"A la Iglesia le hace falta una buena carrera de 'Pegasus'" Plasencia, Guadalupe y algo más

Transitus
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"En vísperas de la solemne inauguración en la ciudad extremeña episcopal de Plasencia, de la 26 edición de las 'Edades del Hombre', Francisco acaba de amonestar a los miembros de los Instituto de Vida Consagrada sobre la 'gestión' del patrimonio"

"Plasencia, y en general la Comunidad Autónoma de Extremadura vivirá este año en plenitud, gozo y riqueza, en su pluralidad de versiones. será “santo y seña” de la ciudad “grata a Dios y a los hombres"

"La ciudad, con legítimas aspiraciones a ser declarada 'Ciudad Patrimonio de la Humanidad', estacó ya desde los comienzo on el apelativo de TRÁNSITUS, que explica y catequiza el lema elegido para la ocasión"

"Algunos cristianos avecindados en Extremadura quisieran que se les explicara el porqué no fuera elegido para tal acontecimiento cultural y cultural el Real Monasterio y basílica de Guadalupe, mundialmente conocido además como 'Patrimonio de la Humanidad'"

"¿Acaso no fue así por pertenecer canónicamente Guadalupe a la diócesis de Toledo, y no a cualquiera de las extremeñas, siendo la Patrona, de su Comunidad, caso único que se registra en el orbe católico?"

En vísperas de la solemne inauguración en la ciudad extremeña episcopal de Plasencia, de la 26 edición de las “Edades del Hombre”, a muchos podrá parecerles que el papa Francisco improvisara un prólogo al catálogo de las 160 obras de que consta. En su reciente discurso pontificio al congreso “Carisma y Creatividad”, Francisco acaba de amonestar a los miembros de los Instituto de Vida Consagrada con estas palabras:

Ustedes son custodios de buena parte del patrimonio cultural de la Iglesia y de la humanidad. Es preciso promover la catalogación de los bienes y gestionarlos como corresponde, para que su labor evangelizadora y de profundización en la fe, resulte más provechosa y de utilidad para la Iglesia. Aún más, hay que prestarle atención a la reutilización de los bienes culturales -y cultuales- abandonados,con el fin de que les `presten el debido servicio al pueblo…”

Plasencia, y en general la Comunidad Autónoma de Extremadura vivirá este año en plenitud, gozo y riqueza, en su pluralidad de versiones, días gloriosos de arte, cultura, admiración, religiosidad, devoción, universalidad, apertura, enseñanza, doctrina, sensibilidad humana y divina, de todo lo que es síntesis y libro abierto y significa cualquiera de las ediciones de las “Edades del Hombre” en su ya larga y fructuosa historia, merecedora de toda clase de elogios, plácemes, reconocimientos y alabanzas.

En la historia de España, y de la región extremeña, Plasencia será “santo y seña” de la ciudad “grata a Dios y a los hombres -“ut placeat Deo et homínibus”- , con cuya intención y propósito la refundara -y bautizara en 1186 Alfonso VIII, rey de Castilla, apodado “El de las Navas”. Es de advertir y destacar en su fundación, el sagrado empeño ecológico – a orillas del Jerte- que puso en el empeño su esposa, doña Leonor de Plantagenet, hermana a su vez del rey Ricardo Corazón de León. Refieren las crónicas que la alegría regia por tal fundación pudo ser similar a la “que hubiera producido la fundación de Jerusalén

Plasencia, con legítimas aspiraciones a ser declarada “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”, además de ser lugar que saciara a doña Leonor por su privilegiada ubicación ecológica, destacó ya desde los comienzos de su recristianización y bautismo con las aguas del Jerte, con el apelativo de TRÁNSITUS, que explica y catequiza el lema elegido para presidir la edición extremeña de “Las Edades del Hombre”-

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Una ciudad, una Iglesia -dos catedrales- y una diócesis “en salida”. Tanto para el exterior como para el interior. Un lema que compromete – y comprometió- a los placentinos y al resto de los extremeños , con actitudes de tránsito, paso o peregrinaje por la romana “Vía de la Plata” hasta Sevilla y, desde su puerto , iniciar senderos de evangelización por las tierras recién descubiertas de América. En tal peregrinaje jamás faltó el aliento del santo extremeño Pedro de Alcántara, así como el de Francisco de Zurbarán y el del “Divino” Luís de Morales.

La edición placentina de “Las Edades del Hombre” consta de siete capítulos y de un epílogo, coincidentes además con el bíblico y misterioso número de las siete puertas de la muralla, las siete iglesias y las siete fuentes de la capital de la diócesis, en cuya sede se sentaron “obispos gurreros” de renombre y fastos notables en la historia de la Reconquista. Alguno de ellos llegó a Cardenal y ejerció de tal manera de pontífice -facedor de puentes- ,que hasta uno de los más importantes sobre el rio Tajo sigue siendo es portador de su nombre. .

Y, entre tantas preguntas como se formulan los cristianos avecindados en Extremadura, o aspirantes a serlo, y con aspiraciones sinodales, gracias sean dadas a Dios por a la iniciativa del papa Francisco, algunos quisieran que se les explicara el porqué no fuera elegido para tal acontecimiento cultural y cultural el Real Monasterio - y basílica de Guadalupe, mundialmente conocido además como “Patrimonio de la Humanidad”.

¿Acaso no fue así por pertenecer canónicamente Guadalupe a la diócesis de Toledo, y no a cualquiera de las extremeñas, siendo la Patrona, de su Comunidad, caso único que se registra en el orbe católico? ¿Cuando se corregirá tamaña anomalía tan eclesiástica, como civil, por ser precisamente esta advocación guadalupana de la Virgen “santo y seña” de extremeñidad”? ¿Cómo es posible que esto siga aconteciendo, después de tantas manifestaciones populares y de algunos gestos y tímidas gestiones por parte de los obispos de su provincia eclesiástica? ¿A quién sensatamente, y sin causarle grave ofensa, como ciudadano y como cristiano, puede convencerle la hipócrita “sinrazón” de que “el tema está en Roma y allí se decidirá”, cuando todos estamos hartos de saber que “de Roma viene lo que a Roma va, y si es con denarios, más presto será”,? (El denario -en euros o en dólares- era una moneda de oro, de la antigua Roma, equivalente a cien sestercios).

De todas maneras, y para hablar con claridad y humildad cristiana, dígannos de una vez, cuanto hay que pagar -sí, pagar-, y a quien, y evítennos tener que hacer la correspondiente gestión sirviéndonos del mítico, pero efectivo, ”Pegasus “. Hoy todo se sabe, o puede saberse. También en la Iglesia. Con sigilo sacramental o sin él. A la Iglesia le hace falta una buena carrera de “Pegasus”, al que sin necesidad de tener que poner las patas en el suelo, le sobran alas para averiguar cuanto acontece y más, por las curias y las nunciaturas.

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