¿Cuál es el papel de una Universidad comprometida con la fe cristiana? Santo Tomás de Aquino, el que renovó el modo de expresar la fe

Santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino

"A Tomás de Aquino le preocupa saber hasta dónde puede llegar la razón humana, y cómo puede dialogar con quien solamente se deje llevar por los dictados de su experiencia y de la razón. Para eso separa fe y razón; y usa a Aristóteles que puede encaminarlo al máximo de lo que la razón puede da"

"Hay miedo a Aristóteles y miedo a Mahoma; hay miedo a lo nuevo y miedo a perder prestigios y privilegios conquistados"

(Universidad Loyola).- Tomás de Aquino une en su persona una sentida experiencia de Dios y un amplio conocimiento del saber de su tiempo. Tomás constata que la maduración de los tiempos pide una nueva reflexión y una reformulación de la fe. Para ello le aporta nuevos elementos la filosofía de Aristóteles, que ya había llegado a su maestro Alberto Magno a través de los árabes, y en especial de Averroes. Ahí encuentra Tomás herramientas para reformular su fe de modo más inteligible, en un lenguaje que pueda compartirse con quienes dominan ese saber sin hacer suya esa experiencia de fe.

 A Tomás de Aquino le preocupa saber hasta dónde puede llegar la razón humana, y cómo puede dialogar con quien solamente se deje llevar por los dictados de su experiencia y de la razón. Para eso separa fe y razón; y usa a Aristóteles que puede encaminarlo al máximo de lo que la razón puede dar. Tomás prestó un excepcional servicio al salvar la base humana de lo cristiano con conceptos de la filosofía pagana. Al hacer esto formuló mejor la fe y enriqueció notablemente la misma filosofía, el soporte humano de la reflexión cristiana. Sus obras completas son 25 volúmenes en folio.

tomas aquino
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 Pero asomarse a ese balcón es un peligro. Sus contemporáneos, maestros que tenían su prestigio y su hacienda en privilegios del gremio de seculares contra los religiosos y en enseñar lo que se consideraba seguro, acusan a Tomás de doctrinas menos ortodoxas. ¿Qué podían aprender los cristianos, iluminados por toda la sabiduría de Jesucristo, de un pagano como Aristóteles? Acercarse a Averroes es peligroso: es acercarse a un Dios musulmán, un dios victorioso que ha llevado a los musulmanes a arrasar la cristiandad en España, a conquistar el imperio romano de oriente y el imperio persa sasánida, que siglos atrás se había internado en Francia de donde muchos siglos antes habían sido rechazados por Carlos Martel en Poitiers. Hay miedo a Aristóteles y miedo a Mahoma; hay miedo a lo nuevo y miedo a perder prestigios y privilegios conquistados. Tomás se adentró con valor por esos nuevos caminos para buscar y encontrar nuevas formas de hablar, de reflexionar, de dialogar, de fundamentar. Eso le costó caro: lo apartaron de la enseñanza, como hicieron con su maestro Alberto Magno. Tomás tuvo la suerte de dar con un juez que no compartía esas ideas nuevas, pero las respetaba.

 Se dice que en su comunicación con Dios Tomás sintió que Dios le decía: «Tomás, has escrito bien de mí, ¿qué premio tendrás por ello?» Y él respondió: «Señor, mi único premio eres tú». Esa fe y ese amor que guiaron a santo Tomás en su mucho trabajar pueden dirigirnos hoy a nosotros en nuestra tarea.

Todo esto tiene su trasposición hoy. En 1988 el papa Juan Pablo II indicaba a los jesuitas que trabajan en el Observatorio Astronómico Vaticano que la expresión de la fe tiene que asumir los desarrollos humanos y científicos de nuestro tiempo. Les decía: «El hilemorfismo de la filosofía natural de Aristóteles, por ejemplo, fue adoptado por los teólogos medievales, para servirse de él en el examen de lanaturaleza de los sacramentos y la unión hipostática. Esto no significaba que la Iglesia juzgara la verdad o falsedad de la concepción aristotélica, ya que eso no es incumbencia suya. Significaba que ésta era una de las grandes concepciones ofrecidas por la cultura griega, que necesitaba ser comprendida, tomada en serio y contrastada en cuanto a su valor para iluminar diversas áreas de la teología. Los teólogos podrían preguntarse hoy si, con respecto a la ciencia, la filosofía y otras áreas del conocimiento humano contemporáneas, han llevado ellos a cabo este proceso extraordinariamente difícil, con la perfección con que lo hicieron estos maestros medievales». Esto es parte del trabajo en la Universidad, donde manejamos los lenguajes de cada una de las ramas del saber: la ciencia, el derecho, la economía, la psicología, la filosofía, el arte, la música. En esos lenguajes tiene que expresarse hoy la experiencia de Dios. Eso es parte de la tarea actual de una Universidad comprometida con la fe cristiana: ayudar a que pueda hacerse en nuestro tiempo lo que santo Tomás hizo en el suyo.

 Se dice que en su comunicación con Dios Tomás sintió que Dios le decía: «Tomás, has escrito bien de mí, ¿qué premio tendrás por ello?» Y él respondió: «Señor, mi único premio eres tú». Esa fe y ese amor que guiaron a santo Tomás en su mucho trabajar pueden dirigirnos hoy a nosotros en nuestra tarea.

Santo Tomás de Aquino
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