"Un arzobispo al que se investigaba por pederastia fue elevado al cardenalato durante la instrucción" Pederastia e Iglesia. Siglos y siglos de “omertà”

(Celso Alcaina).- ¡Tápalo! Pongamos otra capa encima. No sea que alguien lo descubra por el hedor. Nadie hable de lo que aquí se esconde. Cerremos bien las ventanas y todas las rendijas. Blanqueemos el sepulcro. Olvidémonos de la podredumbre que encierra. A quien la haya visto u olido pongámosle un sello eficaz, una mordaza. "Sub secreto". Mejor todavía, secreto de confesión. Es eficaz. No importa que el inocente sea ejecutado en vez del culpable. No importa el sufrimiento del desconocido inocente. Ni que el culpable quede indemne. Sobre todo, si ha confesado. Dios perdona. Efectos colaterales. Por el bien de la causa.

Desde hace no mucho tiempo, los medios de comunicación se ceban con los escándalos de pederastia del clero. No es para menos. Una lacra repugnante. Una herida pustulenta, todavía en espera de tratamiento mínimamente eficaz. Con frecuencia, los periodistas dicen, se refieren, dejan caer, que esa lacra ha surgido en las tres últimas décadas. Que es algo de nuestra generación. Que salpica a los jerarcas actuales y a los clérigos vivientes.

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