Carta abierta al Obispo de Vitoria
Nuestra diócesis de Vitoria, diez años después, ¿no sería más sinodal dialogar que imponer?
Semblanza del nuevo obispo auxiliar de Madrid
La primera imagen que tengo de Vicente, es siendo compañeros en el Seminario de San Atón de Badajoz. Lo recuerdo con su cerrada barba negra y el chaquetón de paño azul marino cruzado, cual capitán Haddock (Tintín). Siempre sencillo compañero, hombre de pueblo, serio para lo importante y siempre amigo de la alegría y el humor.
Volvimos a coincidir en Cáritas, siendo yo un trabajador de la institución y él Consiliario diocesano. No fue una novedad su nombramiento, la vocación por lo social y su pasión por Cáritas siempre han sido una constante en él. Fueron años fructíferos para nuestra Cáritas Diocesana, en los que se desplegó un intenso trabajo de presencia en las Cáritas parroquiales, que fructificó en el desarrollo de una caridad con sentido diocesano. Tiempos de mucha complicidad, de sintonía, de cercanía y de amistad. Los mismos elementos que estuvieron presentes cuando vinieron momentos difíciles que todos sufrimos y que a todos nos ayudaron a crecer. A él el primero y en propias carnes. Lo vivió con corazón humilde fraterno y eclesial, sabiendo ser acompañante.
Creo que la experiencia cristiana de su ministerialidad sacerdotal, está marcada por su paso por el mundo rural (Calera de Léon, Zahinos, La Roca de la Sierra, La Nava de Santiago Alburquerque…) y por el mundo de la exclusión y la pobreza que bien conoció en la Parroquia de la Asunción de Badajoz (Colorines-Gurugú).
Un hombre, que igual es Delegado episcopal de Cáritas Española, da una rueda de prensa para presentar un partido de fútbol benéfico entre guardias civiles y una asociación gitana, o es amigo cercano y afectuosamente solícito de una persona sin hogar que vive en un furgón.
Vicen, no te olvides de dónde vienes y a quien te debes, por ellos has transitado el camino que te ha traído hasta aquí.
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