El cine a través de los ojos de la Teología 'The Quiet Girl' (La Niña Callada): el silencio de la bondad

The Quiet Girl
The Quiet Girl

Considero que la mejor película de 2023 es “The Quiet Girl”, que creo que también se llamó en España de “La Niña Callada”

Puede parecer una exageración, pero no lo es. Todo en esta película es una perla infinitamente perfecta

Hay silencios que brotan de un alma en paz, pero hay otros que surgen de un alma herida, debido a un pasado no resuelto

El afecto y el amor nunca se pierden, y juntos y en el Espíritu, mueven las estrellas y los corazones, que son, definitivamente, las “estrellas” de Dios

Al final del año y al principio de los 365 días siguientes (en este caso, 366), es costumbre hacer listas de lo mejor y de lo peor del periodo que termina y de las expectativas para el que comienza. Estos esfuerzos son solamente lo que son y a veces nos dicen muy poco. Tal vez caiga en la misma futilidad. No lo sé. Lo que sí sé es que quiero traeros unas palabras sobre la que, contra todo pronóstico, considero la mejor película de 2023: “The Quiet Girl”, que creo que también se llamó en España de “La Niña Callada”.

Puede parecer una exageración, pero no lo es. Todo en esta película es una perla infinitamente perfecta. La dirección es brillante, delicada, hermosa y toma prestado, de forma oblicua, el estilo de las películas de fantasmas para mostrar que éstos están en nuestro egoísmo; las tres figuras principales son excepcionales (cada uno en su sutil papel consonante), especialmente la estupenda debutante Clinch, que consigue decírnoslo todo en un silencio rebosante de sentimiento y por gestos íntimos intercalados, que invitan a la emoción natural sin caer en el emocionalismo comercial barato y muy superficial; por su parte, el ritmo conduce a la contemplación atenta y permite que vayamos conociendo a los personajes con familiaridad y naturalidad; la fotografía nostálgica es brillante y la música es el “remate final”. Repito: nunca imaginé ver una película tan perfecta y llena de gracia como ésta.

Tres temas son teológicamente fundamentales. La primera es que el trato que recibe una persona de sus padres durante su infancia puede tener un impacto tremendo en lo que ella será, especialmente en la adolescencia y la juventud. Por eso Jesús pide que los pequeños no sean escandalizados, también por no ser comprendidos ni apreciados por quienes (por difícil que sea educarlos) más deberían amarlos, cuidarlos y protegerlos con empatía y compasión. Por eso, tristemente, algunas personas prefieren la escuela al domicilio, porque en la escuela les reconocen una importancia y un valor que no reciben en casa.

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El segundo tema es el duelo. Hay silencios que brotan de un alma en paz, pero hay otros que surgen de un alma herida, debido a un pasado no resuelto, especialmente si un sentimiento de culpa siempre “viscoso” está en el corazón de esa no-resolución. Sí: todo puede comunicarse sin palabras – que nos lo digan los cónyuges –, pero también existe la afonía que proviene de de verse a sí mismo como una carga, una causa de sufrimiento y un monstruo, debido a las sucesivas pérdidas que han ocurrido en tu vida. Como alguien que así necesita andar (medio) escondido entre la “maleza” de la vida, para no resbalar y verse, y ser visto, como un triste vacuo. Pero el amor (re)encontrado, ya sea de refilón o a largo plazo, puede cambiarlo todo para siempre.

La tercera, y última temática, es la celebración de la sencilla y sin complicaciones bondad humana, situado en los silencios tranquilos y sosegados, en los más pequeños gestos de ternura y en las más pequeñas palabras de amor – y debo reconocer que, como padre en una una etapa difícil (también paternal) de mi vida, nunca había llorado viendo una película como cuando, casi al final de ésta, oí pronunciar la misma palabra en dos momentos, separados por segundos y con una riqueza tonal abismalmente diferente: “Papá”. El afecto y el amor nunca se pierden, y juntos y en el Espíritu, mueven las estrellas y los corazones, que son, definitivamente, las “estrellas” de Dios.

Nunca lo he dicho antes, pero lo diré esta vez: acaso puedan echen un vistazo, por favor, a esta obra maestra.

(Irlanda, 2022; dirigido por Colm Bairéad; con Catherine Clinch, Carrie Crowley y Andrew Bennett)

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