"El Papa en Grecia dará voz a los que no la tienen, y por eso todos le queremos" Párroco de Rodas: "No me sorprende en absoluto que el Pontífice vuelva a Grecia"

Fray John Luke Gregory
Fray John Luke Gregory

En las páginas de L'Osservatore Romano, el padre franciscano John Luke Gregory, desde hace muchos años párroco de Rodas y Cos, (Grecia) donde se dedica principalmente a la hospitalidad, cuenta cómo se vive la espera de Francisco desde su especial punto de vista

"No me sorprende en absoluto", nos dice, "que el Pontífice vuelva a Grecia. Es un hombre no sólo de palabras, sino de acciones concretas. En 2013 dijo que quería una Iglesia pobre para los pobres

(Vatican News).- Para recibir al Papa Francisco en las islas griegas, junto a los patriarcas y obispos, estará también un sencillo fraile franciscano que podrá contar al Pontífice muchas cosas sobre el drama de los desembarcos de migrantes y refugiados. Se trata del padre franciscano John Luke Gregory, que desde hace años es párroco de Rodas y Cos, donde se dedica principalmente a acoger y ayudar a cientos de hombres, mujeres y niños procedentes de Oriente Medio (especialmente sirios) y del norte de África.
"L'Osservatore Romano" ha seguido e informado varias veces sobre las iniciativas de este extraordinario fraile, enamorado de su vocación y entusiasta del Papa. Preguntamos al padre Juan Lucas qué significa este nuevo viaje de Francisco para él, para los cristianos de Grecia y para "sus" migrantes.

"No me sorprende en absoluto", nos dice, "que el Pontífice vuelva a Grecia. Es un hombre no sólo de palabras, sino de acciones concretas. En 2013 dijo que quería una Iglesia pobre para los pobres. Este deseo se ha confirmado a lo largo de su servicio pastoral a la Iglesia universal, que se manifiesta claramente en su apertura a los descartados, a los marginados sociales, a los migrantes y a los refugiados, de los que afirma con toda claridad que a menudo viven en condiciones terribles y situaciones deplorables".

"Y, en Laudato si' leemos que la indiferencia ante las repetidas tragedias que les ocurren a estos desgraciados se debe a la pérdida de nuestra responsabilidad individual y colectiva por estas hermanas y hermanos nuestros asediados".

Los refugiados, continúa explicando el franciscano, "siguen llegando a las costas de todas las islas del Egeo en esos patéticos botes de goma, nada dignos del mar. La semana pasada se encontraron unos 300 flotando y se llevaron al centro de la isla de Cos". A pesar de los frecuentes "rechazos", los refugiados decididos a huir siguen llegando, incluso superando los peligros del mar Egeo, que son especialmente intensos en los meses de invierno.

"No sabemos cuántos se ahogaron en este 'cementerio de agua': Este fin de semana fui a Cos, el mar estaba terrible, tanto que estrellamos el barco contra las olas... Sin embargo, íbamos en un transbordador con capacidad para 200 personas: ¡imagínense lo que debe ser la travesía para estos refugiados que van hacinados en más de 30 personas en botes de goma con capacidad para 17 como máximo!"

Asimismo, el franciscano nos cuenta que, desde el cierre del centro de refugiados no oficial de Rodasal finalizar la fiesta del Ramadán, los refugiados han sido trasladados a Atenas. Sin embargo, los que tenían medios han vuelto, a este lugar donde se sentían más seguros, atendidos, apoyados y, sobre todo, queridos: "Seguimos alimentándolos y vistiéndolos y proporcionándoles las necesidades básicas de la vida. Algunos los hemos colocado en pisos o en habitaciones de hotel baratas. Otros pueden ahora trabajar.

Vienen a menudo al monasterio y cuando pueden nos ofrecen su ayuda y luego comen y se relacionan con nosotros. Después de todo, es normal querer sentirse acogido y respetado, querer que alguien se interese por ti. Todos son musulmanes, todos son nuestros hermanos. Hemos podido ayudar a algunos a reunirse con sus familias en otros países, lo que ha supuesto una gran alegría para ellos y para nosotros".

Preguntamos si los refugiados, también musulmanes, saben que el Papa Francisco está a su lado y les apoya: "Puedo decirle que sí", responde inmediatamente el padre Luke, "lo saben y le llaman 'Baba Francisco'. Entienden que siente su dolor, habla en su nombre y dirige la atención del mundo entero a su difícil situación".

En el vestíbulo del monasterio franciscano de Rodas, una imagen de San Francisco y otra del Papa cuelgan una al lado de la otra. Los refugiados, dice el religioso, hacen la conexión y dicen en árabe: "¡Francisco y Francisco!". 

Son pequeñas señales, añade, "que nos hacen comprender que cuando la gente está necesitada, está claro que el credo, el color, la etnia o el género no tienen importancia". El Papa Francisco ha dado "voz a los que no tienen voz" y por eso nosotros y ellos le queremos. Estamos muy contentos de que vuelva a estar entre nosotros. Ahora podemos volver a decir: "¡Bienvenido Baba Francisco!".

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