Año jubilar franciscano: memoria, educación, esperanza y Gabriela Mistral
Espiritualidad franciscana
Este año jubilar coincide en Chile con la conmemoración de la pascua de la poetisa Gabriela Mistral quien, a través del tiempo nos entrega un mensaje que nos ayuda a comprender y enfrentar los desafíos que nos presenta el mundo actual
A principios de este mes, la comunidad franciscana anunció que el papa León XIV ha convocado a un año jubilar con ocasión de los 800 años del Tránsito de San Francisco de Asís, vale decir, del momento en que el Santo de Asís da el paso de la vida terrena a la vida eterna con Dios. Este hito espiritual corona un peregrinaje que inició en 2023 con la celebración de la aprobación de la Regla y la Navidad de Greccio, continuó en 2024 con el milagroso regalo de los Estigmas, y el 2025 con la composición del Cántico de las Criaturas.
Situándonos en el país del fin del mundo, Chile, el inicio de este año especial —que irá desde el 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027— coincide con la conmemoración de la pascua de la poetisa Gabriela Mistral, que el próximo año se cumplen 70 años. Es de todo conocimiento que la maestra nacida en el Valle de Elqui fue parte de la Tercera Orden Franciscana y vivió de manera profunda la espiritualidad del Hermano de Asís.
En el texto San Francisco: Santo Patrono, pronunciado por la escritora al recibir el Premio Anual de la Academia Norteamericana de la Historia Franciscana, en diciembre de 1950, Mistral dice: “Cuando el mundo repentinamente se endurece y se torna en una especie de fiera mitológica en vez de la consumada humanidad que Dios deseara, el genio franciscano, que es sobre todo un genio espiritual, se expande, se hace más sólido y se intensifica, como lo hacen las fuerzas cósmicas”. Así, situándonos en el aquí y ahora, Gabriela nos entrega un mensaje que nos ayuda a comprender y enfrentar los desafíos que nos presenta el mundo actual.
En esa misma línea, entre el 5 y el 8 de enero, educadores de colegios con sello educativo franciscano de distintas partes de Chile se reunieron en Casa Alvernia, en San Francisco de Mostazal, para celebrar el II Encuentro de Educación Franciscana, ocasión en que las comunidades reflexionaron sobre los desafíos pedagógicos que enfrentan los colegios hoy, abordando temas como tradición y transformación, una mirada pastoral de la educación, y el diseño y la práctica pedagógica con sentido franciscano.
La educación franciscana no es un mero estilo institucional: es una manera de mirar al ser humano. Se centra en la dignidad y la fraternidad, cuya gestión se lleva a cabo desde la minoridad. La escuela es vista como aquel espacio vital cuyos procesos educativos nacen del corazón y donde la creación entera se vuelve “aula”; donde los pequeños y vulnerables tienen un lugar preferencial. Aquí el aprendizaje no se reduce a contenidos: nace del ejemplo, de una pedagogía testimonial, de una vida que enseña incluso cuando no habla. Esto, Gabriela lo ejemplifica muy bien cuando dice que “la enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón”. Con esta frase, la poetisa nos presenta un programa educativo completo que exige presencia, que exige vínculo, que exige humanidad.
Es una oportunidad concreta para mirar el presente como una invitación: a servir, a enseñar y a acompañar con una mirada fraterna; con un espíritu de amor y ternura; y con la convicción de que, cuando el mundo se endurece, todavía es posible elegir la suavidad que salva.