver a sonreír a la vida, esta batalla estará ganada.

Nos permitimos la licencia de dar un aviso para navegantes: no vamos a callarnos, lo tenemos decidido, ni aun cuando lo hiciera “el boss”, que no lo va a hacer, vamos.

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