De la Iglesia vital y samaritana de Cúcuta, al obispado castrense de Colombia Monseñor Victor Manuel Ochoa: "Deseo ser un sembrador de paz entre los hombres y mujeres que, con heroísmo, sirven los ideales de la Patria colombiana"

Monseñor Victor Manuel Ochoa Cadavid, obispo castrense de Colombia
Monseñor Victor Manuel Ochoa Cadavid, obispo castrense de Colombia

"La diócesis de Cúcuta es una realidad eclesial muy vital. Dejo una Iglesia empeñada en la formación de los laicos, en su vida de fe, en sus contenidos de evangelio en los distintos procesos de nuestro plan, en la zona urbana y rural"

"Es difícil para mí dejar una Iglesia viva, generosa, empeñada en la Evangelización, pero también con fuerza en la caridad, que es la verificación el evangelio"

"El pastor en esta comunidad castrense debe hacer de todos 'artesanos de paz', buscando que, sin renunciar a sus tareas y compromisos con la Patria, puedan entrar profundamente en continuidad de la búsqueda de la paz"

"En nuestra Iglesia particular castrense, a las armas humanas, queremos agregar unas 'armas espirituales'. El trabajo pastoral en el medio castrense quiere sanar heridas"

"Espero que un día, sin violencia y con un gran aporte de todos los queridos hermanos de Venezuela, puedan encontrar el camino para volver a la democracia y mostrar los grandes valores y potencias que tiene esa nación"

"Creo que tengo que seguir animando el proceso de reconciliación y de vida cristiana que mi predecesor Mons. Fabio Suescún ha realizado en estos años de servicio"

Víctor Manuel Ochoa Cadavid (Bello, 1962) acaba de ser nombrado obispo castrense de Colombia. Deja atrás la diócesis de Cúcuta, 'una realidad eclesial muy vital' donde hay de todo, 'laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, también hombres y mujeres alejados de la fe'. "Una Iglesia viva, donde quedan muchísimos pastores con 'olor de oveja'". Ahora, quiere poner todo su empeño en una realidad bien distinta, ser un "sembrador del Evangelio en medio de los militares de tierra, mar y aire, los policías y sus familias que se encuentran a lo largo y ancho de todo el territorio nacional".

Su antecesor, monseñor Fabio Suescún, trabajó mucho en potenciar el proceso de paz del país y él quiere continuar esta labor. "Quiero ser alguien que acompañe en su vida de fe a los cristianos soldados y policías que dan testimonio de Cristo en el mundo". Admirador del papa Francisco, a quien ve como un aliado siente que su tarea y su servicio están "en consolidar esa opción por la paz, como lo pidió el Papa Francisco en su visita a Colombia. Agregar unas 'armas espirituales' a las armas humanas "

Monseñor, ¿qué sintió cuando el Nuncio le comunicó su nombramiento como obispo castrense de Colombia?  

Sentí como el Señor Jesucristo, en la persona de Papa Francisco me ponía un gran reto delante, ser el obispo que guía espiritualmente a las Fuerzas Armadas de Colombia, invitándome a ser un sembrador del Evangelio en medio de los Militares de tierra, mar y aire, los policías y sus familias que se encuentran a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. Debo confesar, con sinceridad que sentí un poco de miedo, es un tema nuevo para mi ministerio episcopal, pero en esta misión que me entrega el Papa veo la mano de Dios, para acompañar el camino de fe de estos colombianos, que en su gran mayoría son hijos de la Iglesia. Confío también en la materna protección de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, a la cual tengo gran veneración y amor.  

¿Qué deja y qué se lleva de Cúcuta?  

La diócesis de Cúcuta es una realidad eclesial muy vital, tiene desde hace muchos decenios un gran programa de evangelización, una presencia capilar en todos sus sectores y ha tenido una gran respuesta misionera y evangelizadora. Tenemos muchos laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, vinculados a nuestra vida de Iglesia. Todos hacemos un camino de fe, que vivimos en la liturgia y que llevamos a la vida de servicio y de caridad con los pobres y emigrantes. Cúcuta tiene una participación del 40% de sus fieles en la Santa Misa dominical, tiene también hombres y mujeres alejados de la fe, pero la dimensión misionera es un reto y una tarea para vivir hoy.  

Dejo una Iglesia empeñada en la formación de los laicos, en su vida de fe, en sus contenidos de evangelio en los distintos procesos de nuestro plan, en la zona urbana y rural. Tenemos la Casa Beato Luis Variara que acompaño en el 2019, casi 20 mil personas en distintos encuentros de formación de laicos, con la ayuda de los párrocos, religiosas y religiosos.  Queda una Iglesia viva, vital, quedan muchísimos pastores con “olor de oveja”.  

También una Iglesia empeñada en la caridad, en la atención de los que sufren, colombianos retornados y venezolanos, en medio de una gran crisis migratoria, acogiéndolos, ayudándolos, protegiéndolos en las grandes situaciones de necesidad que viven. Estamos en muchos frentes atendiendo esta gran necesidad de alimentos, de medicinas, de consuelo. Contamos un gran aliado, el Papa Francisco que con su caridad y su ayuda material propicia esta atención a los que sufren.  

También es una Iglesia con gran esperanza en las vocaciones, dejo un Seminario con la ilusión de más de 70 jóvenes que quieren servir al Señor, que viven su fe en sintonía, recibiendo la formación sacerdotal en la experiencia del Evangelio.  Un signo de esperanza, cuando esperamos 17 jóvenes para iniciar su formación en el próximo curso, el 2021.  

Una Iglesia comprometida en esta situación difícil originada por el COVID-19. Muchos sacerdotes cuidando y atendiendo espiritualmente a los enfermos, cercanos con los laicos a los pobres que no tienen que comer con nuestro Banco de Alimentos, entregando lo necesario a muchos niños pobres y necesitados.     

Es difícil para mí dejar una Iglesia viva, generosa, empeñada en la Evangelización, pero también con fuerza en la caridad, que es la verificación el evangelio.  

¿Se siente orgulloso por la labor realizada por su diócesis en la atención a los desplazados venezolanos?  

Hemos vivido el Evangelio, procurando realizar un versículo del Evangelio de San Mateo (Mt. 25,35). Dando de comer a quienes tienen hambre, entregando vestidos a los que no tienen lo necesario, dando un vaso de agua a los sedientos.     

No podemos leer la caridad de la Iglesia como algo extraordinario o como una obra de mostrar, es lo que la Iglesia tiene que hacer y vivir siempre, así tomamos el “olor a oveja” del cual nos ha hablado tantas veces el Papa Francisco. Más que orgulloso, me siento triste, porque no hemos podido atender a todos los que hubiésemos querido, es un fenómeno dramático que aún hoy continua, son cientos de venezolanos en nuestras carreteras y vías, en camino, por sus ingentes necesidades.  

Por cierto, ¿qué opina de las elecciones que se acaban de celebrar en Venezuela?  

Es un tema muy difícil, como extranjero no puedo entrar en estos temas de política. Pero si veo el gran sufrimiento de esa querida nación de Venezuela. Espero que un día, sin violencia y con un gran aporte de todos los queridos hermanos de Venezuela, puedan encontrar el camino para volver a la democracia y mostrar los grandes valores y potencias que tiene esa nación. Desgraciadamente vemos un gran sufrimiento, un gran dolor, dificultades en ese pueblo que se agravan día a día. Ese pueblo tiene grandes valores, capacidades, potencias para levantarse y resurgir en todo su esplendor.  

¿En qué va a consistir fundamentalmente su labor como obispo castrense? 

El Obispado Castrense de Colombia es una institución de Iglesia -una Iglesia particular- que atiende espiritualmente a los miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia, hombres y mujeres que sirven y cuidan la soberanía, las instituciones, la legalidad y el orden. En nuestro Escudo Nacional está expresado en un bellísimo lema: Libertad y orden. Una gran riqueza que posee el personal de nuestras Fuerzas militares y de Policía, en su mayoría con una profunda fe católica, y como tales, son atendidos por más de 190 capellanes castrenses, misioneros, psicólogos y trabajadores sociales comprometidos con la evangelización y el cuidado de las familias, los jóvenes, y una especial atención al rol de la mujer uniformada. Cuentan con el SINE que es el Sistema Integral de Nueva Evangelización, un proceso que forma comunidades de fe,  en las distintas capellanías castrenses.  

Es una Iglesia misionera formada por pequeñas comunidades, donde se evangeliza, se anuncia a Jesucristo, se busca que todos vivan valores humanos y cristianos. El trabajo pastoral de nuestra Iglesia particular castrense se dirige a acompañar valores espirituales y de fe, a consolidar valores humanos en los miembros de la Fuerzas Militares, y de la Policía, del personal del sector de la  Defensa nacional y sus familias. A las armas humanas, queremos agregar unas “armas espirituales” con palabras del Apóstol Pablo (Cf. Efesios 6,10- 17).  

El pastor en esta comunidad debe hacer de todos “artesanos de paz”, buscando que, sin renunciar a sus tareas y compromisos con la Patria, puedan entrar profundamente en continuidad de la búsqueda de la paz, favoreciendo una “cultura del encuentro”, potenciando el servicio y la ayuda humana y espiritual en zonas muy apartadas de Colombia. Allí nuestras Fuerzas Armadas tienen obras y acciones de gran solidaridad, servicio, cuidado psicosocial de los que necesitan.  

El trabajo pastoral en el medio castrense quiere sanar heridas. En el conflicto colombiano, doloroso y terrible desde hace decenios, también hay víctimas, viudas, niños huérfanos que tenemos que acompañar y proteger. Como nos enseñó el Papa Francisco en su Visita Apostólica a Colombia en el año 2017, queremos comprometernos con la paz, la justicia y el bien común.  

¿Se empeñará a fondo con el proceso de paz, como hizo su predecesor, monseñor Suescun, y como pide el Papa?  

Ciertamente, es necesario construir sobre lo que se ha hecho en la evangelización, Mons. Fabio Suescún ha sido un excelente pastor, empeñado y entregado al anuncio de Jesucristo, pero también en la construcción de valores humanos y espirituales en las Fuerzas Armadas, ha sido un sembrador de paz, buscando siempre caminos de reconciliación y de servicio a los colombianos. Él ha potenciado la opción por la paz desde una profunda espiritualidad y seguimiento del Señor.  

Mi tarea y mi servicio estan en consolidar esa opción por la paz, como lo pidió el Papa Francisco en su visita a Colombia. Tengo que empeñarme en la evangelización, en poner una profunda opción por Jesucristo en la vida de los militares y Policías de Colombia, acompañando los sufrimientos que hay dentro de nuestras  Fuerzas Armadas y consolando a los que sufren por los hechos de la guerra, que han tocado a tantas personas en Colombia.  

Creo que tengo que seguir animando el proceso de reconciliación y de vida cristiana que mi predecesor Mons. Fabio Suescún ha realizado en estos años de servicio.  

Dicen que, por ahora, el proceso de paz ha fracasado o, al menos, está en dique seco. ¿Usted qué opina? 

No podemos decir que el proceso de paz ha fracasado, los acuerdos firmados se están actuando y se están cumpliendo, hay ciertamente vacíos y situaciones en los cuales se requiere un gran compromiso de todos. Colombia sale de una situación dramática de violencia y enfrentamientos que han causado mucho dolor en la comunidad, con la muerte de muchas personas, católicos, creyentes que debemos acompañar y fortalecer en su dolor. Son heridas desgarradoras que tenemos que cuidar y sanar, para alcanzar una paz consolidada y como algunos también decimos una “paz completa”.  Es necesario acompañar y fortalecer el camino de todos los actores de este conflicto para alcanzar la paz, que tanto necesitamos.  

Paz en Colombia

¿Cómo conseguir la reconciliación total en Colombia?  

El lema de la Visita Apostólica del Papa Francisco a Colombia es bien diciente, “Demos el primer paso” hacia la paz. Ello comporta dar muchos otros pasos, buscar otros espacios y consolidar esa opción por la paz, que ciertamente pasa por la instauración de condiciones de vida dignas para las personas que no tienen ingresos económicos para vivir dignamente la búsqueda de conquistas en la justicia social, el cese de la violencia y de la muerte, la opción por el diálogo y el consolidar valores humanos y de respeto de la vida humana desde la concepción hasta la muerte.  

Venimos de muchos años de enfrentamiento entre hermanos, de irrespeto de la legalidad y de las leyes.  Hoy tenemos que emprender un gran camino educativo, de formación, de construcción de paz con esperanza y empeño.    

Para la Iglesia no es un reto nuevo, la Iglesia católica y sus pastores estamos comprometidos con la paz desde hace muchos decenios, en programas y obras concretas de animación y fortalecimiento de programas de paz, el primero la evangelización y el anuncio de Jesucristo Salvador y Redentor, que reconcilia y es nuestra esperanza. Se conoce de tantas iniciativas de caridad y de servicio social que realizamos en medio del conflicto, también ahora, me corresponderá acompañar y fortalecer a estos hermanos que trabajan en la legalidad por la paz, por la justicia, por el bien común.

La vida militar y policial es un gran servicio a la comunidad, su presencia en lugares muy lejanos de este territorio deben consolidar iniciativas de paz y de reconciliación. Tenemos que reconocer con gratitud muchas acciones solidarias y de acción social que realizan las Fuerzas Armadas de Colombia que quiero ayudar y animar. 

¿Colombia sigue contando con el apoyo del Papa Francisco para conseguir la paz?  

Siempre hemos contado con la presencia, con la palabra, con las acciones que alientan la paz, por parte del Papa Francisco. No solamente su visita a Colombia, sus gestos, sus palabras de frente a los que sufren por la guerra, sus iniciativas para fortalecer la reconciliación entre los actores del conflicto y, concretamente su estímulo para que todos entren en el diálogo y en la construcción de paz.  

¿Cuál es su sueño en esta nueva etapa pastoral que comienza?

Quiero poner todo mi empeño como pastor de la Iglesia para fortalecer la vivencia en la fe de los que se me han encomendado, en los sacramentos, en el crecimiento de la vida espiritual, en la consolidación de valores humanos y espirituales en los miembros de las Fuerzas Armadas, en el personal no uniformado, y en sus familias. Quiero también fortalecer iniciativas de formación en valores éticos, como ha venido haciendo el Obispado Castrense, en iniciativas de solidaridad y de caridad que son tan importantes para nuestra nación.  

Deseo ser un sembrador de paz, entre los hombres y mujeres que con gran sacrificio, con heroísmo, sirven los ideales de la Patria colombiana. Quiero ser alguien que acompañe en su vida de fe a los cristianos soldados  de tierra, mar y aire y polìcias que dan testimonio de Cristo en el mundo.  

!Alabado sea Jesucristo!  

Monseñor Ochoa
Monseñor Ochoa

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