" La vida se transforma en el seno de la Vida en Cristo" Morir dignamente con fe en la Vida

(Sábado santo) Morir dignamente con fe en la Vida
(Sábado santo) Morir dignamente con fe en la Vida

"Fe en la Vida de la vida es creer que, a quien cree en Cristo, la muerte no le arrebata la vida, sino su vida se transforma y vivirá para siempre dentro del misterio de Cristo, El Que Vive!"

"Al recordar casos como este medito siempre las palabras del Prefacio de la misa de difuntos, en el que se canta: Vita mutatur, non tollitur! La vida se transforma en el seno de la Vida en Cristo"

Para tomar decisiones de rechazo a la prolongación de la vida corporal con tratamientos desproporcionados; o decisiones de limitarse al uso de recursos de alivio del dolor; o decisiones de consentir a la sedación terminal irreversible; o incluso, en casos límites, de acelerar con la debida asistencia el proceso de morir dignamente;...para tomar responsablemente tales decisiones, se requiere mucha fe en la vida y deseo de cuidar bien la vida al morir.

Cuando esa fe en la vida es fe en la Vida (con mayúscula), ayuda mucho a tomar estas decisiones difíciles.

Fe en la Vida de la vida es creer que, a quien cree en Cristo, la muerte no le arrebata la vida, sino su vida se transforma y vivirá para siempre dentro del misterio de Cristo, El Que Vive!

El que Vive

Acudí a la cabecera de un amigo enfermo en situación terminal, que esperaba la bendición sacramental para sus últimos momentos. Era un médico, especialista en cancerología. Consciente de su situación crítica, había rehusado someterse a ulteriores tratamientos y había optado por aguardar en casa el desenlace con cuidado solamente paliativo. Cuando llegué junto a él, estaba justamente despidiéndose de familia y allegados más íntimos, después de haber expresado su consentimiento lúcido y libre para la administración de la sedación terminal irreversible.

Otro médico compañero suyo lamentaba que su colega “tirase la toalla”, no quería que “dimitiese de la vida”. No había comprendido que, para nuestro común amigo, aquella decisión no era una dimisión, sino una solicitud de entrada en la vida definitiva.

Al recordar casos como este medito siempre las palabras del Prefacio de la misa de difuntos, en el que se canta: Vita mutatur, non tollitur! La vida se transforma en el seno de la Vida en Cristo.

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