"Monseñor, tenga santamente en cuenta los poemas del oriolano. Son Evangelio" Munilla, el poeta Miguel Hernández (y la mula blanca)

Orihuela
Orihuela

Sin la mula blanca y sin seguir el camino, ceremonias y los ritos rigurosamente establecidos, con o sin Concordato, el obispo, por muy “munilla” que sea, jamás se sentaría sobre la sede oriolana

Al nuevo obispo de Orihuela, si la mula blanca lo permite, le sugiero que lea y relea los poemas de Miguel Hernández como anticipo, preparación y continuidad de su acción pastoral al frente de la diócesis oriolana

Los poemas de Miguel son salmo. No se leen. Se salmodian. Son Evangelio. Tratados de pastoral y fiel expresión de conocimientos -padecimientos- divinos y humanos

Todo un Breviario para ser santamente rezado por Munilla y por quienes formaron la terna episcopal para las tierras de Miguel Hernández, “perito en lunas” desde su adolescencia

Por amor de Dios, tenga santamente en cuenta títulos como 'Vientos del pueblo me llevan', así como “la cebolla es escarcha / cerrada y pobre/, escarcha de tus días/ y de tus noches/. Hambre y cebolla / hielo negro y escarcha/ ,grande y redonda”

No sé si, por fin, la Comisión diocesana “nombrada al efecto”, para preparar la solemne ceremonia de la “toma de posesión”, “entrada triunfal “ o “entronización” (¡¡) en la sede episcopal de Orihuela- Alicante, logró encontrar ya un ejemplar de mula blanca sobre cuyos lomos habrá de montar Su Excelencia Reverendísima para cabalgar hacia la catedral. Los medios de comunicación social levantinos han lanzado repetidamente la noticia de búsqueda tan insólita de la mula blanca –“del color de la nieve y de la leche”- , con tanto afán y liturgia del referido “animal híbrido”. Y es que las tradiciones, y más las sagradas y a la vez populares, conservadas durante siglos, reclaman toda clase de sacrificios para su perpetuidad.

Sin la mula blanca y sin seguir el camino, ceremonias y los ritos rigurosamente establecidos, con o sin Concordato, el obispo, por muy “munilla” que sea, jamás se sentaría sobre la sede oriolana, con báculo, mitra y anillo.

Munilla
Munilla

Por diversidad de razones, también extra-episcopales, el tema llama la atención, por lo que me apresto a comentarlo desde algunos de los miradores huertanos que configuran las tierras benditas alicantinas, teniendo rigurosamente presentes estas palabras de su nuevo obispo: ”La Iglesia pone en mis manos una responsabilidad que llegaré a superar”, “aunque no he estado jamás en vuestra tierra, pero gustosamente sometido al proceso de integración e inculturación necesaria. Estoy seguro que iré aprendiendo”. Las intenciones, por tanto, no pueden ser más episcopalmente pastorales, con inclusión de la confesión pública de su falta absoluta de conocimiento de la tierra y sus habitantes -clérigos, laicos y laicas-, distintos de por sí a las del País Vasco en las que ha pastoreado y de una de cuyas diócesis fue removido.

(A nuestros lectores no les sorprende, como “feligreses” -“hijos de la Iglesia”- que son, que todavía la dedocracia esté tan arraigada en institución tan sagrada, en el nombramiento de sus obispos y el laicado, no tenga “arte ni parte” en la elección de sus pastores, que hasta teológicamente, y con largueza, habrán de ser considerados nada menos que “Sucesores de los Apóstoles”)

Y en la estampa narrativa de la mula blanca y del obispo, ¿a qué responde la presencia del poeta Miguel Hernández, uno de los oriolanos más universales, que enaltece y prestigia la ciudad, la diócesis, la literatura y la historia de España y de los países hispano-parlantes?.

En mi historial de profesional del periodismo “religioso”, destaco el día en que visité al obispo don Luís Almarcha Hernández “oriolano, nacido en 1887, que fuera obispo de León, procurador en Cortes durante la dictadura, además de Asesor Nacional Religioso de los Sindicatos”, verticales como es de suponer y “estaba mandado”. Retirado ya él a orillas de su rio Segura, dejando de lado el Bernesga y el Torío de las legiones romanas de su León diocesano, con sus múltiples recuerdos político- eclesiásticos, a flor de piel, me comentó que él, siendo canónigo de la catedral de Orihuela , fue quién descubrió y dio a conocer como poeta a su paisano Miguel Hernández, publicándole en el semanario diocesano llamado “El Pueblo”, sus primeros poemas.

Me contó también que fue él, canónigo de la Santa Iglesia Catedral, quien le facilitó la primea máquina de escribir, de la que hizo uso el poeta para redactar y presentar su libro “Perito en Lunas”, (48 poemas de adolescencia), que en sus inicios – a. 1933- se titulaba “Poliedros”. (Don Luis no me comentó si hubiera podido y debido hacer bastante más de lo que hizo a favor del poeta y de otros).

Al nuevo obispo de Orihuela, si la mula blanca lo permite (en su caso tan misterioso yo lo consultaría con hados y horóscopos) le sugiero que lea y relea los poemas de Miguel Hernández como anticipo, preparación y continuidad de su acción pastoral al frente de la diócesis oriolana, con la activa participación de curas, laicos y laicas. Con sus poemas, y desde lo más alto del cielo, el poeta le facilitará la andadura en cualquiera de las direcciones que proyecte su acción pastoral, con prevalente mención para las sinodales y siempre – siempre, “en salida”.

Los poemas de Miguel son salmo. No se leen. Se salmodian. Son Evangelio. Tratados de pastoral y fiel expresión de conocimientos -padecimientos- divinos y humanos. Miguel fue cabrero, cabrerizo o pastor. Le enseñaron a leer, a vivir y a convivirlas cabras, definidos como “animales rumiantes, de pelo áspero, muy ágiles en terrenos escarpados , y a veces, con cuernos nudosos y vueltos hacia atrás”.

Mons. Munilla, por amor de Dios, tenga santamente en cuenta títulos como “Vientos del pueblo me llevan”, con cálida, fervorosa y convivencial recordación y “misa”, para todos y cada uno de los grupos poblacionales que configuran la esencia de levantinos, andaluces, vascos, catalanes , extremeños “de centeno” y demás pueblos dela Península Ibérica, con la ínclita y venturosa convicción de que “nunca abrevaron los bueyes/ en los páramos de España”, así como “la cebolla es escarcha / cerrada y pobre/, escarcha de tus días/ y de tus noches/. Hambre y cebolla / hielo negro y escarcha/ ,grande y redonda”.

Todo un Breviario para ser santamente rezado por Munilla y por quienes formaron la terna episcopal para las tierras de Miguel Hernández, “perito en lunas” desde su adolescencia. Unos Ejercicios Espirituales de los clásicos de toda la vida, pero siguiendo el esquema de los poemas de Miguel Hernández, con leves aportaciones y retoques del papa Francisco, renovarían la ascética “católica, apostólica y romana actual, falta de juventud y de vida, y sobrada de senectudes anti- conciliares.

Primero, Religión Digital
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